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Joan, maratoniano (77 años): "El sedentarismo es como poner un pie en la tumba"

Un exprofesor de electrónica convertido en ultrafondista que sigue activo entre el deporte, la docencia y el voluntariado

Joan guimet, maratoniano

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Joan Guimet es de esas personas que desmontan por completo la idea de que la jubilación es sinónimo de parar. A sus más de 70 años, este barcelonés sigue combinando deporte, docencia y voluntariado con una energía que, lejos de disminuir, parece haberse consolidado con el tiempo.

Su historia deportiva no empezó pronto. De hecho, durante buena parte de su juventud llevó una vida relativamente sedentaria. Todo cambió en la década de los 80, cuando, ya con más de treinta años, escuchó por casualidad a unos vendedores hablar de una carrera. Aquel comentario improvisado fue suficiente para que decidiera probar suerte. Sin experiencia previa, se lanzó a su primera prueba y, contra todo pronóstico, acabó enganchado al running.

Desde entonces, su evolución ha sido constante. Tras aquella primera carrera llegaron las medias maratones, después las pruebas de fondo y, finalmente, las ultradistancias. Ha completado maratones en distintas partes del mundo y pruebas de hasta 100 kilómetros, acumulando a lo largo de su vida cerca de un millar de competiciones. “El cuerpo responde mejor de lo que uno imagina cuando empieza”, resume su trayectoria.

Hoy forma parte de la Penya 100km, un pequeño grupo de corredores de ultrafondo que comparte entrenamientos y competiciones. Entre ellas destacan las seis horas de Calella, una prueba en la que no se trata de una distancia fija, sino de recorrer la mayor posible en un tiempo limitado. Para él, el deporte sigue siendo una rutina: corre varias veces por semana, alterna con gimnasio y completa sus jornadas con largas caminatas junto a su mujer.

Pero su vida no se limita al deporte. Joan continúa vinculado a la enseñanza, impartiendo clases de electrónica a jóvenes inmigrantes y colaborando con proyectos de acompañamiento a personas mayores en situación de soledad. También ha participado en iniciativas solidarias en el extranjero, experiencias que, según explica, marcaron profundamente su forma de entender la vida.

A lo largo de los años, ha aprendido a equilibrar entusiasmo y prudencia. Reconoce que en sus inicios cometió excesos que le pasaron factura física, pero defiende que el movimiento sigue siendo clave para envejecer con calidad de vida. “El cuerpo es sabio”, repite, insistiendo en la importancia de escuchar sus límites.

Joan deja claro que el sedentarismo es uno de los mayores riesgos de la edad avanzada, mientras que mantenerse activo —tanto física como mentalmente— es una forma de prolongar la autonomía y el bienestar. En su caso, el deporte, la docencia y la vida social funcionan como un mismo engranaje.