El Barça ya impera en la Liga gracias a Adriano

Cuando el once inicial pasó del papel (o del tweet) al césped, descubrimos la apuesta de Guardiola que superaba al previsible 3-4-3. Tres atrás, sí. Pero a partir de aquí, mayor presencia ofensiva. Sergio Busquets cubriendo las espaldas de Xavi y Thiago, mientras que Villa y Adriano se sumaban al ataque, donde Pedro y Messi se alternaban de falsos 'nueves'. El Molinón era el envoltorio de un 3-3-4 en busca del gol.

Lluís Payarols

Enfrente, un Sporting cerrado a cal y canto. Mar de piernas para intentar evitar los aldabonazos barcelonistas y confianza en la velocidad de De las Cuevas, Trejo y Barral en alguna contra soñada. Preciado sabía que jugar de tú a tú a este Barça era un suicidio. Les tocaba sufrir porque los de Guardiola apretaron desde el principio.

El césped entre la línea divisoria y Valdés quedaba intacto. Casi nadie pisaba esa zona en los primeros minutos, con Villa dispuesto a mancillar el patio de su casa. Primero probó un centro que acabó en córner. Después, un disparo que salió alto. No tuvo suerte.

Pero esa suerte sí que sonrió al alegre Adriano. Fue después de que Xavi pusiera a prueba la resistencia del poste derecho de la portería de Juan Pablo con uno de sus obuses. El brasileño aprovechó el rechace para disparar tan fuerte como pudo y ganar la partida al meta después de que el balón impactara en un defensa gijonés.

DESPIERTA EL SPORTING

Un gol que hacía justicia a lo que se estaba viendo y que pudo tener compañía tres minutos después, cuando Thiago asistió a Villa y éste obligó a lucirse a Juan Pablo. La acción no acabó ahí, ya que Messi volvió a encontrar al 'Guaje' y éste estrelló el balón en la red exterior de la portería sportinguista.

Sin embargo, el Sporting cambió a partir de ese instante. Las líneas del equipo de Preciado empezaban a adelantarse y a jugársela dejando a los atacantes del Barça en fuera de juego. Menos embotellamiento asturiano pero sin inquietar a Valdés. Como ejemplo, un remate inocente de Trejo que se marchó lejos de la portería. La defensa de tres era puesta a prueba a base de sprints como el que se marcó De las Cuevas... y Alves, quien sacó con limpieza el balón antes de que el sportinguista ensayara el chut.

Messi, marcado hasta por el que corta las entradas, se empecinaba en el último regate. Lo frenaban como podían. A veces, derribándole en el área como hizo De las Cuevas en el minuto 35. Clos Gómez, como ya es norma últimamente, miró hacia Valencia y la pena máxima se quedó en el limbo.

La primera parte murió con la lentitud de Barral al controlar un balón en el área del Barça, aprovechada por un efectivo Abidal. Y con un choque fortuito entre la rodilla de Alves y la cabeza de Mascherano que acabó con el argentino conmocionado. Al final, solo fue un susto en una primera parte en la que el Barça mandaba a medias.

ALARMA ABIDAL

Viendo que el Barça no mataba el partido, el Sporting siguió envalentonándose. Los de Guardiola no jugaban con tanta fluidez y se encontraban con contratiempos añadidos. No habían pasado ni ocho minutos cuando Eric Abidal cayó sobre el pasto de El Molinón, echándose la mano al muslo. ¡Otra lesión muscular!

El técnico reaccionó rápido con un doble cambio para deshacer el modelo de inicio. Maxwell entró por el francés y poco después, Pedro dejó su puesto a... ¡Piqué! Regresaba la defensa de cuatro, con Piqué y Mascherano por el centro y Maxwell y Alves en los laterales.

Pero el Sporting seguía mostrándose inocente. El resumen ofensivo de los de Preciado se reducía a un disparo de Barral envenenado por el toque en un defensa del Barça que acabó en córner. Los ataques del Barça eran esas jugadas que recordaban más al balonmano que al fútbol, con el balón moviéndose por el contorno del área y sin inquietar a Juan Pablo.

SIN FORTUNA

Un cabezazo de Messi llegando desde la segunda línea fue la única oportunidad clara entre los tres palos, aunque el tiempo de juego jugaba a favor de los de Guardiola. Preciado buscó el jaque apostando por Mate Bilic a la caza del gol perdido, creyendo que el empate era posible. Al Barça le tocaba seguir durmiendo el balón y poniendo a prueba a los árbitros asistentes, cuando un zambombazo de Messi rechazado por Juan Pablo llegaba a los pies de Alves, quien estaba en el momento del chut en fuera de juego.

Quedaba un tiempo de añadido abonado a alguna que otra imprecisión barcelonista en defensa que indignó a Guardiola. El 0-1 no invitaba a la relajación, por mucho que el Sporting no hubiera asustado a Valdés. Messi, después de sufrir una dura falta por parte de Barral que costó la tarjeta amarilla a Busquets por protestar -olé tú, Clos-, tuvo la última del partido en un libre directo que estrelló en la barrera.

El pitido del aragonés cerró el partido en el que el Barça hizo lo justo para lograr tres puntos de liderato. Un triunfo para afrontar el enésimo parón internacional en lo más alto de la tabla, aunque para estudiar por qué no se matan los encuentros cuando se debe. En Anoeta salió cruz y en El Molinón salió cara. Adriano giró la moneda y a otra cosa, mariposa.

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