La transición de atleta a ciudadano

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Arturo Casado explica su nueva vida sin olvidar al atleta ni aquella vieja cita que le dijo Sebastian Coe en los JJOO de Pekín que le demostró que la inteligencia radica en la capacidad de adaptarse al entorno. “Que seas el más valiente no significa que seas el más listo”, le dijo. 

Fue un día que Arturo Casado (Madrid, 1983) aún pone de ejemplo. Acababa de quedar fuera en las semifinales de los Juegos de Pekín 2008 y Sebastián Coe le dio algo más que el pésame. “Puede que seas el más valiente pero eso no significa que seas el más listo”, le dijo tras una carrera en la que Casado hizo lo de siempre. Se apropió de la cuerda y no dejó pasar a nadie. Hizo un esfuerzo descomunal. La última recta no se lo perdonó. Pero él sentía la misma autoridad o la misma presunción de inocencia que a los 22 años cuando impuso esa ley en el Mundial de Helsinki 2005. “La táctica no vale para todas las carreras. El hecho de que valga para una vez no quiere decir que valga para siempre. Si no sabes leer una carrera no serás nadie”, continuó diciéndole Sebastián Coe como si fuera un legado que hoy, a los 34 años, en el silencio de este mes de enero, Casado explica como si fuese uno de los latidos de su corazón. Es más, si algún día escribiese sus memorias podrían empezar así, porque, en realidad, la inteligencia radica en algo más importante que correr rápido: la capacidad de adaptarse al entorno. 

Hoy, Arturo Casado ya no es atleta de elite, sino un ciudadano más, a punto de ser padre por primera vez de un niño al que alguna vez le contará esa cita de Sebastian Coe que a nosotros mismos, desde hoy, tiene la posibilidad de hacernos mejores. De hecho, a Casado sí le hizo mejor y hasta pudo ser una de las razones por la que, dos años después, en el Europeo de Barcelona, fue campeón de Europa de 1.500.  “Yo veía que los últimos años hacía 1’45 en 800 con facilidad y que por abajo iba bien, pero a la segunda carrera en los campeonatos siempre me costaba. Entonces se lo dije a mi entrenador, a mi querido Arturo Martín, ‘algo debemos hacer’, y me acuerdo que ese invierno metí más kilómetros que en toda mi vida y me demostré que “si iba bien por arriba cuando bajase podría ir como un tiro’. Por eso en primavera llegué a hacer nueve semanas seguidas de 184 kilómetros”. Un recuerdo memorable, capaz de gobernar esta conversación destinada a resumir 34 años en 1.500 palabras. No será fácil, pero uno siempre se fía de la nostalgia, un derecho que explica maravillosamente un hombre en la cima.  Al menos, ese día en la pista de Montjuic de Barcelona que regresa a su vida a través de esos vídeos de youtube, en los que no existe posibilidad de manipular los recuerdos. 


“Siempre fui muy observador. Viví ocho años en la residencia Blume que me abrieron los ojos”

 “Había 80.000 espectadores… ¿Quién me iba a decir que iba a llegar hasta ahí? Por eso lo valoré, ya lo creo. Sabía que podía no volver a ocurrir, porque yo siempre fui muy observador. Viví ocho años en la residencia Blume que me abrieron los ojos”, explica acompañado por tantos recuerdos. “Veía la trayectoria de gente importante y veía que los que aguantaban mucho tiempo en el alto nivel como puede pasar ahora con Jesús España eran la excepción, por tantas razones… No sólo porque sean pocos los que no se lesionan, sino porque tampoco los hay capaces de conservar esa motivación extrema durante tanto tiempo, toda esa tensión que siente uno cuando esa lesionado y que te afecta tanto…porque yo… si hablas de mí… yo era tan bruto… no había caso a los dolores… Siempre volvía hasta que reventaba. Pero yo era así, parte de mi forma de ser. No quería arrepentirme de nada”. 

 Hoy, a los 34 años, Casado acepta que tal vez sea “un viejo prematuro. Podría ser sí. No digo que no, porque han sido tantas lesiones y, sin embargo, nunca pasé por el quirófano…” El resultado es que ha merecido la pena. “He tenido suerte o he sido un afortunado. Pero porque se dieron todas las circunstancias a su favor. A los ocho años empiezo a correr con mi padre por mi barrio de Santa Eugenia y, de repente, llegan unos profesores, que enseñan atletismo de forma altruista y comprueban que yo valgo para esto y paso al Club Larios, que entonces era el mejor de Europa. A los 14 años, conozco a mi entrenador de toda la vida. Si se puede pedir más yo no sé que es lo que podría pedir”, insiste al regresar a su infancia o a la voz, esa voz de su padre que hoy es un hombre de 63 años en un estado de forma óptimo. “Me transmitió esa pasión por la honradez, por el juego limpio, por todos esos valores. Me enseñó que, sin la pasión por lo que hacía, el triunfo estaría incompleto. De hecho, él era la prueba más fiel. Mi padre era funcionario del hospital Gregorio Marañón que renunció a su plaza por crear la primera escuela de parapente de España, porque el vuelo era su pasión. A los 15 años, llegó a saltar 43 veces en un día y luego se convirtió en el especialista en deportes aéreos del programa ‘Al filo de lo imposible’…”


 “Después del Europeo de Barcelona 2010, yo ya no volví a ser el que fui y por culpa de la edad no fue”. 

En realidad, hay tanto que recordar que uno no sabe por dónde continuar esta conversación. De ahí que sea él, Arturo Casado, que hoy vive en Tarancón, “a 700 metros de la pista de atletismo donde mañana he quedado con Tete de la Ossa para ayudarle a hacer unas series”, y da clases en una universidad ‘on line’ de Burgos “lo que me da calidad de vida. Me concede el deseo de ser dueño de mi propio tiempo. Creo que me lo merezco porque después de todos estos años sometido a esa tensión de atleta que le explicaba antes… No es fácil convivir con ella. Al menos, a mí no me lo parecía, porque cuando uno quiere y no puede…” Son esos momentos en los que llueven piedras. “¿Qué puedes hacer si tu cuerpo no te deja? La prueba es que, después del Europeo de Barcelona 2010, yo ya no volví a ser el que fui y por culpa de la edad no fue. Al contrario. Estaba en la edad óptima. Estaba en el momento óptimo. Tenía naturales expectativas de volver a hacer algo gordo, pero excepto en 2013, cuando volví a ser quinto en el Europeo de pista cubierta, no había forma de que retornase la esperanza… Se negaba hacerlo. Era duro pero entonces entiendes la fortuna de haber vivido lo que viví, de llegar con 22 años a un Mundial al aire libre y ser quinto. Al principio, no lo valoras. Piensas, ‘ya vendrán cosas mejores’ y ahora… “ 

 El privilegio es regresar hoy a ese pasado, a volver a la pista de Rietti, a ese 1’44″74 en 800, a tantas cosas… Hasta ese Higuero, “que me enseñó a vivir en la Blume como un atleta de los pies a la cabeza”. Pero todo eso es el legado del tiempo, que hoy está en nuestro poder a favor o en contra. “En el atletismo nunca sabrás donde está la llave maestra”, insiste como si volviese a recordar esa voz, la voz de Sebastián Coe en Pekín. “Después de Barcelona, volví a hacer los mismos kilómetros, pero ya no fue igual. ¡Me lesionaba! Yo seguía sin tener miedo. Quería seguir siendo el mismo, pero no podía. ¿Qué vas a hacer si las lesiones no te respetan?” Todo eso humaniza esta historia.  “Hice de todo. Traté de probar de todo. Llegué a correr descalzo, a cambiar la alimentación, a hacer dietas bajas en carbohidratos y ricas en grasas y a comprobar que no tenemos derecho a demonizar las grasas. Desde luego, a mí esta alimentación me ha dado mucha calidad de vida y, sin entrenar ahora lo que he entrenado, me permiten mantener el peso. Pero de cara a la elite no había manera. No encontré el camino y no quería llegar a la pista y hacer 3’50” en un 1.500 por respeto a mi trayectoria. Ahora, que me he retirado, ya es distinto, porque yo ya no soy atleta. Si voy a un 10.000 y hago 33’00”, seré un hombre feliz y quién sabe si algún día haré maratón, no lo sé. La vida da tantas vueltas…”.

@AlfredoVaronaA 

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