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La atleta que ha perdido el estómago

Ximena Belén Arcos es una mujer que perdió el estómago por culpa de un cáncer que duró 9 años y que hoy lidera junto a su pareja Álex Parreño un proyecto ‘Incluyendo sonrisas’ que, por encima de todo, es una escuela de vida

Ximena Belén Arcos podría haber dicho: ‘ qué mala suerte he tenido’ ‘¿por qué a mí?’

Ximena es hoy una mujer de 44 años que no tiene estómago, que ha estado luchando nueve años frente a un cáncer gástrico.

– Tenía inundado el 90 % del estómago – recuerda.

Ximena hace hoy carreras de montaña.

También ha hecho el maratón de Barcelona empujando por momentos a una silla de ruedas.

Y todo esto lo cuenta con una ilusión que es la que importa y la que se le sale de los ojos.

– Siempre me verás con una sonrisa. Ése es mi lema.

Como le digo yo, Ximena es una demostración de lo que el cáncer puede hacer por nosotros.

Y es verdad: el cáncer le cambió la vida.

Podría haberse resignado cuando le anunciaron ese diagnóstico que parecía letal y haber dicho: ‘¿por qué a mí?’

Llevaba junto a su ex marido una pizzería en Viladecans, formaba parte de un mundo muy esforzado y además ya era madre de dos niñas.

– No me puedo rendir.

Nadie temió por ella.

– Tengo dos hijas y no voy a rendirme – añadió.

Y hoy, que ya tiene el alta médica, ¿qué quieren que les cuente?

Pues sí. Podría contarles que ahora le han detectado a Ximena una fibromialgia en grado alto y que hay días en los que se levanta de la cama “como una anciana”.

– Me cuesta hasta poner los pies en el suelo.

Pero nada de eso arruina su sonrisa que se mantuvo en pie hasta en los peores tiempos de la quimioterapia (nueve años).

¿Quién lo diría viéndola ahora?

Pero por eso mismo este es el momento de sacar las sonrisas a la calle.

Y entonces Ximena insiste en que su vida es indescifrable sin una sonrisa y después  cuenta  el proyecto que lleva a cabo, junto a su pareja Álex Parreño y que se llama, “Incluyendo Sonrisas”, y que es una manera de demostrar lo que ella ama a la vida.

Y, en realidad, es un proyecto con el que ninguno de los dos aspira a ganarse la vida.

– Sólo queremos demostrar que se puede hacer algo por los demás sin esperar nada a cambio – dice ella.

– Que hay momentos en los que no hay excusas para no hacerlo – añade él.

Yo les escucho cara a cara en Barcelona: tengo la fortuna de escuchar a los dos en la tranquilidad de una tarde anónima.

– Los demás, en este caso, son gentes en sillas de ruedas a los que convencemos de que ellos también pueden participar en carreras populares y de que, por encima de ganar, van a pasárselo bien y a demostrar que todos somos iguales.

Y después buscan gente que tire de esas sillas y que las acompañe como hace Ximena con la felicidad más natural del mundo: la de hacer lo que quiere hacer.

Y, a su ritmo, Ximena da las gracias a cada zancada.

– Qué fortuna la mía – se recuerda a sí misma -. Con lo que yo he pasado.

Al fondo quedan nueve años luchando frente al cáncer que actúan como una motivación insuperable.

Hasta ese día que parecía que no iba a llegar nunca: el día que le dieron el alta.

– Y, sí, bueno, trato de vivir con la máxima calidad de vida posible pero es difícil hacer una vida normal sin estómago, qué voy a contar. Puedo comer muy poca cantidad y paso por momentos difíciles en los que los bocados se me atascan.

Pero, entre ganar y perder, Ximena siempre eligió ganar.

Quizás por eso, mientras se despedía del cáncer, imaginó que algún día ella podría empezar a correr.

Y recordó que hay algo más importante que la lógica: la imaginación.

Y miren que al principio le dio vergüenza.

– Si es que yo no había corrido nunca.

Pero gracias a esta afición conoció a Álex Parreño, un transeúnte de emociones que vive con un micrófono en la mano.

Un tipo al que no le importa parecer un loco: su pelota de fútbol son las emociones.

–  Gente que no se conoce de nada y que al terminar es capaz de fundirse en un abrazo, sobre todo en carreras de larga distancia. Al principio me escuchan y me miran como diciendo: ‘¿qué dice este loco?’

Álex es speaker profesional y fue atleta en sus tiempos jóvenes.

– Con 15 años llegué a hacer 1’54” en 800 y 2’39” en 1.000.

Ahora, tiene 51 años y aún no se ha olvidado del adolescente que participó en su primer cross en Tarragona con unas botas de fútbol a las que les cortó los tacos y les puso unas chinchetas.

– Acabé sexto.

– Qué tiempos – rememora después.

El atleta ya pasó pero quedó la persona que encuentra momentos en su vida para alegrar a los demás.

– Siempre se puede hacer. La diferencia está en querer hacerlo – insiste.

El resultado es una sonrisa que nos propone un mundo mejor y que nos recuerda que no necesitamos que sea fácil, que sólo necesitamos que sea posible.

Y entonces nos acordamos de Ximena y de sus nueve años frente al cáncer y la fotografíamos ganando esa batalla que parecía perdida y que hoy incluye una sonrisa casi permanente.

 


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