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Lamine Yamal (19 años): "Mi barrio, Rocafonda, es todo porque lo tengo todo ahí. Mi padre, mi abuela, mis amigos... De allí han sido mis valores y mi educación"
El extremo del FC Barcelona recuerda sus raíces en Rocafonda, sus primeros sueños ligados al fútbol y el papel de una familia que estuvo a su lado durante todo el camino hasta alcanzar la élite mundial.

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Con apenas 19 años, Lamine Yamal ya ocupa un lugar destacado entre los grandes nombres del fútbol mundial. Su camino hasta la élite, sin embargo, comenzó lejos de los grandes escenarios, en Rocafonda, el barrio de Mataró en el que creció y empezó a relacionarse con el balón.
Ese entorno forma parte de una identidad que Lamine sigue mostrando cada vez que puede. El 304, correspondiente a los últimos números del código postal de Rocafonda, se ha convertido en uno de sus gestos más reconocibles después de marcar. En el barrio, su figura continúa muy presente y vecinos, calles y comercios viven con especial orgullo los éxitos de un futbolista que salió de allí antes de convertirse en una estrella internacional.
El esfuerzo de una familia que sostuvo un sueño
Lamine ha recordado en varias ocasiones las dificultades económicas que atravesó su familia. "Cuando no tienes dinero es muy difícil hacer muchas cosas", confesó al rememorar una infancia en la que cada regalo, cada entrenamiento y cada oportunidad dependían del sacrificio de sus padres.

Lamine Yamal en la presentación del Gamper en el Camp Nou / SPORT
"Mis padres han conseguido hacer todo eso. Jugué al fútbol, tuve regalos de Reyes", explica el futbolista, consciente de que su camino hacia la élite no se construyó solo con talento, sino con renuncias familiares que él considera impagables. "Es algo que nunca podré devolverles", admite.
De Rocafonda a La Masia: una ascensión meteórica
El barrio fue el primer escenario donde Lamine empezó a destacar con el balón. Su progresión llamó la atención del FC Barcelona, que lo incorporó a La Masia, donde su talento explotó definitivamente.

GRAFCAT652 17/07/2025.- El parque de Rocafonda de la población de Mataró (Barcelona), estrenó ayer un grafiti mural dedicado al jugador mataronense del FC Barcelona Lamine Yamal para rendir homenaje al futbolista y a sus raíces, un mural pintado el artista urbano local Mateo Lara sobre la obra de Toni Salazar. EFE/ Alejandro Garcia / Alejandro Garcia / EFE
Con apenas 15 años debutó con el primer equipo y, desde entonces, su carrera ha sido fulgurante: títulos, internacionalidades y una Copa del Mundo conquistada ante Argentina. A pesar del éxito, el jugador insiste en mantener los pies en el suelo y en recordar de dónde viene. Su historia es la de un chico de barrio que nunca ha querido desprenderse de su esencia.
Una educación entre el trombón, los apuntes y el balón
Lamine cursó Primaria en la Escola Pereanton, donde aprendía a tocar el trombón. Su madre insistía en que estudiara, incluso cuando él ya soñaba únicamente con el fútbol. Más tarde, completó la ESO a distancia a través del programa educativo de La Masia.
Durante la Eurocopa de 2024, mientras deslumbraba al mundo, se llevó los apuntes para terminar los exámenes finales. "Me hubiera gustado tener una carrera, pero no estaba hecho para eso. No me arrepiento de nada", confesó. Su adaptación a los estudios no fue sencilla: "No estaba acostumbrado a ir a clase con gente diferente a la de Mataró", explicó.

El parque de Rocafonda de la población de Mataró (Barcelona), estrenó ayer un grafiti mural dedicado al jugador mataronense del FC Barcelona Lamine Yamal para rendir homenaje al futbolista y a sus raíces, un mural pintado el artista urbano local Mateo Lara sobre la obra de Toni Salazar. EFE/ Alejandro Garcia / Alejandro Garcia / EFE
En La Masia se sentía arropado, pero echaba de menos el ambiente del barrio, donde conocía a todos: "Yo venía de un colegio donde me encontraba al de mi barrio, al de la panadería o al carnicero".
La estrella que nunca dejó de ser un chico de barrio
Hoy, Lamine Yamal es una referencia global, un futbolista que marca diferencias y que ya forma parte de la historia del deporte español. Pero detrás del éxito permanece la misma idea: Rocafonda es su origen, su identidad y su motor emocional.

Lamine Yamal exhibe el 304, el código postal del barrio de Rocafonda en Mataró tras firmar el 1-1 del Barça al Villarreal en Montjuïc. / Jordi Cotrina
El joven que un día soñó con ser futbolista sigue reivindicando la sencillez, la familia y el barrio que lo vio crecer. Su historia demuestra que, incluso en la élite, hay raíces que nunca se arrancan.
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