Amat, Higuero y Gerardo Cebrián: a mí me gustan

Amat, Higuero y Gerardo Cebrián: a mí me gustan

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Son los hombres que retransmiten el atletismo por televisión y que ya forman parte de nosotros. Así lo veo yo. 

Esta mañana he vuelto a leer a Gerardo Cebrián en Twitter. Pero no es lo mismo. Leerle no es como escucharle por televisión en esos momentos tan apreciados en los que pueden ocurrir cosas tan maravillosas como que Adrián Ben se meta en una final de 800 o que  Muhammad logre el récord del mundo de 400 metros vallas en una tarde de viernes. Y entonces aparece la voz de Gerardo casi siempre para decir la última palabra: la que nos aleja de la indiferencia estemos o estemos no de acuerdo.  Pero este es el precio de hablar por televisión.

A su lado, está Higuero, que se ha convertido en un narrador importante. No me cabe duda que esto es un proceso de años. Que en los momentos en los que nadie le ve trabaja la palabra con la dedicación que antes trabajaba las piernas. Quién nos lo iba a decir que algún día Juan Carlos Higuero tendría 41 años y aparecería tan formal en televisión. Todavía nos acordamos de él con el pelo pintado de amarillo en la pista.

A Amat Carceller, el primer o tercer hombre de esta historia, no le conozco de nada. Tiene el misterio de los hombres públicos que nunca aparecieron en redes sociales. Pero en las retransmisiones de atletismo en  televisión me parece como una vela encendida que sabe cuando aparecer o cuando callar. Quizá sea un mérito o quizás no. Pero nos ayuda a explicar que no hay nada como dominar los tiempos en lo que uno hace.

El resto del trabajo lo gobierna la pasión que esta vez es como un título académico. Una clase de RRHH en la que estoy convencido de que el peor momento que pasa Gerardo Cebrián en las retransmisiones es en el momento de la despedida. Si fuese por él me parece que aún seguiría hablando de atletismo: volviendo a trasladar a la televisión la democracia de las redes sociales, a poner el corazón a mil en la última recta, a sentirlo como una parte mas de su familia y quién sabe si volviendo a narrar algún día una medalla de oro olímpica como la de Ruth Beitia.

A su lado, Higuero esperará su momento. Luego, acabado todo,  volverá a su hábitat natural, a poner voz a esas carreras en los pueblos y a regalar lo que aprendió del atletismo que es como regalar sentido común.

Amat, sin embargo, desaparecerá de nuestras vidas hasta la siguiente retransmisión.

Mientras tanto, recordaremos todos estos momentos que volvió a dejarnos Doha y que se consolidaron en nuestra memoria:  Coleman, Cheruiyot, Edris, Gardiner…. Toda esa pasión que a veces se convirtió en rabia declarada como en aquel momento en el que Amat, Higuero y Cebrián tampoco sabían lo que decir.  McLeod no solo interrumpió a Orlando en la final de  110 vallas. También pasó como un tren de mercancías por nuestras vidas.

Me parece que si esa noche hubiese tenido a mi lado a Gerardo Cebrián, no me hubiese atrevido a darle ni las ‘buenas noches’. Pero, mejor así, a mí me gusta esa gente que lo siente tan dentro y que no lo disimula. Al final, es parte de nosotros porque cuesta muchísimo mas olvidarla.

Y, sí, es verdad que la magia la pusieron los atletas. Pero las palabras volvieron a ponerlos ellos tres por televisión. Y si no fuese por las palabras nada sería lo mismo. No tendríamos con quién compararnos. No podríamos decir ‘este tío lleva razón’ o ‘este tío es idiota’.

Las palabras son la banda sonora de toda esta historia: te atrapan como el fuego o te hacen perder el control de tus propios zapatos, todo depende.

Y, sí, a mí, personalmente, me gustan estos tres tipos del mismo modo que lo diría si no me gustasen. Pero me gusta ese equipo en el que Gerardo Cebrián es el profesor que te entrega las notas de los exámenes, Higuero el auxiliar de enfermería sin el que en planta  no se funciona igual y Amat Carceller un tipo que supo encontrar su sitio.

Supongo que serán buenos porque sino no estarían ahí. Una parte de lo que sabemos de atletismo se lo agradecemos a ellos, a sus invitados y a esos folios que les acompañan encima de la mesa, que son como una central de datos y que demuestran que hacerlo bien es una posibilidad.

También nos recuerdan que la necesidad de escuchar nos acompañará siempre y que alguien tiene que contar toda esta historia de manera que el día en el que nos hagamos mas mayores y estos señores cedan el testigo a otros…, recordaremos aquel atletismo que retransmitían Amat, Higuero y Gerardo Cebrián como uno recuerda con nostalgia la época de Gregorio Parra, José Ángel de la Casa, Carlos Martín…, porque al final siempre sucede lo mismo: todo pasa y todo queda. Y eso no cambiará nunca.

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