Inicio Entrevistas De hacer 2h07 en maratón a conductor de autobuses por las noches 

De hacer 2h07 en maratón a conductor de autobuses por las noches 

javier cortes huete
Javier Cortés Huete recuerda, a los 49 años, cómo puede cambiar la vida de un hombre en una sola vida: de pelear por el récord de Europa de maratón hace 20 años a suspirar por un trabajo fijo. “Sin estabilidad la felicidad es muy difícil”, razona.  

Qué bueno fue Javier Cortés Huete.  

Aquel año 2001 en el que su marca en maratón (2h07’46” en Hamburgo) estuvo en el top ten de Europa 

Soñó entonces con batir el récord europeo de la distancia.  

Un año antes había ganado el maratón de Amsterdam, delante de todos esos keniatas, en un fin de semana que no parecía hecho para él.  

El día anterior se lo había pasado entero metido en la cama, en la habitación del hotel dolorido, destrozado, quizás hasta con fiebre, qué mala suerte tengo.

“Pero fue tomar una aspirina y fue como si resucitase”, recuerda hoy Javier Cortés, recién cumplidos los 49 años, que cumplió el lunes y Domingo López, el entrenador, su entrenador, el hombre que le acompañó por el mundo (Tokio, Nueva York, Edmonton, París, Londres, Hamburgo…), fue de los primeros en felicitarle.  

-Felicidades, Javier, muchas felicidades, Javier, ¿cómo estás?  

Le decía y le repetía Domingo, que ya tiene 81 años.  

Domingo, que era su entrenador y que compartía habitación en los viajes y en los hoteles con él: nunca había tenido un maratoniano tan bueno ni nunca volvió a tenerlo.

Pero es que Cortés, uff Javier Cortés qué bueno era Javier Cortés y qué pena que los veranos no se le diesen bien (Mundiales de Sevilla 99, Edmonton 2001, París 2003, Europeo Múnich 2002), “pero es que no: no valía para entrenar con calor”.  

Otra cosa fue la suerte. 

“Cuando mejor estaba, cuando hacía los entrenos más rápidos y más largos de mi vida me lesioné, tuvieron que operarme del tendón de Aquiles y ya nada volvió a ser como fue”.  

Pero ya pasó tiempo y apareció tiempo para olvidar: casi 20 años.

20 años cargados de mala cosa y de bajo ánimo, de inversiones que se apagaron, de una tienda de deportes que tuvo que cerrar, inestabilidad, maldita inestabilidad, sí.

“Lo he pasado mal”, admite él.

Hoy, sin embargo, promete que es feliz, que la estabilidad da la felicidad, que hace dos años, cuando no tenía nada, un amigo, que corría y que le admiraba, le ayudó a entrar en Tugsal, la empresa de autobuses en la que él trabajaba y, mira, desde entonces han pasado 2 años y a Javier nunca le ha faltado trabajo.

“El pasado 17 terminé contrato y el 18 ya estaba trabajando”.  
Y es feliz.  

“¿Tú sabes lo que es tener un trabajo después de cómo lo he pasado?”, te pregunta.  

Y el caso es que trabaja por las noches la línea que le toque (N-6, N-8, N-11…), de Badalona a Santa Coloma o adónde sea, conduciendo autobuses, dando gracias a la vida por estar ahí.  

Esta noche, a partir de las 23’30”: los demás nos iremos a dormir.  

Él se irá a trabajar.  

Volverá a casa por la mañana y aprovechará como siempre para hacer cosas, para llevar al niño al colegio o para arreglar la casa.  

Su mujer, Tere, la Teresa Pulido que conocimos, trabaja ahora en una empresa que suministra a la industria farmacéutica ¿y qué hace? “Hace pedidos”.  

Y esto es la felicidad de la gente que lo ha pasado mal y que derrotó a puñetazos a la nostalgia porque ellos fueron.  

Fueron mucho. 

“A veces, parece que esa vida nunca existió y te da pena, y te da nostalgia, y te da hasta rabia recordar como pude correr un maratón a 3’01″/km y a pensar ‘es que yo puedo hacerlo mejor'”.  

Hoy, hace 6 o 7 kilómetros por debajo de 4’00” y ya le duele todo, y es que no solo es el espejo el que nos recuerda que nos hacemos mayores. También las piernas.  

Pero a cambio está la bicicleta de carretera, cómo desahoga.  

Le sigue pegando duro Javier Cortés Huete. A veces, casi como cuando era atleta.  

Tere Pulido y Javier Cortés Huete

“Cuando me preguntan qué te dejo el atletismo siempre contesto: ‘lo más importante, mi mujer y mi hijo ¿te parece poco? Conocí a Teresa en una media maratón en Azpeitia y luego fuimos juntos, internacionales los dos, al Mundial de París”.  

Pero es que eran muy buenos. 

Y muy jóvenes.  

-¿Cómo estás, Javier? ¿Qué tal estás? -le pregunta el lunes Domingo López, antes y después de felicitarle por su cumpleaños (49).  

Recuerdan entonces.  

-¿Te acuerdas que la semana antes de ganar el Maratón de Amsterdam tenía faringitis?  

-¿Y te acuerdas cuando hice en Marsella (27’49”) la mejor marca española de 10 kilómetros en asfalto?   

-Y sí me acuerdo, claro que me acuerdo -contesta Domingo López, 81 años, al otro lado del teléfono desde Barcelona.  

Javier Cortés hace tiempo que se fue a vivir a Calella, junto a la a la Costa del Maresme, junto a su mujer Teresa Pulido (que fue campeona de España de maratón con 2h31’56), junto a su hijo Enzo (que ya tiene seis años): ahora está en el colegio. 

Él disfruta hablando de su hijo. Se le ve un hombre feliz.  

Y es lo que importa: ya nada importa tanto.  

Javier Cortés Huete, el hombre que corrió un 10.000 a 2’46″/km y un maratón a 3’01″/km, ése hombre ya no existe. 

Ya no vale la pena preguntarse qué hubiese sido de él si entonces hubiesen existido redes sociales, si Fiz y Antón no hubiesen arrasado con casi toda la popularidad en aquella época.   

Javier Cortés ahora es un hombre que se acuerda de lo que hace veintitantos años le dijo su padre:  

-¿Por qué no te sacas el carnet de conducir autobuses por si algún día vienen mal dadas?

Su padre tuvo ese día mano de santo. 


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