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Cuatro campeones de España contra viento y marea

Un dependiente del Primark, un policía, un informático y un autónomo  relatan lo que significa ser campeón de España en medio del silencio. “Te gastas lo mismo que si fueses quinto”.

Un día de 2015, Daniel Hernando cumplió el objetivo que se había marcado. Terminó el Ultra del Mont Blanc “y no sabía por dónde salir”. Y entonces se le ocurrió ir “a la escuela de atletismo de Fuenlabrada para que me enseñasen a correr. Y fue una de las mejores cosas que pude hacer en mi vida”. Y luego se animó a correr el Campeonato de España de 100 kilómetros en Santander. Y, en su primera vez, salió campeón de España, lo que no le había dado tiempo ni a pensar, con 7 horas 10 minutos “corriendo desde el kilómetro 60 con el dorsal en la mano” después de recogerlo del suelo.

Es la primera historia que escucho hoy, rodeado de cuatro campeones de España. Cuatro tipos anónimos entre los que Javier Martín Santos, dependiente en el Primark de la Gran Vía, se acuerda de cuando tenía 12 años. “A esa edad leí en la revista ‘Atletismo Español’ que existían carreras de 100 kilómetros”. Por alguna extraña razón, se le quedó grabado para siempre. La diferencia es que hoy, a los 32 años, ha cumplido con los recuerdos. Javier es campeón de España de 100 kilómetros y no sabe explicar por qué.

“Sólo sé que yo de chaval era mediofondista. Llegué a hacer 52’03” en 400 y 2’02” en 800 hasta que me harté. Mira que yo no bajar de 2 minutos en 800. Y dejé de correr. Pero cuando fui a trabajar a Valencia, donde corren señoras de hasta 90 años, me dije a mí mismo, ‘¿cómo no vas a volver tú a correr?’ Y volví. Y luego, cuando marché a Salamanca, coincidí con un compañero, que tenía 3’44” en 1.500, y no sé por qué a partir de ahí…, ya vino todo rodado y volví a ser el atleta que había dejado de ser”

Y hoy, Javier es campeón de España de 100 kilómetros como también lo es Ludisvildo Romero, de 47 años. Un hombre polivalente que tenía 3’55” en 1.500 o 2 horas 26 minutos en maratón y que un día se enfrentó a una apuesta que parecía muy visceral: “¿A qué no puedes tú correr 100 kilómetros?” Y no sólo los corrió, sino que iba a durar 12 años en la distancia, desde los 32 hasta los 44, cuando entendió que se había “cerrado un ciclo”, para él. “Tu cabeza puede querer, pero tus piernas dicen ‘basta’ y hay que hacerlas caso. Al final, la vida son ciclos que se abren y que se cierran y en medio de todo eso estás tú para decidir el momento”.

Juan Antonio Ramos también fue un exponente cuando llegó a los 100 kilómetros. “Me había aburrido del maratón”. Es más, acababa de realizar aquel año 2014 cuatro, “Sevilla, Madrid, San Sebastián y Chicago”, y se dio cuenta de que recuperaba muy rápido. Y entonces decidió apuntarse a los 100 kilómetros y fue la primera vez en su vida que salió campeón de España de veteranos. Quién se lo iba a decir a él, que ya tenía 45 años. Pero cada día descubrimos que la vida es una caja de sorpresas. Y esta vez iba a descubrir que los 100 kilómetros no son invulnerables y que, tal y como defendía en sus años de maratón, “al final, todo está en uno mismo”.

Tambien lo dice Ludisvildo, que tiene un trabajo duro en su propio almacén de materiales de construcción, pero aun así ha llegado a correr “8.500 kilómetros en el año 2008”. También archiva en su biografía semanas de “270 kilómetros en las que el sábado hacía un maratón y el domingo salía a entrenar 60. Me acuerdo que entre semana me levantaba a las cinco de la mañana para entrenar, que había que hacer peripecias y que comía en un cuarto de hora”.

Pero así es la vida. De hecho, cuando terminemos este reportaje, por encima de las ocho de la noche, Juan Antonio Ramos, que prepara los 100 km de Budapest en marzo, tiene entrenamiento, “5×2.000”, y al día siguiente por la mañana saldrá a rodar “18 o 20 kilómetros”. Pero así son las historias a las que nos enfrentamos hoy, en las que no se trata de desbaratar lo imposible, sino de contar lo que ha pasado. Javier Martín Santos, el empleado de Primark, lo explica de otra forma: “A mí me gusta tanto correr que no me importaría morir corriendo”. Daniel Hernando no llega hasta ese extremo, pero recuerda que cuando participó en el Mundial llegó a entrenar “hasta 197 kilómetros a la semana”.

Y no se sabe si todo esto es una locura o si ni tan siquiera hace falta emplear esa palabra. Tampoco se sabe si hay que pasar las de caín en carrera o si es preferible relativizar lo todo. Pero leemos para escuchar historias diferentes de las nuestras  como dice Ludisvildo que en estos doce años compitiendo en los 100 km ha llegado a viajar a Mundiales “y a dormir en caravanas o en cajas ajenas, porque todo era en plan muy Paco Martínez Soria por muy internacional que fuese la prueba. No llevábamos ni fisio ni medico ni nada”. Pero todo eso también forma parte de esta historia que Juan Antonio Ramos, policía de profesión, resume de forma muy emotiva: “Ser campeón de España es la leche”.

Y él lo ha sido. Y Ludisvildo también. Y Javier. Y Daniel, que es un informático que “en el campeonato de España en el que iba mejor preparado que nunca, en ese mismo campeonato en el que encabecé la prueba hasta el kilómetro 65, en ese campeonato me sucedió algo que nunca entenderé. A partir del kilómetro 65 empecé a vomitar como no lo he hecho nunca en mi vida. Llegué hasta a vomitar por la nariz”, recuerda hoy en esta tarde anónima y lluviosa de Madrid, donde los cuatro coinciden en remarcar que “no es caro ser campeón de España”. Y Juan Antonio Ramos añade: “Te cuesta lo mismo ser primero que ser quinto”.

-Si jugásemos al padel, al tenis o al fútbol seguro que nos gastaríamos más -matiza Daniel

Pero esto sólo son los viajes, el hotel o las zapatillas  que a Javier, el de Primark, no le duran “más de 400 kilómetros porque piso mal”. Pero no hay dinero mejor invertido que ése, puesto que al final renovar las zapatillas a tiempo es invertir en salud. Y lo dice él, que ha llegado a correr los 100 km entrenando una media de 66 km a la semana.

Los demás se extrañan  y a mí no me extraña porque esta es una tarde que se sale de lo corriente. La emoción sienta cátedra. Luidisvildo, a pesar de tantos machaques corriendo, asegura que a nivel articular está “bien, sin ningún problema”. Y lo dice él, que es entrenador nacional y que ahora valora más acompañar a los demás a hacer marca que buscar su propia marca. Y le escucha el gran Juan Antonio Ramos, al que a los 51 años le quedan “tres cartuchos más en los 100 kilómetros y lo dejo”. O eso dice hoy mientras que Javier y Daniel aún no ponen fecha de caducidad a esta aventura. Es más, diría que se les nota en la mirada que lo mejor está por llegar.  Pero eso ya será el día de mañana.

La realidad es que yo nunca había imaginado realizar una historia como ésta hasta el día en el que Juan Antonio me la propuso: “¿Qué te parece reunir a los últimos cuatro campeones de España de 100 kilómetros?” Y entonces abrí los ojos. Y buscamos una tarde de viernes. Y, una vez que los reunimos a todos, me dediqué a escuchar y a tomar apuntes. El resumen es lo que ustedes acaban de leer. Pero, por encima de todo, en esta historia sólo se trata de entender que la felicidad es como el esfuerzo: da mucho trabajo. Y, a partir de ahí, cada uno le da  su propio significado, que quizás sea lo mas importante de todo.


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