Las dos caras de Gavi

Fino estilista y pura elegancia con el balón y un perro de presa cuando defiende: El jugador total

Su irrupción está siendo incluso más meteórica que la de Ansu Fati hace dos años

Gavi y Yeremi Pino han disfrutado de sus primeros entrenamiento con la Selección española absoluta | RFEF

Nadie puede negar que la irrupción de Pablo Páez Gavira 'Gavi' está siendo la más meteórica y precipitada de los últimos tiempos. Su tarro de las esencias es tan amplio que podemos pasar en un periquete de ver a una reencarnación de Iniesta, fino y elegante, a un recuperador incansable con hasta un punto agresivo como podrían ser los Makelele, Medel o Casemiro (salvando las distancias, obviamente).

Pero es que lo del sevillano está superando cualquier registro. Acumulando apenas cuatro titularidades con el FC Barcelona y con menos de un mes en la 'élite' y en dinámica del primer equipo del cuadro azulgrana, Gavi recibió una llamada de Luis Enrique totalmente inesperada. Muchos lo vieron como un exceso de presión innecesario para el chico, que suficiente está teniendo ya con cargarse a sus espaldas el peso del juego ofensivo de todo un Barça. Pero la 'luisenricada' no pudo salir más redonda. En parte por el riesgo y la apuesta del seleccionador, pero sobre todo por la puesta en escena y la respuesta de lo que ya es a todas luces un fenómeno.

Uno de los aspectos que más nos está llamando la atención del menudo centrocampista andaluz es las dos caras que muestra sobre el verde. Por un lado, es elegante, técnicamente muy dotado y parece que flota sobre el terreno de juego. Una conducción exquisita, muy estilizada, un giro de cuerpo que recuerda al de Iniesta o Xavi y una inteligencia innata en todas y cada una de sus acciones. Preciso en la entrega y con ese sello de La Masia tan característico.

PERRO DE PRESA

Pero es que por otro lado esa 'fragilidad' que parece emanar desde fuera no puede estar más alejada de la realidad. A la hora de defender y correr tras el balón se transforma en un perro de presa. Incluso peca de demasiado impetuoso. Con el Barça lleva ya tres cartulinas amarillas en 364 minutos, la mayoría al poco de entrar al campo o en primeras mitades. Dicen que es algo que debería corregir, pero en realidad va con el 'pack'. Es un recuperador nato y un trabajador incansable. Frente al Benfica, un robo suyo en zona de iniciación sirvió para poner un balón en bandeja a Coutinho que terminó fallando el brasileño.

Ayer, frente a Italia, terminó con el torso completamente rasgado. No entiende el fútbol de otra manera. Se vacía y no se ve inferior físicamente a rivales que le doblan en corpulencia y que, a simple vista, parece que vayan a poder desplazarle con un simple soplido. Es la irrupción del momento y presenta dos caras que nos morimos de ganas de seguir descubriendo.

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