Orlando Ortega: “Quiero conocer a Manolo Lama”

Orlando Ortega: “Quiero conocer a Manolo Lama”

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Una anécdota que sucedió hace 4 años, tras su medalla de los JJOO de Río, tiene la culpa. Una anécdota que demuestra que de las emociones uno no se olvida nunca y que Orlando Ortega relata como si hubiese ocurrido hoy.

De ese rato, que pasé con Orlando Ortega, me quedo con este titular:

-Quiero conocer a Manolo Lama.

-¿Y eso?

Orlando recordó entonces los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016 en los que, horas después de terminar la final, Manolo Lama le entrevistaba para la COPE todavía con las emociones boca arriba.

Orlando, que había sido plata en los 110 metros vallas, lamentó que no se hubiese podido escuchar el himno español en lo más alto del podio.

-¿Cómo que no se puede…? -le retó Manolo Lama que hizo sonar en antena el himno de España sin avisar.

Y entonces Orlando se puso a llorar.

-No llores, máquina -le pidió Lama, que le agradeció su manera de ser, que le prometió que era de lo más grande que había conocido en tantos años de periodismo.

-Quiero que sepas que España entera se ha emocionado contigo, que tienes un genio y que tienes un desparpajo que nos tienes cautivados.

Cuatro años después, en una noche anónima de Madrid, tengo a mi lado a Orlando Ortega.

Hablamos de lo humano y lo divino.

-Quiero conocer a Manolo Lama, porque ese detalle que tuvo de poner el himno me dejó marcado para siempre -añade incapaz de olvidar, de no volver a emocionarse, de no recordar que las emociones van más allá de un nudo en la garganta.

Cuatro años después, en esta anónima noche de Madrid, comparto esta cena con Orlando Ortega antes de volver mañana a Lanarca (Chipre), donde entrena desde hace años.

Pero esta noche Orlando Ortega quería conocer a Joaquín Carmona y entendió que yo podía echarle una mano.

El lunes 15 de junio, cuando este medio descubrió que Carmona era un indigente, Orlando llegó a Madrid para someterse a pruebas médicas.

Se hospedó en un hotel próximo a El Retiro y, como había leído que Carmona estaba en un parque, lo primero que ideó fue entrar en El Retiro a buscarle para entregarle unas zapatillas con las que empezar a luchar frente a lo que a él le parecía una injusticia.

Luego, recapacitó.

Y optó por llamar a Juan Carlos Higuero, que es amigo suyo:

Higuero me llamó a mí y, después de varios días, encontramos una noche en la que reunir al mejor atleta español de la actualidad con el protagonista de esa historia tan sensible: Joaquín Carmona.

Ortega no quiso ni una sola fotografía.

-Por favor.

Ni una sola fotografía que demostrase que esa noche Orlando Ortega estaba al lado de Joaquín Carmona para ofrecerle lo que quisiese:

-Yo te ofrezco algo más importante que mi dinero -le dijo-, te ofrezco mi amistad y te pido que, si tienes un problema, no lo dudes, llámame y llámame a cualquier hora: yo siempre te voy a coger el teléfono.

-Yo no he querido quedar contigo porque seas una biblioteca de atletismo o para saciar mi curiosidad -añadio-. He querido quedar contigo porque tu historia me ha impresionado y quiero que sepas que, de ahora en adelante, me tienes aquí.

En esa cita yo no tomé ni una sola nota, pero me gratificó lo que vi. El  medallista olímpico, que vino con los días contados a Madrid y que quería conocer a ese hombre que vivía en la calle antes.

-En mi vida siempre hay un tiempo reservado para pensar en los que lo están pasando mal -insistió-, porque yo también lo he pasado mal. Sé lo que es tener dudas. Sé lo que es ir contra corriente. Sé lo que es buscar nuevas oportunidades.

Ortega también llegó a España sin un itinerario claro. Vivió en demasiados sitios. No se arrepintió de ninguno. Hoy tiene su casa pagada en Valencia, donde planea que allí está su futuro, su vida cuando deje de ser atleta de élite.

Nadie debe dar lecciones a nadie, pero todo el mundo puede contar su historia, demostrar que en el mundo también existen las segundas oportunidades.

Si hay que elegir, me quedaría siempre con la pasión que Orlando Ortega le puso a cada palabra.

Con la honestidad con la que les dice las cosas a los jóvenes que se quejan de que no ven salida en este atletismo de hoy.

-Por donde tú estás yo ya he pasado y te puedo asegurar que sí hay salida -les dice.

Orlando es un hoy un tipo de 28 años cuyos ojos te resuelven dudas. Se trata de un medallista olímpico. Nadie le prometió que iba a pasar esto cuando vino a España.

Pero ese día llegó en los JJOO de Río de Janeiro.

Un día al que sólo le faltaba una cosa para ser perfecto: que sonase el himno español.

Y hubo un hombre que encontró solución a ese problema mientras le recalcaba en voz alta:

-Quiero que sepas que España se ha emocionado contigo.

Y ése hombre fue Manolo Lama.

Cuatro años después, Orlando Ortega lo relata como si hubiese ocurrido esta noche.

Cuatro años después, en realidad, nos damos cuenta de lo que significa estar eternamente agradecido en tan solo cuatro palabras:

-Quiero conocer a Manolo Lama.


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