La Ley del músculo

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“El atleta entrena el corazón e infravalora el músculo. Al final, es como si a un Ferrari le pones las ruedas de un Renault 5. El motor se hace más grande y las ruedas más pequeñas”. Luis del Aguila dixit.

La primera pregunta qué se me ocurre hacerle a Luis del Aguila (Madrid, 1970) es si él es ‘el hombre milagro’. Pero entonces me contesta que no y que “lo único que le puede acercar a uno a los milagros es el trabajo apasionado”. Y a partir de ahí siento libertad para organizar esta conversación entorno a esa palabra llamada pasión, capaz de imponerse en su vida, incluso en la vida de un hombre que dice trabajar “una media de 70 horas semanales”. Así que de lunes a viernes no hay forma de quedar con él y esta conversación se acomoda a una mañana de domingo, en el barrio de Canillejas, que fue su patria de la infancia, hijo de un empresario y de una mujer que rápidamente advirtió que él, Luis del Aguila, era diferente a todo. “Mi madre siempre me dice que yo empecé a caminar a los nueve meses y a los doce ya era capaz de llevar una bicicleta sin ruedines”.

Por lo tanto, no extraña que hoy, a los 47 años, sea un hombre que se diferencia con la palabra que traspasa a sus manos en la camilla, “donde no sólo se trata de tocar y ver. También se trata de pedir al atleta que haga un movimiento en una dirección determinada y analizar la fuerza que yo recibo en mi mano”. Y no se trata de que esa sea la herramienta, sino de que “es mi herramienta de trabajo, la que me ayuda a detectar disfunciones musculares. Yo he detectado a un atleta, que hace 2 horas y 14 minutos en maratón, que no tenía fuerza en el pie. Pero, a la vez, descubres que el cuerpo es un fantástico compensador“. Una idea que forma parte de Luis del Aguila desde el año 92 cuando estudiaba Bioquímica en la universidad de Navarra y conoció a un médico, Esteban Gorostiaga, que le dejó marcado para siempre. “Me hizo un test de lactatos para determinar mis umbrales y se lo comuniqué a mi entrenador, Antonio Postigo, que reestructuró mi programa. Pasé de hacer 3’59” en 1.500 a hacer 3’53”.

Hoy, los recuerdos son necesarios como un zumo de naranja por las mañanas. Quizá porque los recuerdos son capaces de viajar hasta Boston, donde Luis del Aguila se trasladó con una beca y regresó, a los dos años, con el doctorado de fisiología del ejercicio en la Universidad de Pensylvania, “que había sido pionera en las pruebas de esfuerzo en los años setenta”. Todo eso es inseparable de su biografía. “No hay deporte sin ciencia”, admite. “Hay que profundizar siempre en lo que ocurre dentro del organismo, porque el organismo tiene un límite que es importante conocer. Y ese límite es muscular, no tanto cardiovascular”. Y entonces Luis del Aguila vuelve a apropiarse de la pasión, de esa palabra vitalicia en su vida. “En el running de hoy, en el que se busca rendimiento, hay un problema: no se entrena la musculatura. Se entrena el corazón de forma que es como si a un Ferrari se le pone las ruedas de un Renault 5. El motor se hace más grande y las ruedas cada vez más pequeñas. Y es ahí donde entra la ciencia”, resume.


“Si el cuerpo tiene más de 200 músculos, ¿por qué va a utilizar sólo cuatro o cinco?”

Pero entonces ni siquiera él se declara un innovador, “porque la ciencia en el entrenamiento ya empezó en 1908. Pero la diferencia es que esto no se acabó el día que conocimos ritmos, umbrales… Aún se puede ir más allá, incluso en el atletismo de élite, pero nos encontramos con entrenadores cerrados a aprender cosas nuevas o a entender que trabajar la musculatura va más allá de ponerse debajo de una barra, hacer unas sentadillas o técnica de carrera“. Así que la historia continúa y suspira por escucharle, casi sin necesidad de preguntas que no sean las que proceden de él.  “El cuerpo necesita recursos musculares. Si el cuerpo tiene más de 200 músculos, ¿por qué va a utilizar sólo cuatro o cinco? ¿Qué sentido tiene eso? Pero entonces hay que identificar las necesidades musculares que uno tiene, y eso es un trabajo que lleva tiempo o que no se consigue en dos meses”.


“Cada día compruebo que si no se mejora el músculo no se mejora el rendimiento”

La paciencia también forma parte de  las paredes de su consulta.  “Llevo la preparación semanal de 140 atletas”, recuerda. “Trabajo doce horas de lunes a viernes y seis o siete sábados y domingos. Se que este ritmo de trabajo no lo podré aguantar más de dos años. Pero estoy aprendiendo tanto de cada atleta… No lo podía ni imaginar y en este maravilloso mundo siempre llego a la misma conclusión: el papel del músculo está infravalorado. Es más, yo mismo lo infravaloré en mi época por desconocimiento”. Por eso ya no tiene miedo al destino. “Cada día compruebo que si no se mejora el músculo no se mejora el rendimiento”.  De ahí se deriva parte de su legado en el que las dudas no le acortan la vida. “Al final, todo tiene solución”.  Y por eso en cualquier momento regresa ese hombre, que dedica una hora diaria a responder emails de sus atletas a los que identifica muscularmente sin obstáculo.

 “Porque un plan sólo tiene sentido si conoces los recursos musculares de tus atletas que es lo que te permite saber hasta donde puedes exigirles”. De ahí que  esa idea se repita como la letra de una canción en la que Luis del Aguila se postula como “un espíritu revolucionario”, como si fuese su juramento al atletismo. “No es posible que el 60% de los corredores se lesionen al menos una vez al año. Eso significa que seis de cada diez se lesionan. Y cuando leo esas estadísticas, que proceden de Estados Unidos, me invita a luchar aún con más fuerza frente a ellas, porque se puede hacer”. Y en ese escenario Luis del Aguila ha encontrado su lugar en el que nunca ha soñado con llevar a un medallista olímpico. “Idealizo el bronce de Abascal en los JJOO de Los Angeles 84, que es mi primera gran imagen del atletismo… Pero no me atrae llevar a un atleta de esta categoría. Quizá porque no aprendería tanto, porque lo que se aprende con un profesional no es adaptable. La excelencia no es transferible y mi meta es seguir aprendiendo, encontrar a gente que me ofrezca esa posibilidad”.

Quizá por eso es difícil encontrar un trabajo más democrático que éste que realmente arrancó, para él, “a los 13 años en el colegio Calasancio con el mítico entrenador de atletismo Antonio Postigo, que era mi profesor de educación física. Hice un 1.000 en 2’43” en el que batí el récord del colegio”. Desde entonces, en el atletismo le cuesta “diferenciar entre lo profesional y lo personal”. Pero nunca duda de que mañana saldrá el sol. “Mis inicios dentro de esta profesión fueron en 2009 cuando empiezo a escribir un blog: ‘La pasión de Luis del Aguila´. Hasta entonces llevaba una vida sin esta voracidad en los horarios.  “Yo gestionaba un gimnasio de 2.000 metros cuadrados en el que llevaba diez años y ya todo estaba organizado”.

Sin embargo, entonces sintió que siempre hay algo que le puede hacer a uno mejor. Puede ser un recuerdo, el de Kevin Claffey, aquel jefe que le instó a quedarse un año más en Boston, donde hizo el doctorado, o puede ser uno mismo. “Mi trabajo tiene muchos matices que no dejan de evolucionar”. Puede estar en la mirada, en el lenguaje o en las dos cosas a la vez. Al final, una conversación sólo es un tímido motivo para demostrarlo o para entrar en la consulta de Luis del Aguila que cada día se levanta a las siete de la mañana y ya casi nunca corre más de media hora, “porque es imposible volver al pasado. No me queda tiempo y mire que echo de menos aquellos años. Todavía memorizo mi último gran entrenamiento. Fue en el bosque de la Casa de Campo con el grupo de Arturo Martín en noviembre de aquel año 2012 que, para mí, fue mágico. Llegué a hacer 8’19″00 en 3.000 metros al aire libre y 30’09″90 en 10.000, subcampeón de Europa de veteranos…, y hoy lo miro con una nostalgia…” Pero entonces hasta él mismo se acuerda de que en la vida no se puede tener todo.

@AlfredoVaronaA 

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1 Comentario

  1. Ideal para todos los que entrenamos a personas de niveles diferentes
    No me canso de repetirlo a mis triatletas
    Si en la salida de una carrera de 10k a maratón preguntas cuantos se cuidan a nivel muscular,te quedas con un 30%de los corredores

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