Quiero oírte otra vez, muchacho 

Quiero oírte otra vez, muchacho 

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De criar cerdos en una granja de Soria a un Europeo de cross esta semana. Dani Mateo, el sobrino de Encarna, se maneja entre dos mundos tan dispares. “La humildad no se negocia por nada”, dice. 

Fue en el ascensor de la residencia Blume cuando él, el ídolo, Jesús España se dirigió a Dani Mateo (Almazán, Soria, 1989) con una pregunta que, en principio, dejó fuera de juego al muchacho:

–   Oye, ¿tú tía se llama Encarna?

Encarna, efectivamente, es la tía de Dani Mateo, una mujer aficionada a correr sin más pretensión que la de conocerse a sí misma corriendo. Pero un día, ese día en el que coincidió en una carrera popular con Jesús España se le acercó a él y le contó que ella es la tía de Dani Mateo. Es más, hasta puede que entrase en detalles y le contase que Dani es ese atleta que entrena en Soria y que en el Europeo de Amsterdam fue séptimo en los 10.000 metros. Pero, sobre todo, lo que hoy pretende explicar Dani, a través de esa anécdota, es la personalidad del atletismo, representada en la memoria de un mito como Jesús España, donde “la humildad no se negocia”, porque, en realidad, la humildad recuerda que lo que hiciste ayer ya no vale para mañana.

Así que hoy esta conversación, que arranca en Soria a media mañana, donde luce un sol espléndido en diciembre, es inseparable de esa humildad que también reivindica el entrenador Enrique Pascual. Un mito viviente que acompañó en el viaje al oro olímpico a Fermín Cacho en Barcelona 92 y que hoy, al preguntarle por el peso de los años, recuerda que está “a cinco días, cinco, de jubilarse en la enseñanza en el instituto Antonio Machado y no pasa nada por dejarlo a mitad de curso, porque aquí no hay nadie indispensable”, añade.  “Contratarán a otra persona que hará el trabajo igual o mejor que yo”. Mientras tanto, él dejará de salir a la calle a las 7,30 de la mañana, “donde hoy me encontrado con -5º bajo cero en Soria” y se centrará en ese hobby suyo por el atletismo, “porque nunca fue otra cosa que eso: un hobby. Si hubiese tenido que vivir de esto no sé de qué hubiera vivido”, declara Pascual, a los 60 años, como una prueba insobornable de lo que significa el atletismo, en el que la memoria es la mejor medicina. 

Quizá por eso el realismo impone su ley en Soria sin timidez ninguna. “Hay que ser realista, porque la vida es muy larga”, acepta Dani Mateo, que el viernes viajará al Europeo de cross de Samorin y que se está dejando la vida por correr lo más rápido posible, “porque esto de dedicarse a correr es un lujo. Quién pudiera hacerlo toda la vida. No conozco una vida mejor. Al menos, para mí que lo deseo como nada en el mundo. Por eso no acepto ni una duda. Puedo no tener un duro, pero hago lo que me gusta. Pero también sé que esta vida es pasajera y uno tiene que pensar en el futuro”, matiza. “No quiero que me dé miedo el futuro”. De ahí que esta conversación, inseparable de su carácter emprendedor, no se quede solo con el atleta. También busca a la persona que convive con el atleta las 24 horas del día. 

Dani Mateo en el Cross de Atapuerca. Foto: @sportmedia
“Hace unos años nos hicimos con una granja de cerdos y luego creamos una empresa en la que gestionamos granjas en nuestro pueblo, en Almazán”

“Mi caso se sale de lo corriente. Pero es que mi padre se ha dedicado a la agricultura y a la ganadería… Es un mundo que siempre nos ha gustado a mí y a mi hermano, que es comercial y, aprovechando esa facilidad suya, hace unos años nos hicimos con una granja de cerdos y luego creamos una empresa en la que gestionamos granjas en nuestro pueblo, en Almazán. Y, aunque hoy físicamente no le puedo dedicar todo el tiempo que me gustaría, mentalmente sí empleo ratos”, explica alejado de toda duda. “He de hacerlo. Tengo que hacerlo. Sé que ahí puede estar mi vida. Todo el mundo tiene que buscarse la vida. Y, aunque sé que a mucha gente le daría cosa eso de cuidar cochinos, porque huele mal y hay mucha mierda, que quiere qué le diga, a mí no se me caen los anillos. Al contrario. Estoy muy orgulloso de esto que hemos montado mi hermano y yo. Me concede permiso para imaginar el futuro. No es fácil en un mundo como el nuestro, en el que tantos atletas nos hacemos esa pregunta: ¿qué vamos a hacer el día de mañana?”, añade Dani Mateo que, además, es licenciado en Magisterio. “Siempre he tratado de adelantarme al tiempo. Cuando te preguntan, ‘¿qué vas a hacer?’ es importante tener una respuesta”.    

 En realidad, ya no es como hace veinte años en Soria: la Edad de Oro del atletismo ya pasó en esta tierra. Aquellos tiempos de Fermín Cacho, Abel Antón, Tomás de Teresa… que convirtieron a Enrique Pascual en una autoridad y que el entrenador tampoco es que eche de menos, “porque todo esto son épocas. La nostalgia no tiene importancia, pero el presente sí la tiene, y ahora estamos hablando de Dani Mateo que va a ir a un Europeo de cross, ¿acaso eso es fácil?”, se pregunta y entonces se responde a sí mismo. “El año pasado, cuando a Dani le hicieron bajarse casi del avión a última hora porque la Federación aceptó al final la participación de Mechaal, nos pareció muy difícil”. Por eso hoy el éxito es valorar lo que uno ha logrado con la naturalidad que lo explica el atleta. “He llegado a hacer 170 kilómetros por semana y creo que estoy como nunca. Desde septiembre he pasado más de 60 veces por el mismo sitio en el bosque de Valansadero sin ningún dolor. Me parece increíble. Por eso me siento relajado. No tengo miedo, porque creo que he sabido marcar los tiempos. Si alguien analiza mi trayecto lo puedo ver: todo va poco a poco, porque esto es así en la vida y en los negocios”. 

 Entonces se acuerda de los keniatas que todos los años vienen a entrenar a Soria una semana. “Nunca quieren irse de aquí. Siempre piden un poco más. Te dicen que esto es perfecto, tan bonito, tan relajado, tan silencioso, y al escucharles me recuerdo a mí mismo, ‘Dani, tú eres un privilegiado de estar aquí’, y ya no digo nada cuando les llevo a ver mis granjas. Entonces se quedan encantados porque justo eso representa el sueño africano agrícola ganadero y, sin embargo, yo lo tengo aquí… Y es mío. Y de mi hermano. Y de nuestro trabajo. Y entonces vuelvo a darme cuenta que empezamos de la nada, arriesgando, recordando que la vida es un juego de riesgo”. Quizá por eso su retrato de atleta es tan leal como explica Enrique Pascual, el entrenador de 60 años. “Nunca he visto un ataque de ansiedad ni un problema psicológico en Dani. Nunca le vi dramatizar una derrota, y eso no es tan fácil en un mundo con tantos altibajos como el nuestro”. Pero quizá entonces sea el momento de entender que en el Europeo de cross de Samorin puede pasar de todo como le contaba la tía Encarna a Jesús España cuando le hablaba de aquel muchacho, su sobrino. “Tienes que conocerlo”, le diría. 

@AlfredoVaronaA 

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