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A bote pronto

Ni frío ni calor

UD Las Palmas-Valladolid

UD Las Palmas-Valladolid / José Carlos Guerra / LPR

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Martín Marrero

Las Palmas de Gran Canaria

Comparecía la UD ante su, según José Antonio Caro, fría afición con el lastre de haber sumado solo 4 de los últimos 15 puntos disputados, después de dos derrotas consecutivas y con solo tres victorias en el presente curso, contra los tres últimos clasificados. Un lastre que se notó desde los primeros minutos, pese al tempranero gol de Pezzolesi en rutilante acción de Iván Jaime que desnudó a la defensa visitante, poco exigida casi toda la tarde. Pero ni tan pronta ventaja sirvió para desterrar el habitual juego parsimonioso de pases cortos al pie sin nadie capaz de hacer un cambio de orientación o simplemente buscar a un compañero en profundidad al espacio. De ahí que en, pocos minutos, Latasa desvistiese a la zaga amarilla, esta vez sí señalada en solitario con los centrales muy desplazados a la derecha, para igualar sin oposición.

El equipo seguía quedándose a la mitad de lo que plantea De la Barrera: control, aunque sea estéril por lento y distante de la meta rival, pero sin verticalidad, para la que hace falta jugadores como Elías Romero, titular en lugar de Fuster, aunque con uno no basta. Por eso, para un Valladolid que se presentaba como el tercer peor visitante de la categoría (solo dos puntos lejos de Zorrilla hasta llegar a Gran Canaria), no fue complicado apretar líneas y verlas venir a la espera simplemente de que el tiempo fuese cayendo como una losa sobre los amarillos o de que cometieran un fallo en zona de riesgo. Y así llegó el segundo gol blanquivioleta, previo pase interior de Caro a Kirian, pese a estar de espaldas a los rivales, robo de Víctor aprovechando la cámara lenta del grancanario y 1-2 de Ponceau. Los escasos espectadores, entonces, estallaron en una calurosa pitada de indignación, repetida varias veces hasta el descanso. La UD no era capaz ni de aprovechar la lentitud del Valladolid en los repliegues, tal es, a su vez, la falta de vigor insular.

Pero el juego no era el único lastre con el que cargaba Las Palmas. También soportaba el relato de las bajas, que en su caso es como hacerse trampas al solitario, porque solo tres son relevantes, entendiendo por éstas las que afectan al plan del entrenador: Clemente, lesionado; Iñaki, sancionado, y Herzog, con la Sub 21. El resto, un intento vacuo de justificar malos resultados al que no se suma ni el propio técnico, en un alarde de profesionalidad que le honra. La mayoría de jugadores no disponibles están de baja desde la temporada pasada y los restantes son actores, en el mejor de los casos, secundarios a juzgar por los minutos disputados antes de ausentarse. El problema no está ahí. Radica en la configuración de una plantilla con exceso de centrocampistas, por cierto, todos muy similares en prestaciones, un solo lateral izquierdo y pocos centrales de confianza, al menos para De la Barrera. Que no puedas disponer de tres habituales titulares no debiera ser un atenuante. Le pasa a todos los equipos, algunos incluso en mayor medida.

Al menos en la segunda parte se ofreció otra cara, no muy distinta, pero suficiente para que Elías Romero se estrenara como goleador y los espectadores cambiasen silbidos y bostezos por aplausos y voces de aliento. Con qué poco se conforma la gente. Los amarillos se desplegaron con más movilidad y explorando las bandas, en vez del habitual efecto embudo con juego por el medio. Sin más, los de Fran Escribá se abrigaron con el empate sin otra ambición que atesorar su tercer punto en cinco partidos como visitantes.

Al final, el graderío volvió a evidenciar que el equipo no ilusiona. Y no ilusiona porque no divierte. Así de simple. Por eso, unas gradas desérticas con miles de abonados que optaron por planes mejores que ir al Estadio de Gran Canaria. El resultado del plebiscito no ofrece dudas. El pueblo es soberano. ¿O no?, ¿o solo cuando llena y aplaude? Sin juego ni resultados, sin expectativas ni números, este curso puede convertirse en un entretiempo sin frío ni calor. Con indiferencia, que sería lo más triste. Ni los animosos Ultra Naciente aguardaron tras el partido para alentar a sus jugadores. Vaya síntoma.

Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas