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La opinión de Sergio Pérez

Ureña, Jardí, Rubén Díez y la reunión de los dioses del fútbol del Real Zaragoza

El talento de los mejores jugadores del Real Zaragoza decidió el partido contra el Teruel, que se adelantó y luego sucumbió a un vendaval de calidad

Jardí y Rubén Díez, que gestaron el 1-1, se abrazan tras el gol de Ureña.

Jardí y Rubén Díez, que gestaron el 1-1, se abrazan tras el gol de Ureña.

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Sergio Pérez

Zaragoza

El primer día que faltó Westerveld se le echó en falta. En términos generales, el guardameta neerlandés está asentado bajo los palos de la Puerta del Carmen. Solo tuvo deslices en Torremolinos. Su suplente, Anartz Peña, había dejado muchas dudas en pretemporada. Es un arquero de otro tiempo por su baja estatura. En la primera acción que tuvo que intervenir le hizo penalti a Delgado, que caldeó el encuentro con su celebración tras hacer el 0-1.

El partido se le puso cuesta arriba al Real Zaragoza y le enfrentó a la prueba de remontar en casa. En la primera parte, el Teruel estuvo cómodo, bien recogido y ordenado en su campo. Al conjunto local le costó hilar juego y encontrar fisuras en la defensa rival. Cuando tuvo ocasiones, Espiau, Rubén Díez o Jardí no acertaron ante la portería con disparos desde diferentes ángulos.

Como pretende Ibai Gómez, el Real Zaragoza fue el amo y señor del balón. Lo tocó de aquí para allí, sin demasiada velocidad durante la primera parte, siempre en busca de una rendija por la que colarse. Ese huequecito apareció justo antes del descanso. La mágica zurda de Jardí tuvo la gran idea de la noche, Rubén Díez corrió al espacio, lo ocupó y mandó la pelota al corazón del área, Espiau remató y Zarco, buena actuación del meta del Teruel a pesar de la goleada, desvió el balón, que le cayó a Ureña para empujarlo a la red. Óscar está tocado por la varita de los dioses del fútbol en estos días del principio del otoño. La unión del talento siempre produce buenos resultados.

Fue el clásico tanto psicológico que tiene un efecto inmediato y otros secundarios. El Real Zaragoza acabó como una moto la primera mitad y empezó la segunda a toda velocidad. Espiau firmó la remontada con un estupendo cabezazo tras un centro perfecto de Diego González a la vuelta de los vestuarios. Y Pau Sans y Jardí, otra vez Jardí, le pusieron la firma al triunfo, con el 3-1 y el 4-1, ganando otra vez el espacio a la espalda de la defensa y estando donde hay que estar, respectivamente. La calidad y la reunión de talento decidieron el encuentro.

El Real Zaragoza de Ibai Gómez ya es líder en solitario después de cinco triunfos consecutivos. Ibai no es un entrenador simplista, más bien todo lo contrario: es un estudioso del fútbol, que actúa constantemente sobre los detalles, que trabaja con un método minucioso construido a partir de las reglas que sostienen las bases de este deporte hoy en día. A ello añade energía y furia, aquella furia sobre la que el fútbol español construyó décadas de un relato demasiado escaso que no dio resultados.

El entrenador vasco recogió el Real Zaragoza en las horas más bajas de su historia pero también se encuentra delante de una oportunidad histórica. Tiene mimbres y jugadores de alto nivel para la categoría, pero necesitaba que funcionaran bien juntos. La maquinaria colectiva está ahora perfectamente engrasada.

En estos primeros meses, Ibai Gómez está convenciendo porque su Real Zaragoza es hoy, en octubre, mucho mejor de lo que era en septiembre y en agosto. Está evolucionando en la dirección correcta, con la plantilla siguiéndole como se sigue a los verdaderos líderes, creyendo en su idea y con el equipo jugando y ganando. Ganando y ya sentado en el liderato de la Primera RFEF.

Fuente: El Periódico de Aragón