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Quini: "Una vez más, gracias por todo"

Hace 31 años, el secuestro de Enrique Castro, 'Quini', por entonces el delantero centro del Barça, conmocionó al barcelonismo y a todo el fútbol español: la historia tuvo un final feliz porque 25 días después, el 'Brujo' fue liberado por la unidad de Antiatracos de Barcelona, 20 policías que trabajaron noche y día para acabar con aquella pesadilla y que anoche vivieron el reencuentro más emotivo de sus vidas. 'Quini', delegado del Sporting de Gijón que esta tarde juega en el Camp Nou, aprovechó su visita a Barcelona para reunirse con los policías que le liberaron del zulo de Zaragoza en el que tres secuestradores le habían recluido para solicitar un rescate de cien millones de pesetas.

Javier Giraldo

El lugar no podía ser otro que 'Can Fusté', el restaurante de la Gran Via de Carles III, justo encima del domicilio de 'Quini', que se convirtió durante aquellos días de marzo de 1981 en el centro de operaciones de la policía, la familia del jugador e incluso los periodistas que esperaban, día tras día, alguna noticia de su paradero.

Antes de reunirse con diez de los veinte policías que trabajaron en su liberación, 'Quini' atendió a SPORT. “Siempre que vengo a Barcelona, me acerco a 'Can Fusté', aunque sea un rato. Son muchos recuerdos. Allí vivió mi familia todo lo que pasó durante aquellos días. También fue allí donde me capturaron los secuestradores, después de aquel partido contra el Hércules”. Al 'Brujo' no le gusta demasiado recordar los pormenores del secuestro, pero se le ilumina la cara cuando piensa en sus liberadores. “Solo les puedo decir 'gracias otra vez'. Para ellos también fue complicado, porque el tema tuvo mucha repercusión mediática. ¡Yo, esa repercusión, no la viví, claro, estaba viviéndolo desde otro lado!”, explica el mítico ex jugador.

“Lo que más recuerdo de aquel episodio”, rememora Paco Álvarez, el jefe de aquel operativo policial, es el impacto de verle cuando le liberamos. Pensaba que le íbamos a matar”. 'Quini', efectivamente, se tapaba la cara con el colchón, pensando que los secuestradores iban a acabar con su vida. “También recuerdo ver aceras llenas de gente aplaudiendo a la policía después del secuestro”, recuerda Álvarez. “Es algo que nunca había visto ni he vuelto a ver”. A la unidad de Álvarez le correspondió el caso casi por casualidad. “Era cuestión de horas que le hubiera tocado a otra unidad. Creo que nos tocó porque yo era culé”, dice.

Los diez policías (Francisco Alvarez, Manuel Barriuso, Jorge de Haro, Juan Martínez, Sebastián Trapote, Miguel Ángel Vázquez, Ángel González, José Lacasta, Constancio Riaño y Baltasar Lobato) que hoy viven repartidos por toda España (Girona, Tarragona, Almería, Valencia, Murcia, Barcelona...) recibieron anoche a 'Quini' con la ilusión de quien abraza a un pariente cercano después de muchos años de distancia.

Entre los policías, el mejor amigo de 'El Brujo' es De Haro, de 57 años y que ahora dirige una empresa de localización de coches por satélite en Málaga. “A mí me tocó custodiar los cien millones de pesetas del rescate en el baño de la casa de Quini. Para nosotros era algo totalmente nuevo, nunca habíamos trabajado en un caso así”, explica. Los tres secuestradores, trabajadores de un taller mecánico de Zaragoza que en enero de 1983 fueron condenados a diez años de prisión, pidieron el dinero en una cuenta suiza, y allí fueron detenidos. El capítulo final de la historia lo escribió el propio 'Quini', perdonando a sus secuestradores y renunciando a la indemnización.

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