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MUNDIAL 2026

Martinelli culmina la remontada y mete a Brasil en octavos con un gol agónico en el minuto 96

El equipo de Ancelotti, que jugó mal y sufrió lo indecible, coqueteó con la eliminación y solo pudo superar a Japón con dos goles tras el descanso (2-1)

Casemiro: "Todos los equipos ya son siempre muy difíciles"

Casemiro: "Todos los equipos ya son siempre muy difíciles" / Perform

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Joaquim Piera

Joaquim Piera

A falta de fútbol, épica. Brasil salvó los muebles ante Japón gracias a un tanto en el minuto 96 de Gabriel Martinelli, con el que culminó la remontada (2-1) en un segundo tiempo en el que, con empuje y ganas, maquilló sus carencias futbolísticas.

Los Samuráis Azules (que esta vez iban de blanco) no pudieron romper el gafe y siguen sin superar una eliminatoria a partido único en un Mundial. Sin embargo, se marchan a casa con la victoria moral de haber puesto al descubierto las debilidades estructurales de la Canarinha, una selección de juego muy rácano. Si el equipo de Ancelotti ganó y está en octavos de final fue porque creyó en la calidad superior de sus delanteros.

Riqueza táctica de los Samuráis

Quizás por el peso de la historia, los nipones rehuyeron el intercambio de golpes y abrazaron la cautela, con un muro defensivo de cinco integrantes y las líneas bien juntas, compactas y disciplinadas. La Canarinha, con empuje, aprovechó para dictar el ritmo de la contienda mediante largas posesiones en campo rival, bien administradas, pero encontrando muchísimas dificultades para acelerar el juego, encontrar espacios, pese a los constantes cambios de orientación, e intimidar al gigante Suzuki. Era un juego de paciencia.

Tras la pausa de hidratación, los Samuráis Azules sorprendieron con un nuevo registro táctico. Adelantaron la presión, elevaron el bloque hasta el área brasileña y golpearon primero.

Brasil encontró enormes dificultades para sacar el balón jugado. Asfixiada e incómoda, la Seleção pagó caro un error infantil de Danilo en un pase fácil horizontal en la zona ancha, lo que desencadenó una rápida transición japonesa. Kaishu Sano avanzó con demasiada facilidad por el carril central, sin que ningún brasileño saliera a encimarle —Casemiro ya jugaba condicionado desde hacía más de diez minutos por una tarjeta amarilla—, y culminó la jugada con un disparo raso y ajustado al palo desde la frontal ante el que Alisson no pudo hacer nada.

Kaishu Sano en la acción en la que marcó el 0-1

Kaishu Sano en la acción en la que marcó el 0-1 / SAM WASSON

El 0-1 dejó helada a la Seleção. La pizarra de Hajime Moriyasu le aplicó un nudo táctico a Ancelotti y dejó al descubierto todas las carencias de Brasil: un ataque previsible, sin imaginación, una estructura defensiva inconsistente y demasiadas dificultades para reaccionar cuando el rival cambiaba el guion.

Brasil acusó muchísimo el golpe del tanto encajado. La reacción, a través de la individualidad, no llegaba y los canarinhos se descompusieron. El desaguisado táctico estaba personaificado en Casemiro, un agujero negro que atría a su selección hacia el naufragio.

Reaacción canarinha

Ancelotti intentó poner la casa en orden en el descanso. Salió el lesionado Lucas Paquetá, con molestias en la parte posterior de la pierna izquierda, y Carletto arriesgó con Endrick, convertido en clamor popular desde el inicio de la competición. Casemiro siguió. Brasil, con cuatro delanteros, tenía 45 minutos para evitar uno de los KO más dolorosos de su historia mundialista.

No mejoró colectivamente la Canarinha, que puso todas sus fichas en el corazón, en sus nombres propios y en poner balones en el área. En el minuto 51, Brasil, por fin, tuvo una oportunidad de mérito: centró Danilo desde la derecha, remató de cabeza Bruno Guimarães y la sacó Suzuki con un paradón. Primer aviso.

Acto seguido, el portero del Parma salvó a los suyos en otro cabezazo, esta vez de Casemiro, que no entró después de que el esférico tocara a tres jugadores nipones en la misma línea de gol. Segundo aviso. Y, luego, Casemiro, como si fuera un '9', también de cabeza, a centro de Bruno Magalhães, puso el 1-1 (min. 56). A la tercera fue la vencida.

Casemiro marcó el 1-1 con un buen cabezazo

Casemiro marcó el 1-1 con un buen cabezazo / SAM WASSON

Brasil se desató. Vinícius envió un balón al palo después de una galopada por la izquierda. En el caos, mandaban los canarinhos, que era los dueños de todo el segundo tiempo.

El partido parecía abocado a la prórroga, cuando, al cumplirse los seis minutos de añadido, Bruno Guimarães, que está siendo el futbolista más regular de su selección en este Mundial, metió un balón al espacio para Gabriel Martinelli, que había sustituido a Matheus Cunha en el minuto 66. Y el extremo del Arsenal, con temple, controló con la izquierda y remató con la derecha. El balón entró tras tocar el palo de la portería de Suzuki. El martillo canarinho, que llevaba 45 minutos golpeando, encontró por fin su premio.