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El vigilante de seguridad que ha donado 1.000€ al ELA

Pedro Prieto ha decidido emplear el dinero que tenían para organizar la carrera de su pueblo (Villarejo de Salvanés), en vez de para comprar cosas, para acorralar un poquito más a esa enfermedad asesina.

Un día de este mes de agosto Pedro Prieto me escribió desde Villarejo de Salvanés: yo no sabía quien era.

Hoy, sin embargo, estoy escribiendo de él: un hombre que es vigilante de seguridad en una multinacional sueca, ubicada en Arganda, donde este fin de semana trabajará de noche, de 18,30 de la tarde a 6,30 de la madrugada, turnos de 12 horas, siempre en horario de noche.

-¿Y cómo es la noche? -le pregunto.

-En la noche hay mucho tiempo para pensar -contesta él.

Él, en realidad, es de un pueblo de Valladolid que no llega a los 1.000 habitantes: Fresno El Viejo.

De chaval seguía el balonmano y el baloncesto. Sobre todo, a aquel Fórum Filatélico de Valladolid en el que llegaron a jugar Sabonis, Óscar Smitd Becerra, Homicius, hasta Quino Salvo.

“Yo no había corrido nunca hasta que llegué a Madrid y empecé a preparar en el parque Santander las pruebas para vigilante de seguridad. Tenía que correr un kilómetro por debajo de 4’30 para obtener la calificación de apto”, recuerda hoy.

Hoy, Pedro Prieto es un tipo de 43 años que vive en Villarejo de Salvanés donde se fue a vivir con su mujer hace 18 años: los mismos años que tiene su hijo. “Los precios de la vivienda en Madrid eran prohibitivos”.

En Villarejo encontró su lugar.

También empezó a participar en carreras y a escribir las crónicas de esas carreras en una revista que había fundado Justo Pérez París, un histórico personaje de la localidad que lleva más de 30 años enfermo de ELA: sobreviviendo.

Y a Pedro siempre le impresionó la historia de ese hombre.

Y cada vez que se encuentra con uno de sus dos hijos lo recuerda.

-Qué valor -se dice a sí mismo.

Y entonces se le ocurrió que este año podían hacer algo diferente en la carrera del pueblo, Villarejo de Salvanés, que cada año se celebra a mediados de septiembre.

-¿Qué vamos a hacer? -preguntó en el club de atletismo-. ¿Por qué no la hacemos virtual?

-Buena idea – contestó el presidente Juan Antonio Ramón, ese hombre que se ha sacado el título de entrenador y que enseña a correr gratis a los chavales del pueblo: valores.

Pedro Prieto añadió:

-Tenemos 1.000 euros para organizar la carrera.

-Es verdad: tenemos 1.000€

-He pensado que al ser virtual, como no vamos a gastar nada, podíamos donar ese dinero a la lucha frente al ELA.

No apareció ni un solo detractor en todo el pueblo.

Al contrario.

Juan Antonio Ramón, el presidente, también se acordó de que este año había hecho el curso de entrenador junto a Vicente Capitán y que Vicente tiene un hermano que lucha frente al ELA desde hace seis años:

José Luis Capitán.

-Es terrible.

Le ha pasado a él pero nos puede pasar a cualquiera.

Villarejo de Salvanes, el pueblo del castillo imponente, surcado por el río Tajo, eligió entonces a José Luis para liderar su cartel, para explicar el mensaje con el que nos convencen de que frente al ELA todos somos uno.

No pedían nada (las 500 inscripciones eran gratuitas). Sólo buscaban difusión para seguir acorralando a la enfermedad, a esa enfermedad maldita y asesina.

Yo fui uno a los que escribió Pedro Prieto.

-He pensado que si pudieses echarnos una mano -me dijo.

La idea me pareció maravillosa y por eso hoy la estoy contando.

Tengo que contar entonces que las inscripciones se agotaron en tres o cuatro días. Tengo que contar que Pedro Prieto, trabajando sin ánimo de lucro 5 o 6 horas diarias, ha vivido una de las experiencias más enriquecedoras de su vida. Y también tengo que cederle la palabra a él porque me parece que esto ha merecido muy mucho la pena y que la idea, en vez de lástima, provoca admiración.

-No sabía que el COVID nos iba a ofrecer esta oportunidad -dice.

-Nunca habíamos trabajado como este año -añade-, pero ha sido una de las mejores maneras de invertir el tiempo que he encontrado en mi vida.

Pedro se declara muy susceptible con las enfermedades desde que recuerda la muerte por culpa del cáncer de una tía suya.

-Mis primos eran muy pequeños.

El domingo, a partir de las 10.30 cuando empiece la carrera virtual por toda España, el pueblo estará en silencio, despertando sin speaker, sin vallas que separen la carretera de las aceras y sin pancarta de meta..

No será como otros años.

Pedro no sabe lo que sentirá, pero es posible que se emocione a solas “al pensar en la respuesta de la gente”.

-Ha sido impresionante la gente llamando, queriendo hacer donativos, diciéndonos:, qué buena idea habéis tenido.

A Justo Pérez París le contarán la carrera sus hijos. Quién sabe si se le caerá alguna lágrima.

José Luis Capitán, que conserva las cuerdas vocales en perfecto estado, ya hará la crónica de la carrera.

Es posible que vuelva a dar las gracias y a decir que por cosas así el mundo merece aún más la pena.

El próximo día Juan Antonio Ramón no sólo les volverá a decir a los chavales, ‘mueve los brazos’, ‘levanta pierna, rodilla’, etc, etc También les contará que hubo una mañana diferente en Villarejo de Salvanés: silenciosa, misteriosa casi, domingo, 20 de septiembre.

Y Pedro Prieto volverá a trabajar por las noches. Y volverá a recordar que, en el año que menos esperaba de la carrera, ha sido el año en el que la carrera le ha dado más.

Y los demás… Los demás hemos vuelto a comprobar otra vez que a veces las mejores cosas son las que hacen sin ánimo de lucro, sin pensar qué voy a sacar de esto.

Pueden nacer, incluso, en la noche, en los silencios de esas noches que a veces nos dan tanto miedo y hasta en un puesto de vigilante de seguridad que, a primera vista, parece un sitio tan poco literario.

Pero ya ven lo que es la vida.

 


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