FÚTBOL INTERNACIONAL
Comunicado de Cristiano Ronaldo: "Jorge Jesus faltó a su palabra"
El delantero portugués asegura que hubo un incumplimiento del acuerdo por su participación en este parón y achaca a la falta de sinceridad del seleccionador sus motivos para irse de la selección

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Cristiano Ronaldo ha decidido romper su silencio para explicar, en primera persona, las circunstancias que desembocaron en su salida de la concentración de Portugal y su enfrentamiento con el actual seleccionador.
El delantero, en una carta publicada en sus redes sociales, ha explicado, como prometió el día que abandonó la concentración, su versión sobre lo sucedido con el seleccionador, Jorge Jesus, en cuanto a la distrubución de sus minutos en este parón internacional.
Según él, el seleccionador incumplió su palabra y no mantuvo el acuerdo al que llegaron con el presidente de la Federación Portuguesa de Fútbol sobre su gestión de minutos. Acorde a su versión, Cristiano no debía jugar hasta el último partido en Oporto, y se sintió molesto por estar calentando gran parte del partido ante Dinamarca y no salir a jugar.
"Me equivoqué al poner a calentar a alguien de la dimensión de Pelé o Maradona para después no hacerlo jugar. Si pudiera volver atrás, no lo haría", era una de las frases que tenía que decir JJ en rueda de prensa que finalmente nunca dijo.
En el escrito, CR7 pide disculpas por no saludar a la afición ante Dinamarca y abre la puerta a volver al combinado nacional. Asimismo, rechaza que su futuro deba limitarse a un partido de despedida.
EL COMUNICADO ÍNTEGRO DE CRISTIANO RONALDO:
"Tal como prometí, he decidido contar, en primera persona y de forma directa, las circunstancias que rodearon la última concentración de la selección nacional.
Después del Mundial 2026 preparé una carta dirigida a los portugueses, que todavía conservo, con las palabras que quiero dedicarles cuando abandone definitivamente nuestra selección.
Al término de la competición, ya en el vuelo de regreso desde Estados Unidos, el presidente de la Federación me pidió e insistió en que me replanteara la decisión de marcharme, porque la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) quería que continuara.
Justo después, me pidió mi opinión sobre el nombre del actual seleccionador y me dijo que estaba valorando esa opción junto con otros nombres que no me reveló.
Le respondí al presidente de la Federación que, en mi opinión, era la elección acertada.
Por eso, el día en que presentaron al actual seleccionador, me alegré sinceramente por la elección. Era la opción correcta, como los resultados están demostrando.
Pocos días después recibí un primer contacto del nuevo seleccionador nacional. Me dijo que le gustaría reunirse conmigo en persona. Le respondí que sí y fijamos el encuentro para el final de mis vacaciones.
Nos reunimos en la Cidade do Futebol, donde mi club estaba realizando la concentración de pretemporada.
Aquel día, el seleccionador me dijo que contaba conmigo y que mi presencia era fundamental para su proyecto. Allí mismo me presentó un plan para mi participación. Me dijo que jugaría el primer partido y el último y que, por razones de gestión física, haría siempre entre tres y cuatro cambios por encuentro.
En ese momento me planteó la posibilidad de que no viajara con la selección a Noruega y Dinamarca. Me propuso jugar el primer partido y quedarme en Portugal para volver a incorporarme antes del encuentro de Oporto.

Cristiano, en el banquilo / Lise Åserud/NTB/dpa / Europa Press
Rechacé inmediatamente la propuesta. Me parecía evidente que no podía aceptarla. No dejaría de capitanear a nuestra selección por no jugar los partidos en el extranjero. Ese privilegio de quedarme en Portugal no habría sido un buen ejemplo.
El seleccionador acabó estando de acuerdo con mi planteamiento.
Esta conversación contó con la presencia de Simão Coutinho, director deportivo del Al Nassr, persona ante la que el actual seleccionador rendía cuentas durante toda la pasada temporada y uno de los responsables de su contratación por el club en 2025.
La víspera del inicio de la concentración, el seleccionador se desplazó hasta mi casa, en Lisboa, para mantener una nueva conversación conmigo, a petición suya. La charla fue tranquila y se mantuvieron todos los principios acordados en agosto.
Jugué el partido de Alvalade y, aunque fui sustituido, no puse ningún problema. Yo mismo le entregué el brazalete a Bruno Fernandes, sin imaginar que quizá estuviera dando mis últimos pasos como jugador y capitán de la selección nacional. Para mí, lo importante aquel día fue nuestra victoria. Ganar siempre es bueno; hacerlo en Portugal y por mi país, todavía más.
A la hora de comer, el día del partido en Noruega, un ayudante del seleccionador se acercó a la mesa en la que estaba el grupo y me informó de que el seleccionador quería hablar conmigo. Para mi absoluta sorpresa, me preguntó si me encontraba bien para jugar 30 minutos. Yo estaba completamente centrado en mi recuperación física, integrado con mis compañeros como siempre y convencido de que aquel día no jugaría. No tenía ningún problema con ello.
Aquella petición se salía de mi plan de recuperación física y de entrenamiento, porque únicamente iba a jugar el día 4 en Oporto, pero, evidentemente, dije que sí. Me respondió que estuviera preparado porque jugaría 30 minutos.
El resto ya lo conoce todo el mundo. Calenté desde el descanso, vi cómo pasaban los minutos y no me llamaron. El seleccionador había faltado a su palabra.
Al acabar el partido, solo quería que todo terminara con la victoria y quedarme solo. No fui a saludar a los aficionados. Fue un error del que soy el único responsable y que no debería haber cometido. Pido disculpas a los portugueses que nos apoyaron intensamente allí, pido disculpas a los aficionados y también a quienes, sin ser portugueses, pudieron haberse desplazado para verme y a quienes quizá decepcioné.
Cuarenta y ocho horas después mantuvimos una conversación el seleccionador, Simão Coutinho y yo, ya que este último había seguido nuestras conversaciones de agosto.
Fue un momento profundo, muy directo y sin ningún tipo de filtro.

Cristiano le cede el brazalete de capitán a Bruno Fernandes / RONALD WITTEK / EFE
Estuvimos de acuerdo en que solo había una manera de cerrar este 'caso': que el seleccionador repitiera lo que acababa de decirme en privado, en presencia de Simão Coutinho, pero esta vez en la sala de prensa.
Lo acordado era sencillo: el seleccionador comenzaría la rueda de prensa hablando de este asunto, con la intención de cerrarlo contando la verdad. Diría que nunca le había pedido jugar determinados minutos, que había sido él, y nadie más, quien me había propuesto el plan para esta concentración y que había sido un error ponerme a calentar para después no hacerme jugar. También diría que, si volviera a ocurrir, no lo haría.
Terminamos aquella reunión con el seleccionador pidiéndome un abrazo, prometiéndome que diría en la rueda de prensa lo mismo que acababa de decirme a mí y asegurándome que el asunto quedaría superado. Yo no jugaría en Dinamarca y disputaría el partido de Oporto. Todo ello siempre en presencia de Simão Coutinho.
A petición del seleccionador, posteriormente se celebró una reunión por videoconferencia entre él mismo, Simão Coutinho y Tiago Craveiro, en la que se resumió lo que habíamos hablado.
Se redactó un breve documento que yo mismo validé y que, con mi conocimiento, se entregó al seleccionador, tal como él había solicitado.
La rueda de prensa fue lo que todos conocen. Su actitud no tuvo nada que ver con nuestra reunión. Escuché expresiones y una agresividad que considero que no merecía, una actitud de 'aquí mando yo' que nunca me había mostrado, ni de lejos, en privado, la víspera.
Las notas que validé eran las siguientes:
«Creo que es importante, porque además es la verdad, aclarar algunas cosas antes de hablar de Dinamarca:
1. Yo mismo, sin nadie más, le propuse a Cristiano un plan para esta temporada deportiva en la selección nacional. Fue una conversación larga y muy buena.
2. Sé cuánto vive y ama la selección y el peso que tiene en el mundo; más aún, el peso y la influencia positiva que ha tenido en la selección durante 24 años consecutivos.
3. Cristiano aceptó el plan que le propuse.
4. Nunca cuestionó mis decisiones. Fue ejemplar, leal y profesional.
5. El partido de Noruega no estaba incluido en el plan que había diseñado para él. Sin embargo, sentí que se había recuperado físicamente del primer partido y le avisé de que podía necesitar utilizarlo. Cristiano estuvo de acuerdo.
6. Me equivoqué al poner a calentar a alguien de la dimensión de Pelé o Maradona para después no hacerlo jugar. Si pudiera volver atrás, no lo haría.
7. Para cerrar el asunto: quiero a Cristiano en la selección nacional. Y no es que lo quiera poco, lo quiero mucho. Por suerte, él también cree en mí. Confió en mí en el Al Nassr y también aquí.
8. Sobre el hecho de no haber saludado a los aficionados, ya hemos hablado de ello. Quien ha disputado más de 230 partidos con la selección no necesita que yo le dé lecciones de amor a Portugal. Fue un momento de frustración que no borra nada. Es el jugador que más autógrafos firma, que más selfis se hace y que más cariño muestra a los aficionados. No inventemos problemas donde no los hay. Cuando no estamos contentos, reaccionamos. No fue más que eso».
Por tanto, ninguna de estas notas decía que el seleccionador me hubiera pedido siquiera disculpas.
Era la segunda vez que faltaba a su palabra.
Decidí abandonar la concentración sin esperar a que volviera a incumplirla. Para mí, la verdad sigue siendo lo más importante en las relaciones entre las personas. Por mucho que duela, que me digan la verdad.
De hecho, en una conversación que mantuve con el presidente de la FPF y con el seleccionador la mañana del día de aquella rueda de prensa, pueden confirmar que reiteré que, si no me querían allí, bastaba con que me lo dijeran. Solo tenían que ser sinceros conmigo. Lo habría aceptado y prometí que prepararíamos algo bonito, como sueño que ocurra, y que nadie acabaría enfadado.
Lo recuerdo como si fuera hoy. Ambos respondieron al unísono que no. Que mi lugar estaba en la selección nacional.
Nunca, en ningún momento, me he inmiscuido en una decisión técnica o táctica de ningún entrenador o seleccionador en casi 25 años de carrera. Acepto lo que me proponen, sea mejor o peor. Respeto las decisiones, pero cuando alguien falta a su palabra, siento que mi lugar ya no está allí.

Aficionados de Portugal con una bandera de Cristiano, durante el último partido contra Dinamarca en Copenhague, donde no estuvo el capitán. / PAULO NOVAIS / EFE
También debo pedir disculpas a mis compañeros de la selección por haber abandonado la concentración. A pesar de la absoluta ruptura de confianza en la palabra del seleccionador, como podrán atestiguar quienes asistieron a aquellas conversaciones, no debería haberlo hecho. La responsabilidad es exclusivamente mía.
Vuelvo a pedir disculpas a los portugueses, pero el incumplimiento de una promesa tiene, para mí, un impacto decisivo. Sentí que, a partir de aquel momento, mi permanencia solo perjudicaría al grupo y hice lo que siempre he dicho que haría si no me sintiera útil: hice las maletas y me marché.
La consecuencia de mi acto debe ser evaluada y sancionada por la Federación Portuguesa de Fútbol. Considero que la sanción no debe tener atenuantes. No soy un jugador cualquiera, soy el capitán del equipo, y eso constituye un agravante. Ya he pedido disculpas, pero sé que las acciones deben tener consecuencias. Quienes estamos en el fútbol sabemos que, independientemente del estatus de cada uno, las reglas son iguales para todos.
A propósito de esto, he oído hablar mucho de partidos de despedida, de que debo tener una despedida digna y de que la Federación quiere darme esa oportunidad.
He aprendido en la vida, pasando hambre y muchas veces sin nada que comer, que nadie regala nada a nadie.
Puedo prometer a todos mis aficionados y, naturalmente, especialmente a todos los portugueses, que disputaremos uno o varios partidos de despedida. Habrá tiempo para ello.
Pero cuando pienso en la selección, en lo que realmente pienso es en competir. Eso fue lo que pensé el día en que me comunicaron la muerte de mi padre. Estaba concentrado con nuestra selección y decidí quedarme hasta que terminara el partido del día siguiente. Hice por mi país algo que jamás habría hecho por ningún club.
Por tanto, si estoy bien físicamente y jugando en mi club, espero que marcando goles, una vez cumplida la sanción que se me imponga, estaré disponible, como siempre lo he estado hasta hoy, para competir y ganar con nuestra selección.
Esta es, creedme, la más pura de las verdades".
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