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Messi ha mostrado su último tatuaje

Messi, entre Luis Enrique y Valverde

OPINIÓN

Joan Mª Batlle

Esta ya es una victoria de prestigio, de mucho prestigio. Ya no es ganar al Betis, al Alavés o al Espanyol, es golear a todo un subcampeón de la Champions y, el detalle más importante, a su verdugo de la temporada anterior. Han pasado cinco meses desde que el equipo azulgrana encajara un durísimo 3-0 en Turín y no fuera capaz de marcar ni un solo gol en el Camp Nou. Muchas cosas han cambiado desde entonces. El entrenador, Luis Enrique por Valverde, la marcha de Neymar, los nervios por una política de fichajes que no ha dejado a nadie satisfecho... Sí, lo más parecido a un cambio de ciclo que, a fuerza de ser sinceros, tampoco es exactamente así. Aquí, más allá de entrenadores, fichajes y fugas de segundos actores, el ciclo es Messi. Si a Messi no se le condiciona con inventos del TBO tácticos, el Barça tiene ganados el 90% de los partidos. Ese fue el error de Luis Enrique la pasada temporada, marear a los jugadores, también a Leo, en París ante el PSG y en Turín frente a la Juve. Valverde, en cambio, ha potenciado a Messi. Un tipo inteligente.

UN RECITAL. Todo pasó por los pies de Messi ante la Juve. A un minuto del descanso nada parecía indicar que el partido acabaría en goleada barcelonista. Costaba imponer el ritmo de juego y forzar la defensa italiana, incluso se había acercado más, y con más peligro, la Juve a la portería de Ter Stegen que el Barcelona a la de Buffon. Pero Messi decidió aparecer cuando más daño se hace al rival. Conducción, pared con Suárez y ¡barraca! El remate final, letal, latigazo a la base del poste... solo él puede hacer que parezca fácil. Y en la segunda parte, recital. Primero, otro disparo marca de la casa... al poste. Luego, internada por la derecha, toda la defensa rival va a cerrarle al paso, así que Rakitic puede recoger con comodidad el rechace que provoca su centro para fusilar a Buffon. Y para finalizar, la guinda. Slalom habitual y otro tiro que entra por donde entró el primero. Por mucho que lo veamos, no acertamos a ver dónde está el truco. Y es que no lo hay, la magia de Messi es real... lo que aún tiene más mérito.

 

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