De fumar dos cajetillas al día a hacer 31’00” en 10.000

De fumar dos cajetillas al día a hacer 31’00” en 10.000

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Brutal historia de Jonathan Díaz, un hombre que se levanta a las 3.30 de la madrugada para trabajar, que aún sigue fumando y que no pasa de los 70 km semanales. A cambio, ya ha realizado 31’29” en 10 km. 

Es el mundo al revés. Un mundo que nos demuestra que siempre habrá historias capaces de desordenar la imaginación. El responsable esta vez es un joven de 28 años que cada día se levanta a las tres y media de la madrugada para trabajar de recaudador de máquinas recreativas en los salones de juego. El mismo que hasta hace nada fumaba dos cajetillas de tabaco diarias y que, sin embargo, acaba de terminar los 10 km de la San Silvestre Internacional en 31’29”. Porque así es el mundo cuando gira al revés y  uno conoce a tipos como este hombre, que lleva tres años corriendo y que no supera los 70 u 80 km semanales. “Mi entrenador me dice que no hace falta”, explica Jonathan Díaz, un atleta seguramente inclasificable. Una historia capaz de generar debate y de dejarnos fuera de juego. Máxime cuando recuerda que él todavía es fumador. “Ahora, estoy con el cigarro electrónico, que para el caso es el mismo veneno. Pero así es la vida”, añade.

También podríamos hablar del chaval que hasta hace tres años nunca había corrido y que en la primera carrera de su vida, los 10 km de Tetuan, en su barrio, “hasta momentos antes de empezar estaba apoyado en una barandilla fumando un cigarro”. Aun así, hizo 38 minutos lo que fue como reconocer que este muchacho tiene  un corazón indomable. Unas piernas que son como una lotería y unas posibilidades que contrastan con años pegándole duro al tabaco. “Me levantaba y lo primero que hacía era fumar un cigarro, como cualquier otro fumador”, explica hoy mientras regresa a su adolescencia. “Tendría 16 años cuando empecé a fumar. Supongo que lo hice por la tontería sin darme cuenta el pozo en el que me estaba metiendo. Todavía hay veces en las que me pregunto quién me mandó a mí meterme en esto”. Pero, una vez pasado el tiempo, no ha encontrado la estrategia frente a esta pregunta. “Me gusta fumar y por ahora no puedo dejar de hacerlo”. La cosa es aceptar lo que uno hace: “Supongo que hay que tener algún vicio en esta vida”. 

De ahí que el tabaco sea una forma de desnudar a este hombre, Jonathan Díaz, que hoy, cuando salió a la calle, hacían -2 grados bajo cero. Eran, como siempre, las tres y media de la madrugada, “pues es a la hora a la que el despertador me pega el hachazo. A eso sí que no se acostumbra uno nunca y mire que llevo trabajando desde los 19 años”. Pero su profesión, “como recaudador de máquinas recreativas”, no admite por ahora otros horarios. “Tengo que darme por afortunado, incluso, porque es un trabajo estable. Pero sí es duro saber que te tienes que levantar a esa hora. Sobre todo porque por las tardes, cuando llego a casa de entrenar, son las diez de la noche y entre que ceno y dejo preparado el desayuno del día siguiente siento que no me queda apenas tiempo para dormir. Pero esto de ganarse la vida es así. Cada uno tiene una manera de hacerlo y mi trabajo es este. Mi familia siempre se ha dedicado a este sector. Tuve la posibilidad de entrar a trabajar aquí cuando terminé el Bachillerato”. 

Su historia era una más hasta hace tres años cuando le dio por empezar a correr. “Había que probar eso de la vida sana y, sin tener la más mínima idea de lo que era un kilómetro, empecé a correr en el parque de la Dehesa de la Villa”. Entonces descubrió un sexto sentido que aún no sabe a lo que obedece.  “Nadie en mi familia ha corrido nunca. A lo sumo, le podría hablar de un hermano mío que jugó en las categorías inferiores del Madrid en el mismo equipo que Casillas y que luego fue cinturón negro de kárate. Pero, al margen de eso, no hay nada más en mi vida hasta que empecé a correr. Luego, me vieron y me dijeron, ‘chico, tú tienes posibilidades’. Me aconsejaron un entrenador y estoy haciendo cosas como entrenar seis días a la semana que no había hecho nunca”. 

Su entrenador es Víctor García,  ex atleta que fue medalla de bronce en 3.000 obstáculos en el Europeos de Helsinki 2012. “No admite que me machaque”. El entrenamiento más fuerte que se le ocurre recordar a Jonathan son “6×1.000 a 3’00” recuperando 1’00”. Pero es lo que dice Víctor: no se trata de fundirse, sino de descubrir poco a poco lo que uno puede hacer. En ese sentido está convencido de que tengo margen de progresión. La prueba es que el otro día, sumando los km que he hecho en 2018, no pasaba de 2.000. Sin embargo, gente que está en mis mismos tiempos llega a 4.000″. De ahí que el optimismo forme parte de su vida, “aunque sin emociones. Yo no soy nadie y seguiré sin ser nadie. Uno ha de saber dónde está. El despertador me lo recuerda cada día y eso es lo que me parece más increíble en mi vida. Que sea así un día tras otro, levantarme con cuidado para no despertar a nadie. A veces, no cojo ni el ascensor. Bajo por escaleras para hacer menos ruido”.

 Es una imagen literaria que quizá contrasta con detener el reloj en 31 minutos en la pancarta de meta de la San Silvestre. Pero así empieza Jonathan en la madrugada. “Siempre desayuno clara de huevo con avena que lo dejo preparado y lo único que hago por la mañana es calentarlo en el microondas”. El resto del día se mete en el coche camino de los salones de juego, donde las máquinas recreativas le exigen mover muchísimo peso. Pero esa crónica tampoco parece incompatible con el atletismo. “Creo que puedo ser sub-30″, explica. “Es más, me parece que en la San Silvestre me podría haber acercado a 31’00”. Incluso, podría hasta haber bajado. Pero tenía miedo porque un mes antes en Canillejas salí tan desproporcionado que tuve que retirarme. Por eso fui tan prudente y cuando quise darme cuenta ya no me quedaban metros para bajar la marca”, insiste Jonathan Díaz, que ha ganado varias carreras en Madrid como la de la Constitución o la Milla de Chamberí. 

 “He hecho una cuenta en Instagram que se llama ‘hacer la diferencia’ y que no es más que una prueba de que con esfuerzo y sacrificio se pueden lograr cosas que ni imaginas. Yo mismo soy incapaz de imaginar a las tres de la mañana cuando me levanto que vaya a correr a esos ritmos. Pero hay cosas que es mejor ni pensarlas”, razona él, un tipo directo con la palabra que no cree que “el hecho de fumar menos me haya cambiado la vida. Al menos, yo no he notado ningún cambio. Mis capacidades siguen siendo las mismas lo que no se trata de contradecir a la lógica sino de explicar lo que siento dentro de mi cuerpo”. De ahí el poder de esta historia que yo mismo no imaginaba nunca contar. Pero, ya ven, a este paso, no nos va a quedar otra que convertir la imaginación en una película de cine, en la que los directores sólo encuentran un defecto. No imaginar lo imposible. No imaginar esta vez a Jonathan Díaz fumando un cigarro tras batir una marca. 

@AlfredoVaronaA 

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