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El exilio de Marta Domínguez

El Tribunal Supremo acaba de rechazar su recurso en el que la ex atleta pedía que se había vulnerado su derecho al honor.

Hoy preferiría recordar su cinta rosa, su cabello rubio o esos dientes suyos del color de la primavera. Hasta su caída en los Juegos Olímpicos de Pekín en los que no solo se cayó Marta Domínguez. También se cayó en ese último obstáculo una parte de nosotros que, antes de protestar, ya nos habíamos levantado. No fue un error. Al día siguiente, Carlos Arribas volvió a referirse a ella como ‘la princesa’ en su crónica de ‘El País’ y entre todos responsabilizamos de su maldición olímpica al destino, culpable como un payaso sin vocación. Veíamos que, a los 32 años,  la medalla de Marta se iba y nos desahogamos  presumiendo de sus manos manchadas de sangre o del orgullo de los vencedores morales: la caída, esa maldita caída. Pero la queríamos tanto que no nos importaba llorar por ella, blindar su fotografía en la calle 1 de la pista y escribir de los héroes humildes. No sólo era Marta Domínguez, en realidad. También era la princesa.

Hoy, sin embargo, parece un crimen escribir todo eso y lo que ayer fue cariño ahora es una rabia capaz de derribar un libro de historia. La misma gente, que adoraba su cinta rosa en el pelo, escapa de su recuerdo casi como de un arma de destrucción masiva. Su recuerdo es doloroso como una caja de supositorios y ella misma pertenece a esa clase de personajes inaccesibles, a las afueras del mundo real, como si se tratase de Marion Jones en Estados Unidos. A su lado, sigue pendiente un reportaje descomunal en el que la verdad nos concediese el poder de reconciliarnos con ella. Sería el único tratamiento médico posible. Pero su distanciamiento del atletismo fue proporcional a la destrucción de su biografía, cortado el pelo a navaja en la peluquería: siempre echaremos en falta esa cinta rosa.

Hoy, Marta no está ni dentro ni fuera de las redes sociales. No  se sabe ni lo que podemos hacer por ella ni si es necesario que lo hagamos. No se sabe siquiera si nos queda algún punto en común ni si alguna vez lo tuvimos. Más que independiente, la imaginamos aislada del mundo como tantas veces pareció imposible. Por eso siempre quedará la tristeza de su clamorosa derrota en los tribunales. La última ha sido en el Supremo la pasada semana, relegada esta vez a la periferia de los periódicos como si se tratase de un personaje pasado de moda al que si uno tuviese mañana de frente no sabría si preguntarla ‘por qué’  o decir ‘lo siento’. Quizás porque todo vale o quizás porque incinerar a los recuerdos está sólo al alcance de una minoría. Podría ser como renunciar a la infancia y eso es tan difícil como despertar mañana en las Bahamas.

Ella quería ser de mayor “como los polis de Nueva York que persiguen a los malos y nunca mueren”.

Yo, personalmente, ni me lo imagino. Loco de atar o no, preferiría  que Marta no se hubiese ido nunca. Preferiría acordarme desde la inocencia de aquella muchacha de Palencia que su manager, Alonso Valero, siempre hacía lo posible por ponérmela al teléfono.  Preferiría recordar la historia de esa atleta que en los 3.000 obstáculos era capaz de terminar el último 1.000 en 2’55” y de sentar cátedra entre las mejores del mundo. Preferiría volver a Edmonton, a París, a Múnich, a mil sitios y a mil veranos. Preferiría abrazar a esa mujer que llegó enferma a los JJOO de Atenas y se cayó en los de Pekín. Preferiría sentirla como aquella vez que me dijo que “preparar el cuerpo es como hacer una casa” o que el día que vio a un hombre de Soria como Fermín Cacho proclamarse campeón olímpico pensó que ella, nacida en Palencia, también podría hacerlo. Tenía 17 años entonces. La inocencia era perfecta y el dopaje un asunto de una película de Marlon Brando. Luego, llegó la codicia que fue capaz de estropearlo todo. Convirtió a una estrella en un desierto, condenada ahora, con más de 40 años, a preparar unas oposiciones a la policía que, de momento, no ha aprobado.

Fue una pena todo esto. Escucharla en la época buena era un placer. Eso lo puedo prometer. Tenía buen humor y un lenguaje donde abundaba lo bueno. Hasta decía que ella quería ser de mayor “como los polis de Nueva York que persiguen a los malos y nunca mueren”. Sin embargo, recordarla hoy es como volverse loco, marcharse al exilio, sacrificar lo que parecía perfecto, preguntarse por qué y no encontrar a nadie que nos diga, ‘tranquilos, esto sólo fue una pesadilla’. Así que ya nos preparamos para vivir así y para reconocer ante el juez que los engaños existen. La vida ya la sentenció y ella misma desapareció hasta de las orillas del río Carrión en Palencia. Tampoco hubo manera de despedirla  con una música de fondo que cambiase la emoción por la pena. Pero quizás entonces entendimos que a su lado las emociones ya nunca serían las mismas. Y eso es lo que convirtió a la princesa en una sombra de lo que fue y de que aquella cinta rosa, que entonces se podía subastar en Londres, hoy no se mueran por ella ni en Venta de Baños. Al fin y al cabo, sólo es el cómplice de un tiempo que creíamos  perfecto.

@AlfredoVaronaA 


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9 Comentarios

    • Muy bien dicho, para mi Marta Dominguez siempre será la mejor atleta española de todos los tiempos, han ido a por ella nose porque y lo han conseguido, le han dado mucha caña muchos atletas españoles de élite como si ellos no se hubieran metido hasta por el culo, poca verguenza.
      Marta Dominguez eres la mejor, con, o sin doping.

      • estoy de acuerdo,pero la gente lo que ha echado en falta es un poco de humildad por su parte,y de saber reconocer sus errores…..no callarse,eso es lo que no tiene perdón….

      • Yo no estoy para nada de acuerdo… Es imposible que una atleta tramposa sea la mejor atleta de este pais… Y si es asi, otra razon par amarcharnos… Tenemos otra concepcion de la vida, donde destaca la honestidad

  1. Estoy seguro que los responsables de la federacion de atletismo se “acoplaron”perfectamente al atletismo de entonces… ella solo era la cara visible, la que tantos buenos momentos nos hizo disfrutar, otros en cambio solo buscaban salir en la foto y en el momento de la verdad la dejaron sola, solo ellos saben la verdad, los intereses ocultos de este asunto del dopaje, donde importaban mas las medallas que la salud de los atletas, ha pasado en muchos paises y seguira pasando, demasiados intereses,a pesar de todo,para mi Marta seguira siendo por siempre la mas grande.

  2. Era una atleta de élite que se dopó y luego ni siquiera fue capaz de dar la cara o pedir perdón. Únicamente denunció a quien se atrevió a cuestionarla. Fue una gran…tramposa y no merece ningún recuerdo ni felicitación por ello. Si en EEUU condenaron y encarcelaron a Marion Jones por algo parecido, ¿por qué aquí vamos a respetar a una atleta que ganó con trampas? Ella fue la primera en faltar al respeto a todas aquellas atletas que compitieron con ella y no se doparon. Me parece fenomenal que guarde silencio, pero que no espere que se la recuerde como una grande, precisamente.

  3. Q GRANDE eres MARTA !!!!!!!
    El que ha redactado esta noticia no contrasta para nada
    1- No se ha escondido sigue estando cercana a su gente
    2- No existe ningún exilio acércate a ella y con su eterna sonrisa te contestara como siempre
    3- En Venta de Baños y Palencia hay gente q muere por ella todavía no la entierres en vida
    4_ Yo si muero por ella

  4. No solo se dopo, sino que junto a otros tantos se lucro de la venta de sustancias prohibidas…puso en riesgo su salud y después gano dinero poniendo en riesgo la de los demás…ya veo que profesional fue como deportista y todo un ejemplo para las generaciones venideras. Como no…como en todo… aplaudir al tramposo y mejor enterrar al que con trabajo duro no llega a la cima ocupada por ellos.

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