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Tomás Vallavanete (64 años) dejó la ciudad para vivir solo en un pueblo de Lleida: "Aquí tengo todo lo que necesito para ser feliz"

La localidad que antes estaba en ruinas está recobrando la vida

Tomás Vallavenete

Tomás Vallavenete

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Ramón Baylos

Ramón Baylos

Hay muchas personas que prefieren los entornos rurales a las grandes ciudades a la hora de vivir por diversos motivos, entre los que destacan la posibilidad de hacer una mejor gestión del estrés cotidiano o la de llevar un día a día que sea completamente autosuficiente. Algo que ocurre con el caso de Tomás Vallavanete, el cual se ha viralizado mucho en los últimos días.

En una reciente entrevista con el canal de Youtube de Diego Revuelta, el hombre de 64 años se explayaba sobre cómo es su vida en un pueblo completamente abandonado de Lleida; aunque bien es cierto que otros han acudido a su llamada recientemente.

Así es la vida de Tomás como único habitante de Solanell

La localidad en cuestión recibe el nombre de Solanell, el cual fue abandonado hace unos años para volver a sentir vida tras la llegada de Tomás, el cual reside allí desde hace más de una década en completa soledad. Pero lo más interesante de todo es cómo su persona ha influido en la salud del pueblo.

Situado en lo más profundo de los Pirineos, Solanell cuenta con un puñado de casas y calles que estaban completamente en ruinas hasta que Tomás tomó la decisión de dedicar su vida a restaurarlas poco a poco. Un gesto que tuvo como agradecimiento a las personas que le permitieron vivir allí.

Tomás, habitante de Solanell

Tomás, habitante de Solanell / Diego Revuelta

Según comentaba el propio Tomás en la ya mencionada entrevista, actualmente vive totalmente gratis en una casa que le habrían cedido los familiares de antiguos residentes de Solanell. Una gestión que se llevaría a cabo con tal de que el pueblo pudiera cobrar vida de nuevo con el paso de los años.

Y es que la rutina que sigue Tomás en el pueblo consta como ¨todo lo que necesita¨ según sus propias palabras. Allí dedica su día a día a cuidar de sus animales, estando acompañado de varios perros, pero también a conseguir que el pueblo no acabe totalmente derruido.

Al parecer, Tomás ha de vivir con un subsidio de unos 480 euros al mes, lo cual le obliga a planificar todo lo que hace con tal de no pasarse de ese estricto presupuesto. Algo que le ha llevado a aprovechar el entorno del pueblo como un recurso en el que apoyarse.

A la hora de reconstruir las casas y las calles, Tomás asegura que muchas de ellas se erguían sobre la propia piedra de la montaña, por lo que ha intentado seguir el estilo de aquellos que edificaron Solanell en primera instancia como herramienta inesperada.

Al margen de ello, Tomás asegura estar más feliz y saludable que nunca, afirmando que la vida en el campo es aconsejable para toda aquella persona que quiera escapar del ruido de la ciudad, pero sobre todo para sentir una libertad que no se puede experimentar en otro lugar que no sea el campo.

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