Un ángel caído del cielo: “Sin haber tenido nunca entrenador, hice 1’46”...

Un ángel caído del cielo: “Sin haber tenido nunca entrenador, hice 1’46” en 800″

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Hasta los 24 años, Jesús Gómez no sabía lo que era un fartlek o una serie de 1.000. Hoy, a los 27, ya es campeón de España de 1.500 metros al aire libre y ahora tiene mínima en tres pruebas para el Europeo de Glasgow. 

Hoy no puede ser un día más. No debería. Al menos, para mí, que desconocía rotundamente esta historia: desconocía que él, a los 24 años, “sin haber tenido nunca entrenador”, llegó a hacer 1’46″83 en un 800 en aquel mitin en la pista de Moratalaz. Pero entonces recuerdo que en la vida también hay ángeles caídos del cielo, maravillosas historias que aparecen sin avisar y que te recuerdan que esto es lo más grande: mañana puedes ser tú. Hoy, sin embargo, es él, Jesús Gómez, nacido y residente en Burgos, en la Avenida del Cid. Un tipo que acepta este papel con máxima naturalidad. “No le he mentido en nada”, dirá en la despedida de esta conversación en la que se presenta como el hijo de un agricultor de 70 años, en cuyas tierras, en Castellanos de Castro, a 40 kilómetros de Burgos, se trabaja el cereal de secano. Allí hace cuatro años no se podían ni imaginar días como estos, invierno de 2019, en los que Jesús ha logrado la mínima en tres pruebas distintas para el Europeo de Glasgow: 800 (1’47″93), 1.500 (3’40″24) y 3.000 (7’48″76). ¿Qué es eso del atletismo?, preguntaban por allí entonces.

Jesús, “tras terminar el grado superior de fabricación mecánica”, trabajaba de agricultor. No había otro futuro más previsible para él que, desde niño, se familiarizó con las voces del campo. “Hay que trabajar cada día y aun así tienes el peligro de que vengan mal dadas por culpa de una sequía o de un granizo”. Pero un día le dio participar en carreras populares, “y dado que no se me daba mal”, empezó a entrenar “con Nacho y con Rubén, dos amigos míos que hacían atletismo desde pequeños”. Jesús tenía 24 años. “Tomábamos un café, calentábamos y empezábamos a entrenar lo que ellos decían, porque yo no tenía ni idea de nada. No sabía ni lo que era un fartlek ni una serie de 1.000”. No había nada que discutir. “Si hacían 200, 200. Y si decían 500, 500, lo que fuese. Y, naturalmente, las recuperaciones eran las que me decían ellos”, insiste. “Yo sólo me adaptaba a sus ritmos hasta que empecé a ir a carreras y a superarles”.

No lo sabía ni él ni ellos que podía ganarles. “Tampoco era mi idea”, replica hoy Jesús, que es verdad que, antes de ese 800 en Moratalaz, corrió “un 1.500 en 3’44” en Los Corrales de Buelna y un 800 en Huelva en 1’47″03″ que fueron como su candidatura a los Óscar. “Pero todo esto sin entrenador, como le estoy diciendo, porque para mí este era un mundo que desconocía”, insiste a los 27 años como protagonista de una historia que nunca imaginó. “Yo no tenía cultura de atleta: toda mi relación con el atletismo se reducía a una postal, que aún tengo en mi habitación y que, siendo niño, me dio personalmente una vez en la que coincidimos Juan Carlos Higuero, que era un mito en mi tierra”, añade Jesús Gómez, reconvertido ahora en ciudadano del mundo, porque esas son las cosas que pasan cuando a uno le toca la lotería. Es imposible seguir viviendo de la misma manera. De ahí el invulnerable poder de esta historia, que es un contrato firmado con lo impensable. Un Best Seller resumido en 1’46″83. “Hay un entrenador en Burgos, Benjamín Álvarez, que es un militar y que, a partir de entonces, me ofreció entrenar con su grupo, y no lo dudé. Tenía que decir que sí. Era una oportunidad para mí y las oportunidades hay que aprovecharlas”.

Desde entonces, su vida de atleta viaja en limusina.  “El verano pasado fui campeón de España de 1.500 metros con 3’38″63 y me quedé a 50 centésimas de hacer mínima para ir al Europeo de Berlín”. Sin embargo, este invierno da la sensación de que se ha puesto de acuerdo con él para llegar al fin del mundo. “Me lo jugaré todo este fin de semana en el Nacional de Antequera para ir al Europeo de pista cubierta de Glasgow, porque somos varios los que tenemos mínima. Si lo consigo, estaría bien. Pero sino lo logro no pasaría nada. Seguiremos intentándolo. No he venido aquí para agobiarme, entre otras razones porque Benjamín, mi entrenador, me lo impedirá. La seguridad que me da ese hombre no la cambio por nada. Me ha convencido de que aquí no hay más. La cosa está clara: ‘sólo se trata de hacer algo que depende de ti: correr’, me dice siempre y mientras yo pueda correr no tengo porque fijarme en los demás”, añade Jesús Gómez, que este invierno ha hecho pocos miles a 2’30” en los entrenos, nada de salvajadas. “Pero es que tampoco habremos ido más de diez veces a la pista de San Amaro”.

También recuerda que “hay un día a la semana” que descansa “por completo” y que las veces en las que dobla son muy light. “Por la mañana solo es un calentamiento”, explica Jesús, que entrena a la orilla del río Arlanzón, en el parque de La Quinta de Burgos, donde no contabiliza los kilómetros que hace a la semana. “No tengo ni idea”. Es más, al preguntarle por su entrenamiento perfecto, le cuesta recordar algún día. “Una vez hice un 1.000 en 2’18” y un 500 en 1’02” con 6’00” de recuperación“. Pero quizá lo más valioso de escuchar  en su caso es que ni se le ocurre poner en problemas a la paciencia. “Si me impaciento enseguida tengo a mi entrenador para recordarme que esto es paciencia. Pero me parece que difícil que yo me impaciente. He sido agricultor. Más bien, soy agricultor porque sigo trabajando en ello, y el campo, por encima de todo, te acostumbra a la paciencia”.

Hoy, no llega a los 1.000 euros con el atletismo. “Podría decirle que no me importa, pero sí me importa, porque claro que quiero ganar más. Estoy haciendo un esfuerzo. Me estoy privando de cosas para intentarlo”. Sin embargo, el futuro no le roba tanto tiempo en la cabeza. La vida ya le ha demostrado que el futuro es un gran desconocido. “Pero es que también hay que saber relajarse y yo me relajo fácilmente. Me basta con bajar a la calle a dar un paseo con el perro, sacar un rato para leer o cualquier otra cosa”, añade él en estos días destinados a soñar y en los que la ventana de su habitación, con vistas a la Catedral de Burgos, representa el escenario perfecto. “Pero tampoco se crea que soy mucho de soñar. Las cosas hay que aceptarlas como vienen y hacer lo posible para que sean como tú quieres que sean”, insiste  Jesús Gómez, que el 24 de abril cumplirá 28 años y seguirá sin cambiar nada. Seguirá siendo un ángel caído del cielo y tal vez seguirá diciendo lo que me dijo hoy en la despedida: “No le he mentido en nada”. Quizá porque hay historias como ésta que demuestran que es mentira que la imaginación llegue a todas partes. Yo mismo nunca me hubiese atrevido a imaginar esta historia.

@AlfredoVaronaA 

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