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¿Hasta dónde puede llegar un entrenador desconocido que no fue atleta de élite?

Ángel Luis Clemente Remón fue un mediofondista al que a los 25 años le retiró una enfermedad grave. Hoy, a los 37, es un entrenador emprendedor que ha creado su propio club en Alcalá de Henares (Atletismo Cervantes) pero que él no deja de ser un desconocido. ¿Hasta dónde puede llegar esta gente? ¿Tienen tope?   

-¿Y hasta dónde puede llegar como entrenador un desconocido que no ha sido atleta de élite? -le preguntó a Ángel Luis Clemente Remón que, a los 37 años, podría representar ese papel.

– No lo sé -contesta él, un joven con cara de emprendedor, con unos ojos que se le salen de los ojos, a esta gente hay que escucharles siempre.

– Pero -añade- supongo que será cuestión de las ganas que le ponga y de la suerte de encontrar un atleta que me permita llegar hasta arriba

– ¿Y lo está buscando?

– No, tanto como eso no. Pero sí es verdad que hemos creado una escuela de atletismo en Alcalá de Henares y que me están llegando atletas de categoría sub 23 y entre ellos hay gente que tiene mucha calidad.

– Fue usted un buen mediofondista.

– Dejé 1’50” en 800 y fui subcampeón de España sub 23 en pista cubierta que, para mí, fue importante, pero no, la élite no estaba reservada para mí: la calidad no me daba.

– ¿Y eso cómo se acepta?

– Se ve rápido. Yo entrenaba con gente como Higuero que estaba tocada con una varita. Y, aunque tú no dejabas de esforzarte y aunque todos somos orgullosos, ves que no, que tú nunca llegarás hasta ahí.

– ¿Y eso es duro?

– Pero es algo que le ocurre a la mayoría. Llegar a élite está hecho para muy pocos. Por eso quizás a mí lo que más me molesta es que haya chavales con un potencial muy alto que, por ayudar a la familia, no se puedan dedicar a esto, porque entonces siempre te quedarás con esa pregunta: ¿hasta dónde hubiesen podido llegar? 

– Pero usted hizo lo posible.

– Sin ninguna duda. Yo empecé con 15 años y, cuando llegó mi momento de ir a entrenar a la Blume y vi que necesitaba hora y media para ir y otra hora y media para volver a casa en Alcalá de Henares…, podía haber dicho, ‘yo dejo esto’, pero preferí decir, ‘vamos a intentarlo’ e insistí.

– ¿No tuvo la sensación de perder el tiempo?

– Nunca.

– ¿Fue su mejor época?

– Demostré que todo el mundo siempre quiere llegar más lejos y no me puedo arrepentir de nada. Al contrario. Aquellos años me valieron para aprender mucho.

– ¿Y qué aprendió?

– Formé parte de un grupo de élite. Pude viajar, pude competir. Eso me vale para hoy, porque sé el sacrificio que hay que hacer. No exijo nada que no haya vivido. No digo nada que no pueda pasar.

– ¿Y qué puede pasar?

– Siempre recordaré que en cinco semanas yo pasé de ver el Mundial de Sevilla por televisión a entrenar en la Blume con los mejores. Tenía 15 años. Fue el día mas impactante de mi vida. ¿Quién me lo iba a decir?

– ¿Y quién decidió luego el final: el atletismo o usted?

– Yo tenía una enfermedad grave.  Tenía mucha anemia y se comprobó que era porque tenía un tumor en el intestino grueso. Tuvieron que operarme, quitarme la mitad del intestino para limpiarme. Y, cuando me recuperé, desconecté, me dio miedo volver a tener anemia y entendí que el deporte de alto rendimiento se había acabado para mí.  Tenía 25 años. 

– Estaba en la flor de la vida.

– Sí, y un año antes había hecho mis mejores marcas. Pero, de repente, empecé a levantarme cansado y a acostarme más cansado.  Era una fatiga constante y no podía. Perdía hasta sangre. Yo entrenaba tres días de series a la semana. Hacía mucha calidad porque era corredor de 800. Tenía que hacerlo y veía que algo fallaba.

– ¿Y no quiso volver a intentarlo?

– Podía haberlo intentado, sí, pero había que tomar una decisión.

– Se reinventó.

– Acabé la tesis doctoral para promocionar actividad física en personas mayores e hice un grupo de entreno con mi hermano. Entonces no tenía trabajo. Me sobraba tiempo y entrenar a los demás me atraía.

– ¿Y hoy vive de esto?

– No, casi le pones más dinero del que te da. Vivo de mi trabajo como profesor en la universidad. Al final, es casi como un hobby. Vivir del atletismo federado está reservado a un porcentaje muy bajo y la mayoría son gente que ha sido muy exitosa. Por una parte es lógico. Al final el que ha conseguido medallas tiene como más credibilidad.

– ¿Y usted está de acuerdo?

– Pero es que es normal. El éxito genera más confianza a los demás. Es una realidad. Sucede en casi todos los deportes, en la misma vida. El éxito es la mejor publicidad. De hecho, ahora a nosotros nos pasa en el club: viene gente a entrenar porque ha escuchado hablar bien de nosotros. Nos demuestra que el buen trabajo siempre trae más trabajo.

– ¿Y le llena tanto entrenar a los demás?

– Incluso más. Le digo que puede ser hasta  más bonito. Sobre todo cuando ves cómo los atletas progresan (es tan gratificante). No sabría decir que es mejor. El año pasado en el Campeonato de España de clubes fuimos novenos con cuatro personas que no se dedican a ello. Fue importante. Te emocionas como si fueses tú mismo. Las emociones también se pueden compartir..

– ¿Qué daría por vivir del atletismo?

– Me gusta mi trabajo en la universidad y tendría que cambiar una cosa por otra. No sé cuántos entrenadores vivirán del atletismo en España. Hay que ser realistas. No hay que darle muchas vueltas.

– La realidad es lo único que no tiene remedio.

– Tampoco es que no tenga remedio. Las cosas van cambiando. Ahora ya se cobra. Ahora ya no se lleva el entrenador altruista. Las cosas deben mejorar no por imposición sino por la calidad que tú ofreces. Hay que trabajar día a día para conseguir algo mejor. Protestar no te lleva a ninguna parte. Quiero decir que la protesta no puede ser tu único recurso.

– ¿Nunca pensó en ir a unos JJOO?

– Vi el nivel que había y lo que corre la gente y entendí que no, que era imposible…

– Pero.

– Estaba ahí intentándolo. Yo empecé a correr por una profesora de educación física en Alcalá de Henares que nos dijo: “Si vais a un cross os pongo un positivo”. Y lo hice bien. Y luego progresé. Y con el tiempo llegué hasta a ganar. Y llegué a entrenar en la Blume. Y mire hoy.

– Es una vida bien vivida.

– Me gustaba competir y lo hice, me gusta entrenar a los demás y lo hago y me siento muy a gusto dando clases en la universidad. Puedo decir que sí. Pero también es verdad que cada día empieza de nuevo.

– ¿Volverá a competir?

– Mi última carrera fue en 2009  y han pasado once años. Eso es mucho. Me retiré porque no podía elegir. Mi prioridad de la vida cambió. Cuando compites son muchos sacrificios. En aquel momento dije hasta aquí hemos llegado y creo que ya no hay vuelta atrás.

– El día que dejó el pueblo para marchar a la Blume un prestigioso atleta de élite su padre le dijo: “No quiero un hijo que sólo sepa correr”.

– Eso es muy importante. Hay pocos entrenadores que puedan vivir del atletismo. Pero hay menos corredores que, una vez que se retiran, puedan seguir viviendo del atletismo. Esto da para lo que da y yo lo vi claro desde el principio y es lo que transmito hoy. Puedes ser el mejor del mundo pero a lo mejor tienes una lesión que no es culpa tuya, y.


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