Opinión

Subdirector.
Un equipo reconocible y un jugador franquicia

Lamine, junto a Perisic, en Split / MAJA PRGOMET
Hay quien le pide a la selección española que sublime el fútbol cada vez que salta a un terreno de juego. Así está el listón de la exigencia con este equipo, campeón de Europa y del mundo. (Suele ocurrir algo similar con el Barça, por más que el equipo blaugrana no sea campeón de Champions: siempre se le exige que juegue de maravilla del minuto uno al 90). Es el peaje de los campeones: cuando uno ha demostrado que puede ser brillante, se le pide que lo sea a diario. Sin excepciones, sin matices.
Pero esa exigencia debería atender a los matices: no es lo mismo el cuarto partido del parón que el primero. La frescura no puede ser la misma. Y no es lo mismo medirse a una Croacia insulsa -como la que perdió ante Inglaterra por goleada- que a una Croacia enrabietada, desbordante de ese orgullo balcánico, tan proverbial. Estaba muy claro que después de perder 0-7 en Rijeka, Croacia haría todo lo posible por competir al máximo en Split ante España. Y así fue.
A España le costó: no estuvo del todo fina, pero fue un equipo reconocible. Sufrió y acabó ganando un partido complicado. Y ese es un valor incalculable. La victoria clasifica directamente a la selección para los cuartos de final de la Nations, un torneo que nació en su día entre ciertas dudas pero que ha encajado perfectamente en el calendario y que ya tiene un cierto peso como título con entidad propia.
De la Fuente volvió a dejar claro que Lamine es el jugador fetiche de esta selección: el '10' del Barça, '19' en la selección, fue el único de los convocados que ha sido titular en los cuatro partidos. Y aun así, el seleccionador ha sabido cuidarlo y dosificarlo, sin renunciar lógicamente a todo su talento.
Lamine puede regresar a Barcelona muy satisfecho: no solo ha marcado cuatro goles; también ha puesto sobre la mesa que su crecimiento como jugador sigue siendo imparable. Ha demostrado que está entre los tres mejores jugadores del mundo, con escasas dudas al respecto.
Capítulo aparte merece Mikel Merino: no es que cumpla cada vez que sale al campo, es que se convierte en el jugador del partido. Un tesoro para De la Fuente.
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