“Cuando tenía 20 meses estuve tres días en coma”

“Cuando tenía 20 meses estuve tres días en coma”

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La otra historia de Alberto Armas, un atleta mediocre que hoy es uno de los representantes punteros del atletismo español. Hasta los 11 años no le dieron el alta médica definitiva. Hoy es un hombre “capaz de vender hielo a los esquimales” y que habla claro a los atletas: “Ya no vale solo con el CV deportivo para ganar dinero”

Tiene 42 años. Lleva 15 en esta profesión, desde que empezó a los 27 cuando empezó a representar a atletas entre los que los había mayores que él. No fue un error. Hoy es su vida. Es más, hablar con él es doctorarse en estos tiempos que nos toca vivir. Por eso ya no podemos quedarnos sólo en los resultados. También debemos  hablar de la importancia de la imagen y de  lo que la acompaña en redes sociales. Así es el discurso de Alberto Armas, que fue un atleta mediocre y que hoy representa a atletas como Bruno Hortelano, Pablo Torrijos, Eusebio Cáceres, María Pérez… que este año han vivido lo que no han vivido nunca: la crisis del COVID-19. “Aquí nadie va a morirse de hambre”, replica Armas, que se niega a verlo todo negro. “Debemos dar más opciones al optimismo”. Quizá porque su vida, que arrancó en la isla del Hierro, es un alegato al optimismo. “A los 20 meses estuve tres días en coma por un accidente de tráfico con mis padres”.

Pregunta. No lo sabía.
Respuesta. De eso no me acuerdo, pero sí me acuerdo a los 11 años: el día que me dieron el alta definitiva, porque no era fácil creer en ése día, en las secuelas que me podían quedar. Sin embargo, hoy si no fuese por la cicatriz que tengo en la cabeza… No queda nada más que el recuerdo de ese día, a los 11 años. Es más, todavía me emociona.

P. ¿Qué aprendió de aquello?
R. Tengo malos días, como todo el mundo. Pero en general me hizo optimista. Hasta demasiado optimista le diría yo. Y después ha sido el resto de la vida: el haber aprendido que la cabeza es más importante que las condiciones, el haber descubierto que tengo cabeza para los negocios… Por eso sé que ahora nos espera algo muy duro cuando pase la crisis del COVID-19, pero siempre prefiero dar más opciones al optimismo.

P. Sin embargo, en Twitter usted ha dado lecciones de pesimismo en esta crisis. 
R. No soy quien para dar lecciones a nadie.

P. Daba la impresión de que lo veía todo negro: el periodista Ángel Cruz casi se enfadó con usted por ese motivo.  
R. Soy realista, eso sí es verdad. Y si la gestión política de toda esta crisis me ha parecido nefasta lo digo. Pero a cambio le puedo decir que tengo un grupo de Whatsapp con atletas míos que, si no pasa nada, deberían ir a Tokio y ya les he planteado la opción de competir a finales de agosto o, a lo sumo, en septiembre. De hecho, yo trabajo con esa idea porque el atleta necesita motivaciones próximas y ¿quién dice que de este año algunos aún no puedan sacar su mejor marca?

P. ¿Volverá usted a hoteles de cinco estrellas?
R. Tardaré más o menos, pero sí, seguro. Las dificultades me enseñan a que podemos vender aún mejor nuestro producto. Si todos nos hemos tirado 4 o 5 horas viendo un partido de Nadal ¿por qué no vamos a pasar ese tiempo viendo atletismo? Pero debemos venderlo mejor y tengo la impresión de que aún podemos hacerlo.

P. ¿Usted ha sabido vender el atletismo?
R. Todos hemos tenido fallos, yo el primero. Pero desde 2005, desde que empecé con la marcha, nunca he dejado de intentarlo. He llegado a llevar 224 deportistas de 33 países diferentes y en este tiempo nunca he perdido la humildad entre otras cosas porque sé lo que es ser humilde. Fui un atleta mediocre. Ahora sólo soy un hombre que busca los recursos que los atletas necesitan y que sabe que a veces puede ser difícil, muy difícil como me demostró la crisis de 2008. Pero aquí sigo.

P. ¿Se pasa la vida pidiendo dinero?
R. No creo que ésa sea la definición de mi trabajo. Pero es verdad que esto ha cambiado. Antes conseguias que te diesen dinero y con dar las ‘gracias’ era suficiente. Pero ahora tienes que demostrarle al patrocinador que ese dinero está bien invertido. Tengo atletas que sí pero también tengo a otros que no generan tanto y hay que trabajar mucho en ello.

P. ¿Y cómo se trabaja?
R. Se trabaja la imagen, la comunicación del deportista, sobre todo. Sin ir más lejos, el hecho de que un atleta cree contenido en redes sociales. Eso a día de hoy es muy importante porque va a generar recursos, que es lo que busca el patrocinador.

P. ¿Entonces un atleta cambia de precio según el número de seguidores que tenga?
R. Antes sí, pero ahora ya no, tampoco, porque se ha demostrado que lo que importa no es el número de seguidores sino que esos seguidores sean válidos. Hay gente que ha comprado seguidores y ése no es el camino, eso sólo es un número.

P. ¿Usted ha comprado seguidores?
R. No, eso sería como el dopaje, ganar algo que no mereces o que no te has ganado por ti mismo. Yo no quiero eso. Por eso nunca he animado a nadie a hacerlo porque al final todo sale. Se han encontrado perfiles que tienen muchos seguidores y, sin embargo, sus publicaciones tienen pocos ‘likes’. Automáticamente te das cuenta de que algo falla ahí y de que ése no es el camino.

P. No se pueden dar nombres.
R. No, claro.

P. Qué vida ésta.
R. Hoy en día, se mide todo al milímetro. Hasta no hace tanto es verdad que no era así. No te pedían justificación para nada y de alguna manera eso provocaba que una mayoría viviésemos por encima de nuestras posibilidades, incluidos los atletas. Pero eso hoy ya no: ya no puede ser.

P. Vivimos en un mundo tan mediático.
R. Pero es en el mundo en el que hay que aprender a vivir. Se lo estoy dejando claro. Antes tú presentabas el currículum de un deportista y bastaba. Sin embargo, ahora eso ya casi es lo de menos. Ahora, además de la tarjeta de presentación deportiva, debes presentar una imagen, demostrar que ese atleta sabe vender su producto.

P. Entonces le pueden obligar a uno casi a todo por imagen: a cortarse el pelo o a rasurarse la cabeza.
R. A esos niveles yo ya no he llegado. Pero sí es verdad que la imagen se trabaja muchísimo. Cuando empecé en el golf siempre me acordaré de lo que decíamos a los golfistas: tú no puedes ir a jugar mal vestido porque corres el peligro de que las marcas se alejen de ti. Si haces algo que al patrocinador no le gusta… Es un peligro. Alejate del peligro. Pero si por el contrario tu imagen vende, aunque tus resultados no sean los mejores… En ese sentido todos recordamos el caso de Anna Kournikova en tenis. Sin ganar grandes cosas generaba grandes contratos de publicidad.

P. El atletismo tampoco es tan mediático.
R. Yo le diría que hay pocos deportistas tan mediáticos como Bruno Hortelano.

P. Lleva mucho tiempo sin ganar nada.
R. Sin embargo, en esta cuarentena Bruno ha estado presente continuamente en los medios lo que demuestra que no sólo venden los resultados. También los valores que transmiten los deportistas y en ese sentido Bruno es un deportista que habla perfectamente inglés y que ha sufrido percances con los que la sociedad se siente muy identificada.

P. Entonces con Bruno Hortelano ha hecho usted un negocio redondo.
R. No, aún me queda por hacerlo.

P. ¿Qué valor tiene hoy en día una entrevista con Bruno Hortelano?
R. Una de las últimas que le han hecho ha sido para una publicación del Comité Olímpico Internacional y ha sido traducida a siete idiomas. Es más, ante la demanda que ha tenido, la sacaron en todas las plataformas lo que da una idea de lo que significa Bruno Hortelano. De hecho, su principal patrocinador a nivel internacional es una multinacional americana.

P. ¿El accidente reforzó el valor de Hortelano?
R. Al final, todo aporta en la vida. Hasta lo más negativo y es verdad que, tras el accidente, firmamos acuerdos superiores pero también lo es que perdimos otros. Pero sobre todo lo importante es demostrar que hay salida frente a un accidente, que el miedo puede superarse. Mire, lo que le he contado que me pasó a mí a los 20 meses yo estuve tres días  en coma por un accidente de tráfico. Y si eres capaz de salir de aquello ¿de qué no vas a ser capaz?

P. Quizás por eso es usted tan bueno en su trabajo.
R. No soy quién. Hago todo con el corazón. Me excita lo que hago. Siempre digo que estoy viviendo un sueño, porque yo vengo de lo más recóndito, de una isla que no llega ni a los diez mil habitantes, la isla del Hierro, donde no hay pistas de atletismo ni campos de golf. Y, sin embargo, aquí estoy y nadie me ha regalado nada excepto la educación que me dieron mis padres.

P. ¿Sueña con ganar más y más dinero?
R. Admito que el dinero es importante. Tengo una hipoteca, tengo un hijo de siete años. El dinero importa. Claro que importa. Pero si pensase más en el dinero yo estaría en el golf. Tenía tres clientes muy importantes y lo dejé en ‘stand by’ por hacer lo que hago en el atletismo.

P. ¿Lleva usted atletas mileuristas?
R. Sí, claro, y trabajamos para que dejen de ser mileuristas y ellos se sacrifican para lograrlo entre otras cosas porque hay que ser realistas: las cosas no están como para tocar la flauta  en casi ningún lado, en casi ningún sector. En todos te cuentan que el trabajo está difícil. Por eso es tan importante perseverar.

P. Y usted persevera.
R. Creo que soy un buen comercial. Sobre todo si creo en el producto. Entonces soy capaz de vender hielo a los esquimales. Pero necesito creer porque al patrocinador le puedes engañar una vez pero no más. Al siguiente año te dará la patada si realmente no lo puedes justificar. Por eso necesito creer. Me resulta imposible trabajar con clientes en los que no creo.

P. ¿Teme que haya empresas que no le cojan el teléfono con la crisis que viene?
R. No creo. Hasta ese punto no. Ante todo, está la educación. Pero, además, nosotros trabajamos siempre para dejar las puertas abiertas. A partir de ahí sabemos que la vida da muchas vueltas y que, si realmente lo mereces, siempre vas a encontrar un hueco en el mercado. Pero tenemos que ser conscientes de lo que pide ese mercado: los atletas los primeros.

P. Ha quedado clarísimo en esta conversación.
R. Mire, lo primordial es la preparación. Sin estar bien preparados no somos nadie. Pero a partir de ahí suceden cosas como las que nos ha contado Saúl Craviotto. Tiene mas seguidores por haber ganado en Master Chef que por haber sido campeón olímpico. Sé que esto parece extraño pero es así y también sé que no todo el mundo vale para venderse. Pero precisamente  nosotros trabajamos para ayudarles: ponemos nuestra experiencia a su servicio.

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