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Toni Frieros

Toni Frieros

Colaborador de SPORT

Infantino, Trump, Tebas, la UEFA y el Barça

La UEFA baraja opciones para destituir a Infantino

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Tradicionalmente los meses de verano solían ser tranquilos, de asueto, de paz, de relax, de disfrute de unas merecidas vacaciones, en la montaña, en la playa, visitando pueblos o ciudades, después de tantas preocupaciones y estrés. Casi nunca pasaba nada destacable, como si de una tregua se tratara en nuestro trajín diario.

Últimamente no son buenos tiempos para la lírica, como cantaban Golpes Bajos. Todo son sustos, problemas, sobresaltos, polémicas, incendios devastadores, políticos constantemente enfrentados, asalto de fronteras... Y uno de los pocos oasis y refugios que nos quedaba para nuestro solaz, el fútbol, también se ha vuelto inmerso en un escándalo sin precedentes.

La idea de la FIFA de crear una empresa que se quedara con el 20% de los derechos del Mundial y otras competiciones para manejar a su antojo operaciones comerciales (y que unos pocos se hicieran más millonarios aún), ha puesto en pie de guerra no solamente a la UEFA, también al resto de confederaciones. Una reacción furibunda al unísono jamás vista y que ha provocado, en tiempo récord, que la FIFA haya reculado con el rabo entre las piernas después de ver cómo todo el mundo del fútbol, rojo de ira, se le ha echado al cuello.

Gianni Infantino se ha atrevido a presentar este proyecto, calificado por la UEFA de “turbio, opaco y a puerta cerrada”, porque Donald Trump estaba detrás, en la sombra. Un ejecutivo de la esfera familiar del presidente de Estados Unidos formaba parte de esa empresa que hubiera controlado el negocio del Mundial.

El planeta entero ya tuvo la oportunidad de ver el patético papel, cual pelele, que hizo Infantino la tarde del sorteo del Mundial, cuando le entregó a Donald Trump el premio de la paz de la FIFA. Un premio injusto e innecesario, inventado solo para satisfacer el ego del presidente americano, obsesionado con el beneficio material, y así asegurarse su bendición.

La última locura de Infantino es el deseo de ampliar el Mundial de 48 a 64 selecciones, como si 48 no fueran ya una barbaridad de participantes. Una decisión que no tiene nada que ver con la promoción del fútbol a nivel internacional. Es, simplemente, para ganar más dinero. La FIFA es puramente una asociación mercantilista. Más selecciones, más partidos; más partidos, más ingresos por televisión y venta de entradas. ¿Infantino no piensa en los clubs? ¿Acaso cree que puede disponer a su antojo de los jugadores más de mes y medio? ¿Qué pasaría entonces con las competiciones nacionales e internacionales, tendrían que acabar mucho antes las Ligas y la Champions?

El comunicado oficial de la UEFA, por cierto, contiene un mensaje que deberíamos extrapolarlo al FC Barcelona actual. Dice la UEFA que “no podemos seguir así, con planes secretos que se llevan a cabo a toda prisa, ideado por individuos anónimos...debemos identificarlos...”.

Han pasado dos años y seguimos sin saber quiénes están detrás de la venta de los asientos VIP del Camp Nou y manejan realmente esa empresa llamada New Era. O quienes intervinieron de verdad en el contrato con el Congo, o quienes están trabajando en el proyecto inmobiliario en Dubai...

Recuerden que Javier Tebas, presidente de LaLiga, afirmó que se querellaría contra la firma auditora que certificó aquella operación que se gestó en cuestión de horas a finales de diciembre de 2024 que permitió la inscripción de Olmo. ¿Llegó a querellarse? Tebas, con ocasión de este último conflicto entre FIFA y UEFA, ha escrito: “La transparencia, la buena gobernanza y la rendición de cuentas nunca son odio, son una obligación”.

Que bien quedan esas palabras. Ojalá las cumplieran todos.

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