Antoine Griezmann durante el Barça-Betis de La Liga 2020/21

La sonrisa del príncipe

OPINIÓN

Xavi Torres

@xavitorresll

Un día, no hace mucho, alguien se atrevió a afirmar que Griezmann estaba en condiciones de sentarse a comer en la misma mesa que Messi Cristiano Ronaldo. Decían que el príncipe había madurado tanto en su juego que el reinado de los ganadores de once de los últimos doce Balones de Oro estaba en peligro. Sin embargo, su rendimiento en el Barcelona ha dejado tanto que desear que su buen partido ante Osasuna ha resucitado las esperanzas del seguidor azulgrana. ¿Por qué jugó bien? ¿Tal vez porque, tras la polémica protagonizada por miembros de su entorno atacando a Messi, le vino bien la entrevista con Jorge Valdano para sacarse algunos fantasmas de encima? No nos lo parece. ¿Por el gol que le marcó al Dinamo o el de anteayer? Pues, tampoco nos da esta impresión. ¿Porque ha pasado el tiempo y el futbolista ha ganado en confianza? Pues, miren, no.

Ya hemos comentado alguna vez en este espacio alguna de las máximas del maestro Laureano Ruiz -por cierto, recién intervenido. ¡Muchos ánimos y pronta recuperación!-. Repite el técnico cántabro que “los mejores futbolistas no hacen siempre el mejor equipo”. Algo de eso ha pasado con Griezmann. Pensó Koeman que lo mejor para el equipo sería alinear juntos a sus mejores delanteros para tratar de compensar la ausencia de un ‘9’. Pensó que Messi, Fati, Coutinho y Griezmann darían para mucho pero el balón, una vez más, impuso su ley. En el juego de las combinaciones, Pedri se ganó un sitio pero el colectivo siguió sin rumbo. Tampoco Dembélé Trincao mejoraron nada. Ante el Dinamo, Koeman optó por Braithwaite, su delantero menos dotado, para dar descanso a los titulares: marcó dos goles y provocó un penalti pero no fue eso -que también- lo que más le gustó.

De repente, algo encajó en la cabeza del héroe de Wembley. Ese ‘algo’ le permitió repetir titularidad ante Osasuna. Ese ‘algo’, sin balón, es la generosidad para la presión y el trabajo en la zona de Messi. Ese ‘algo’, con la posesión azulgrana, es su permanente desmarque en profundidad -reciba o no el balón-, su colocación para fijar centrales y sus movimientos para generar los espacios... que le encantan a Messi. Y también a Griezmann. Se convirtió en príncipe tras leer el juego detrás de Diego Costa en el Atlético y Olivier Giroud, en la selección. Y ante el equipo navarro marcó, asistió, entró desde la segunda línea y corrió al espacio como nunca lo había hecho de azulgrana. Y también combinó con Messi para construir veinte ataques, cifras invisibles hasta el momento. Parece indiscutible que el dibujo favorece a Griezmann. Otra cosa es si Braithwaite, que da para lo que da, debe ser el 9 del Barça...

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