Fútbol | Derbi FC Cartagena-Real Murcia
Viviendo el derbi FC Cartagena-Real Murcia en la distancia
Feliciano Hurtado, murcianista de 36 años residente en Ciudad de México, y Julián Conesa, cartagenerista de 46 afincado en Madrid y vicepresidente de La Marinera, cuentan cómo mantienen su vínculo con sus equipos y preparan un derbi que vivirán entre recuerdos, familia y amigos, lejos de las gradas del Cartagonova

Julián Conesa y Feliciano Hurtado, uno en Madrid y el otro en Ciudad de México / L.O.
Paco Sarabia
Feliciano Hurtado Martí tiene 36 años, nació en Ceutí y vive en Ciudad de México con Julia, su mujer, y Oliver, el hijo de ambos, nacido en octubre del año pasado. Julián Conesa Pérez acaba de cumplir 46, es cartagenero y reside en Madrid desde 2009, cuando se trasladó para vivir con su pareja. Allí encontró trabajo y después creó su propia empresa. Feli sigue siendo socio del Real Murcia y ha hecho socio a su hijo. Julián es vicepresidente de la peña La Marinera del FC Cartagena.
Mañana, cuando el FC Cartagena y el Real Murcia se enfrenten a las 20.30 en el Cartagonova, Feli estará al otro lado del Atlántico y Julián compartirá el partido con otros seguidores en Madrid. El derbi también se jugará en esos lugares donde los aficionados han aprendido a mantener su vínculo con el club.
Trabajo y amor
La biografía de Feli pasa por las dos ciudades que protagonizan el encuentro. A los diez años dejó Ceutí para instalarse en el barrio murciano de San Andrés. Vivió allí hasta los dieciocho, cuando se marchó a Cartagena para estudiar en la universidad. Después llegó Madrid, donde comenzó a trabajar. En enero de 2019, su empresa lo envió a México para un proyecto que iba a durar entre seis meses y dos años. Aquella previsión se quedó corta. «Siete años después sigo aquí, aunque ya en otra empresa y con otros proyectos, y estoy encantado con el país», cuenta. Durante el primer año conoció a Julia, que es mexicana y hoy es su mujer. El nacimiento de Oliver, en octubre de 2025, dio otra dimensión a una estancia que había empezado con fecha aproximada de regreso.
Entre los cambios de trabajo y la formación de su familia, el Real Murcia ha seguido teniendo su sitio. «Aunque haya acabado viviendo al otro lado del Atlántico, hay algo que nunca he dejado: seguir al Real Murcia». Para hacerlo ha tenido que mirar dos relojes. La diferencia horaria, de siete u ocho horas según la época del año, convierte algunos partidos de aquí en compromisos de madrugada allí.
«Ha habido partidos a las cuatro de la mañana en los que me ponía la alarma, veía el partido y volvía a dormir». Ahora las retransmisiones le permiten organizarse de otra manera. «Por suerte, las plataformas han mejorado mucho el diferido y ya no hago esas locuras».
Su método requiere una precaución adicional. «Cuando veo un partido en diferido pongo el móvil en modo avión y me desconecto completamente para no enterarme de nada hasta que termina». Necesita conservar la incertidumbre, aunque en Murcia el partido haya terminado hace horas.
Julián tiene el mismo horario que el Cartagonova, pero otra distancia que resolver. Se marchó de Cartagena en 2009 después de una etapa de viajes para verse con su pareja, madrileña. Antes buscó trabajo en la capital y lo encontró. Se dedicó a la venta de pintura y, tras varios años en una empresa, decidió emprender con una compañera. Su negocio comenzó en 2015, primero como autónomo y después como sociedad.
«Habitualmente suelo ver todos los partidos», explica. A veces en casa; otras, acompañado por la peña. «Nos juntamos bastante gente y solemos ver casi todos los partidos». Compartir una ocasión fallada o discutir una alineación ayuda a recuperar conversaciones que en Cartagena surgen con facilidad.
La Marinera nació de una propuesta de Ricardo Ortega, su actual presidente, otro cartagenero residente en Madrid. Publicó en la red social X la idea de formar una peña y Julián le escribió por privado. Intercambiaron teléfonos, abrieron un grupo de WhatsApp y la respuesta les sorprendió. Conesa recuerda que aquella misma noche ya había entre setenta y ochenta personas. «Vimos que la sensación había sido muy buena». Constituyeron la junta directiva, con Ortega como presidente y él como vicepresidente, y comenzaron a organizarse.
Descubrieron que había más cartageneristas fuera de casa de los que esperaban. Llegaron seguidores de Cataluña, Valencia, Navarra o Asturias, y también miembros de Argentina y Noruega, algunos a través de amigos. «Es más el sentimiento de pertenencia; cuando estás lejos, al final ese sentimiento crece un poquito más», explica Julián. La Federación de Peñas les ayudó a contactar con aficionados que habían descubierto su actividad por internet.
Estar en Madrid facilita algunas salidas. Julián calcula que la pasada temporada participaron en ocho o diez desplazamientos y recuerda Ibiza, Teruel o Algeciras. También valora la relación con el club albinegro desde que comunicaron la creación de La Marinera. «Nos han dado muchas facilidades, nunca nos han puesto una pega», asegura.
El miércoles tendrán que repartirse. Julián verá el encuentro en Madrid con quienes acudan al bar habitual de la peña, mientras alrededor de una veintena de miembros ha decidido viajar al Cartagonova. «Después de trabajar se van a Cartagena, ven el partido y conforme termine se vuelven a Madrid, porque al día siguiente trabajan», relata. Él los llama «un grupo de locos».
Feli también tiene preparado un encuentro compartido, esta vez familiar. Sus padres estarán de visita en México y podrá seguir el partido junto a su padre y su hijo. La ocasión tiene un antecedente preciso: el 8 de diciembre de 2025, el Real Murcia ganó por 0-1 en el Cartagonova con un gol de Héctor Pérez. Para él, aquel tanto quedó unido a uno de sus primeros recuerdos de fútbol con Oliver. Tenía apenas dos meses y se había dormido encima de su padre mientras este seguía el derbi.
Feli se había impuesto una norma razonable. «Me prometí que, si marcábamos, no iba a gritar para no despertarlo». La promesa duró hasta que marcó Héctor. «Evidentemente, grité con el niño dormido en brazos... y acabó llorando», recuerda. La celebración le ganó a la prudencia del padre primerizo. Diez meses después, la anécdota acompaña otro Cartagena-Real Murcia, ahora con el abuelo también en México.
«Será especial poder verlo con mi padre y mi hijo», dice. Oliver todavía es demasiado pequeño para comprender lo que sucederá en el campo, pero ya es socio del Real Murcia, igual que Feli. El miércoles estarán juntos tres generaciones, con el Murcia como motivo de reunión durante la visita de los abuelos.
Exigencia y ambición
Feli también mira con exigencia al equipo. Vive la temporada con ilusión y confía en Sergi Guilló. «Creo que el hecho de haber tenido la plantilla bastante pronto puede ayudarnos a tener una idea de juego clara desde el principio», sostiene. Desde México sigue pendiente de la composición del grupo y de las posiciones que, a su juicio, pueden condicionar el curso.
«Personalmente habría buscado algún central más y creo que nos falta un mediocentro», señala. «El centro del campo es probablemente la posición que más me preocupa, sobre todo porque Moyita viene arrastrando lesiones». Su pronóstico combina esperanza y cautela. «Confío en que podamos estar peleando por el play off, aunque ahora mismo no nos veo luchando por el primer puesto. Ojalá me equivoque».
Julián mira al FC Cartagena con ambición. «Este año el equipo me parece más competitivo que el año pasado». Valora la reconstrucción con la nueva propiedad y los nuevos equipos de trabajo, y considera que la plantilla se ha confeccionado al gusto de Íñigo Vélez. «Yo nunca suelo firmar nada, porque en Cartagena somos un poco conformistas», sostiene. Quiere verlo luchando por el play off y esperar a marzo o abril para comprobar hasta dónde puede llegar.
«Ya veremos dónde estamos y a dónde podemos llegar», resume. Antes está un derbi al que concede un peso que supera su incidencia en la clasificación. «Una derrota o una victoria en este partido marca tanto a la afición como a los equipos», advierte. Espera un encuentro cerrado, duro y tenso entre dos clubes de mucha tradición y rivalidad, aunque confía en que puedan ganar 1-0.
A vueltas con las entradas
La discusión sobre las entradas también ha llegado a México y a Madrid. El Cartagena ha declarado el encuentro Medio Día del Club y ha fijado en 30 euros las localidades visitantes en Lateral Bajo. La venta es presencial, sin compra por internet ni venta el día del partido. FEPEMUR ha rechazado el precio, ha anunciado que no organizará desplazamiento y ha pedido a los murcianistas que no compren entradas. El Real Murcia ha respaldado la protesta de sus seguidores.
Feli reconoce la capacidad del anfitrión para fijar sus tarifas. «Entiendo que el FC Cartagena está en su derecho de intentar sacar dinero en el partido más importante del año para ellos», opina. Pero cuestiona el encarecimiento del fútbol. «Se han normalizado precios que hace unos años nos habrían parecido una barbaridad, incluso en esta categoría». Su postura sobre la respuesta es clara. «Creo que la afición del Real Murcia debería plantarse y, sinceramente, espero que no vaya nadie».
A su juicio, el club grana ha intentado alcanzar acuerdos con otros equipos y la respuesta no ha sido suficiente. «Creo que también es importante que la afición tenga una postura común en estas cosas», añade. Él verá el partido desde México por sus circunstancias personales, pero apoya que quienes sí podrían viajar renuncien a hacerlo como medida de presión. El deseo de acompañar al Real Murcia convive en su posición con la protesta por lo que cuesta seguirlo fuera de casa.
Julián comparte la crítica al importe. Pagar 30 euros por un partido de Primera Federación, dice, «es una locura y un despropósito». La discrepancia aparece al valorar la reivindicación. Considera que el derbi ha dado una visibilidad especial a una queja que afecta a muchas aficiones y utiliza el término «populista» para describir cómo, a su entender, se ha planteado desde Murcia. Recuerda otros desplazamientos de los granas con entradas que también considera elevadas y cree que merecían una respuesta parecida.
El miércoles, la conversación dará paso al partido. Julián lo compartirá con los cartageneristas que se queden en Madrid. Feli tendrá cerca a su padre y a Oliver, reunidos en México para seguir a su Murcia. Los miembros de La Marinera que viajen deberán pensar después en la carretera y en el trabajo del jueves, con precaución y deseando que sea con una alegría. En casa de Feli quedará otro recuerdo para contar cuando el niño crezca. «El pequeño todavía no se enterará de absolutamente nada, pero algún día espero poder contarle que ya desde bebé veía al Real Murcia con nosotros».
Fuente: La Opinión de Murcia
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