GERIATRÍA
Por qué una caída puede cambiar la vida de una persona mayor y cómo prevenirla: "Miedo, pérdida de fuerza y deterioro"
La doctora Ivon Rivera, del Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria, advierte que una de cada tres personas mayores de 65 años sufre al menos una caída al año

Archivo - Servicios sociales, manos persona mayor / CAIB - Archivo

Las caídas son uno de los principales riesgos para la salud y la autonomía de las personas mayores de 65 años. No solo pueden provocar fracturas y otras lesiones, sino también miedo a volver a caer, pérdida de fuerza y un progresivo deterioro de la independencia. La doctora Ivon Rivera, especialista en Geriatría del Hospital Universitario Vithas Madrid Arturo Soria, explica cuáles son los principales factores de riesgo y qué medidas pueden ayudar a prevenirlas.

Prótesis de cadera: cuándo es necesaria esta intervención quirúrgica / Freepik
¿Hasta qué punto son frecuentes las caídas entre las personas mayores de 65 años?
Son muy frecuentes: aproximadamente una de cada tres personas mayores de 65 años sufre al menos una caída al año, y el riesgo aumenta con la edad, la fragilidad y la presencia de enfermedades crónicas. Además, haber sufrido una caída previa es uno de los principales predictores de nuevas caídas.
¿Por qué una caída aparentemente leve puede convertirse en un problema grave para una persona mayor?
Porque en una persona mayor una caída puede actuar como un verdadero evento desencadenante de deterioro funcional. Incluso sin una fractura importante, el dolor, unos días de inmovilidad o una hospitalización pueden provocar pérdida rápida de fuerza muscular y hacer que una persona previamente independiente necesite ayuda para actividades que antes realizaba sola.
¿Qué consecuencias tienen las caídas más allá de las lesiones físicas?
Además de fracturas, traumatismos o heridas, pueden producir pérdida de autonomía, aislamiento social, institucionalización y deterioro de la calidad de vida. Por eso, en Geriatría no valoramos únicamente la lesión producida por la caída, sino también sus consecuencias funcionales, cognitivas y emocionales.
¿Es cierto que después de una primera caída aumenta el miedo a volver a caerse?
Sí. Es lo que denominamos síndrome post-caída o "miedo a caer", y puede aparecer incluso después de una caída sin lesiones graves. La persona pierde confianza en sus capacidades y comienza a evitar actividades como caminar sola, salir de casa, subir escaleras o incluso levantarse con normalidad.
¿Puede ese miedo hacer que la persona reduzca su actividad física y termine perdiendo todavía más fuerza y autonomía?
Exactamente. Puede establecerse un círculo vicioso: miedo a caer → menor actividad → pérdida de fuerza y equilibrio → mayor fragilidad → mayor riesgo de nuevas caídas. Por eso es fundamental recuperar cuanto antes una actividad física segura y adaptada, en lugar de recomendar reposo o limitar innecesariamente la movilidad.
¿Qué factores médicos aumentan el riesgo de sufrir una caída?
El riesgo suele ser multifactorial. Influyen la fragilidad, debilidad muscular, alteraciones de la marcha y el equilibrio, problemas neurológicos, deterioro cognitivo, hipotensión, mareos, alteraciones visuales y determinadas enfermedades cardiovasculares, además de antecedentes de caídas previas.
¿Qué papel tienen los problemas de visión, equilibrio, fuerza muscular o determinados medicamentos?
Tienen un papel fundamental y, además, muchos son factores potencialmente modificables. Debemos revisar la visión y audición, trabajar fuerza y equilibrio y revisar periódicamente la medicación, especialmente psicofármacos, sedantes, antihipertensivos u otros fármacos que puedan producir somnolencia, mareo o hipotensión.
¿Qué recomendaciones daría especialmente a las personas mayores que viven solas?
Lo primero es no normalizar las caídas: si una persona se cae repetidamente, hay que buscar la causa. Conviene mantener ejercicio regular de fuerza y equilibrio, revisar medicación y visión, utilizar calzado adecuado y eliminar riesgos del domicilio como alfombras, obstáculos o mala iluminación. En quienes viven solos también son especialmente útiles los sistemas de teleasistencia o dispositivos de alerta, y tener un plan claro para pedir ayuda si se produce una caída.
Fuente: La Nueva España
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