De la Ossa: teníamos que soñar

De la Ossa: teníamos que soñar

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Juan Carlos de la Ossa
Pasó de descargar camiones en su tierra a competir con los mejores del mundo. Hoy, a los 40 años, su recuerdo nos hace mejores. 

– Buenos días, Señores. Bienvenidos al museo del atletismo español. Hoy, vamos a entrar en la sala reservada a Juan Carlos de la Ossa. No les vamos a contar nada de lo que no puedan enorgullecerse. Será un impagable ejercicio de nostalgia en el que, cuando vuelvan a salir a la calle, podrán encontrar sus zapatos manchados de barro. Pero no se asusten, porque eso es algo más que un recuerdo en esta sala, donde podríamos poner de ejemplo su biografía: ‘Volar en el barro’. Reproduce a un personaje colosal al que sólo le faltó propaganda, el beso de una bella azafata en el podio o un ático en Nueva York. Pero ya no pasa nada. En el acuse de recibo de toda esta historia sería deshonesto arrepentirse de nada; imposible olvidar que él fue cinco veces seguidas campeón de España de cross y lo hubiera sido de Europa de no ser por Sergei Lebid, un atleta alto y rubio, venido de otros mares, que tantas veces le concedieron ese carácter invencible.

Pero vayamos por partes y para conocerlo realmente pasamos la palabra a nuestra delegación en Tarancón, antes de subir al podio.

– Efectivamente, compañeros. Aquí fue donde vino al mundo Juan Carlos De la Ossa y descubrió esa facilidad para correr que no merecía la pena desaprovechar. El resto lo refleja su fotografía que lo explica tal y como es, sin miedo, camina o revienta, como si fuese la película de ‘El Lute’. Las huellas de esa España profunda, de esa dureza en la que se alojaba cielo y tierra, temperaturas bajo cero en las madrugadas o esa fábrica de embutidos en la que De la Ossa empezó a trabajar de adolescente. No era un trabajo intelectual ni destinado para jubilarse a los 67 años como piden ahora las nuevas leyes. Él descargaba camiones y no se arrepentía para ayudar a su padre que se quedó prematuramente en paro. Pero en medio de la severa rutina, De la Ossa encontró la magia corriendo y explicando virtudes que no estaban al alcance de los demás. Su propia vida o su propio código penal hasta el día que decidió marchar y arriesgar. Fue su gol por la escuadra.

– Tienes razón, compañero. No nos podemos olvidar de ese momento. Pero vamos a ver qué nos cuentan ahora desde la residencia Blume de Madrid donde también hay fotografías suyas imprescindibles.

– Buenos días, compañeros. La realidad es que al llegar a Madrid se alojó en una habitación en un piso compartido en el Alto de Extremadura relativamente cerca de la Casa de Campo. Llegó con la bolsa de deportes y los ahorros justos. Una timidez en el rostro que contrastaba con su dureza corriendo. El caso es que la primera vez que Antonio Serrano le ordenó hacer un fartlek acabó mareado. Pero lejos de decir ‘yo esto lo dejo, me vuelvo para mi tierra’ preguntó qué es lo que tocaba hacer al día siguiente. Tenía el reloj en su propio cuerpo. Daba gusto verle correr sin protestar: encendía el piloto automático y el único capaz de seguirle era Chema Martínez excepto ese día que permanece grabado a fuego en la historia de la pista del INEF. De la Ossa fuese capaz de hacer con 1’30” de recuperación un 2.000, un 3.000 y un 4.000 en 5’25”, 8’10” y 10’50”. A las dos semanas realizó su marca personal en 10 kilómetros (27’27″80) en Barakaldo con esa naturalidad que no se podía explicar de ninguna manera: formaba parte de su libro de instrucciones en el que todo parecía tan sencillo…

“No pienses, Tete, no pienses”
Durante la presentación de su libro “Volar en el Barro”, en Tarancón

– Sí, no hay duda, compañero. Aquí, en el museo, siempre recordamos esa frase que una vez Chema Martínez dijo de él: “Me cuesta memorizar el día en el que De la Ossa no haya completado un entrenamiento”. Porque era así y todavía es así ahora, a los 40 años, en esta nueva vida en la que ha encontrado la felicidad como entrenador de atletas aficionados en Tarancón. Es más, él todavía sigue corriendo carreras de 10.000 a 3’00” por kilómetro y nunca, nunca, se arrepiente de nada. Ni siquiera de aquel Europeo de Goteborg del 2006 en el que era claramente el más fuerte. Sólo le faltó romper la carrera a tiempo e impedir que el alemán Jan Fitscher, con un último 1.000 en 2’29”, y Chema, con 2’31”, le quitasen las medallas de oro y plata. Entonces nadie imaginaba que fuese a ser su última oportunidad. Ni siquiera él, que ya empezaba a arrastrar dolores en la cadera y que para compensarlos se repetía a sí mismo  en carrera: “No pienses, Tete, no pienses”. Era su obra maestra y la de Antonio Serrano, que le convenció de que él era de los pocos atletas del mundo que podía competir al máximo nivel con “algún piloto encendido” como recordó en la presentación de su libro en Tarancón, ¿no, compañeros?.

“Un final feliz depende de dónde pares tu historia”.

– Sí, exacto. Así fue. Y lo dijo sin pena ni rencor como también recordó su única experiencia en el maratón, en Londres, en la que tuvo que retirarse en el kilómetro 31, y se quedó perdido en una estación de Metro sin saber el idioma… Quizá un reflejo de que su amistad con el maratón iba a ser imposible y el caso es que tenía condiciones. Pero desde 2008 cuando corrió infiltrado en los Juegos Olímpicos de Pekín no hubo manera de que pudiese enlazar un mes de entrenamiento sin dolores. Nunca más volvió a ser como antes. Cuando no era el sacro era el tendón de aquiles y sino el nervio ciático y ya no hubo manera. Fue hasta a Finlandia donde le operó Sakari Orava, al que entonces llamaban ‘el doctor House’ del deporte. Pero tampoco se encontró solución y la magia de De la Ossa es que, en vez de decir ‘lo siento’, se acordó de esa frase mítica de Orson Welles: “Un final feliz depende de dónde pares tu historia”.  Así que en Tarancón estamos tan orgullosos de él que no nos atreveríamos ni a cambiar una coma de su biografía en la que no sobra nada. Ni una uña manchada de barro.

– ¿Cuáles elegirían ustedes como banda sonora para despedir este momento?

– Desde aquí coincidimos en ‘Canon’ de Johann Pachelbel, la misma que eligió Garcí en su película ‘Volver a empezar’, ‘Begin the Beguine’ porque lo simboliza todo: el barro, el quirófano, la pancarta de meta…., todo lo que necesitamos saber de la vida.

@AlfredoVaronaA


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