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CD Castellón | En memoria de Luis Cela

En el pasado verano, el albinegrismo despidió a una de sus mayores leyendas.

Cela, el capitán del ascenso a Primera y de la final de Copa de la década de los 70, falleció a los 89 años.

Daniel Alonso, uno de sus hijos, comparte esta carta de despedida con los lectores de Mediterráneo.

Luis Cela observa el escudo del CDCastellón en una exposición en Castalia Iuris, en 2010.

Luis Cela observa el escudo del CDCastellón en una exposición en Castalia Iuris, en 2010. / Archivo Mediterráneo

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Daniel Alonso

Castellón

Luis Alonso Poncela Gutiérrez De la Iglesia Chillón, nacido en Zamora el 8 de febrero de 1937. Son palabras que recitaba mi padre de carrerilla, como si se agarrase a ellas para no olvidar de dónde venía.

Me lo imagino en las calles dando patadas a un balón, regatearse a tres o cuatro niños y marcar gol.

Así, día tras día.

Esa pasión por un balón le cambió la vida. Con 18 años, a mi padre lo fichó el Real Madrid, convirtiendo al fútbol en su profesión. Trasladando su manera de ser a su manera de jugar.

Era un hombre de pocas palabras, no demasiado cariñoso y que parecía que siempre estuviese enfadado. Ese bigote eterno no acompañaba, la verdad. Era orgulloso, tozudo y vehemente. Cuando hablaba parecía que chillase, y cuando le decías, no te enfades hombre, contestaba: «No grito, hablo alto».

No podía estar quieto, tenía que moverse y sentirse útil. Era independiente y exigente. Le gustaba hacer lo que le daba la gana. Lo ha hecho siempre.

Y a pesar de todo esto, era entrañable, cercano, carismático, un líder, honrado y bonachón, querido por la gente que lo conocía, y admirado por una afición que nunca lo ha olvidado. Como escribió Vicente del Bosque: «Muchas veces se ofuscaba, porque Cela tenía, y tiene su forma de ser muy particular, pero era un buen hombre, de muy buen corazón... un futbolista que allá donde ha estado siempre se ha entregado al máximo».

Hace unos meses le pregunté. ¿Has sido feliz, papá?. Pensó unos segundos y me dijo: «Sí, he jugado a fútbol. Me casé con Pilar y tuve cuatro hijos». Paró unos segundos, como buscando entre la falta de memoria, y remató: «Sí, qué más quiero». Fin.

Así era Luis Cela, así era nuestro padre. Nuestro capitán.

Los recuerdos

Siempre me ha sorprendido la memoria que ha tenido nuestro padre a la hora de contar batallas, resultados, goles y alineaciones 30 y 40 años después. Muchos de esos recuerdos están recogidos en el libro que coordinaron Guillermo Sahanuja y Emilio Nadal, El Eterno Capitán, con la colaboración (no quiero olvidarme de nadie) de Geray Gutiérrez, Quique Rodríguez, Edu Chova, Enrique Ballester, José María Arquimbau, Juanfran de la Ossa, Roger Lorgeoux, Xavi Sidro, Diego García, Ximo Alcón, Conrado Marín y Miguel Ángel Serer.

Gracias infinitas a todos ellos porque releer el libro, es y será un regalo. Será volver a escuchar su voz en sus entrecomillados. A conocer su historia y revivirla. A que no se olvide su legado y permanezca.

Para nosotros, el CD Castellón y Luis Cela siempre serán lo mismo. Los mismos sentimientos y la misma pasión. Mi padre es el que nos ha llevado de la mano al Castalia y al Bovalar, a ver al primer equipo y al Juvenil de Luis Serrano.

Mi padre era Infrafútbol.

Infrafútbol, para quien no lo sepa, es la verdad en chándal y zapatos.

Chándal y zapatos.

En ese libro, escribía Enrique sobre nuestro padre, su fútbol y su carrera: «De emboscadas superlativas a domicilio, de ascensos y descensos, de buenos y malos. De estafas en contratos, de voceros radiofónicos capaces de echarte a la población encima, y de amistades para toda la vida. De los que ya no están y de los que aún sobreviven. De jugarse su reputación en el final de su carrera, centrocampista reconvertido a líbero, en cada salida arriesgada de balón, con lucidez mental y nervios de acero. ‘La verdad es que le echaba huevos’, con media sonrisa, me dijo, quitándose importancia y encogiéndose de hombros, en lo que me pareció un epitafio de maravilla».

Luis Alonso Poncela, Cela: «La verdad es que le echaba huevos».

Pues sí, le echaba huevos. Hasta el final ha luchado, hasta el último suspiro.

Mi hija le escribió un texto que resume mejor todo lo que yo acabo de decir: «Gracias por todo el tiempo que has pasado conmigo abuelito, por todo el amor, por todas tus bromas. Aunque ahora no pueda serme, sé que siempre estaré en tu corazón».

Para terminar, lo más importante. A mi hermano Jorge.

Gracias por haber estado al lado de nuestros padres todo este tiempo. Gracias por haberles cuidado. Nadie, nadie, nadie podría haberlo hecho mejor. Con tanto amor, cariño y dedicación.

Luis Alonso Poncela Gutiérrez De la Iglesia Chillón ha sido tu padre, pero tú has sido su hijo, su amigo, su enfermero, su cuidador, y finalmente su padre. Porque como has cuidado a tu padre solo lo hace un padre. Desviviéndose.

Quería dar las gracias a todos los que nos han mostrado su cariño, a los que están aquí y a los que con sus mensajes y llamadas nos han hecho sentir reconfortados en estos días que nunca olvidaremos.

Finalmente, unas palabras que para mí representan este momento y que dicen lo siguiente: Y al desplegarse tus banderas, con sus colores bajo el sol, a la memoria llega la gloria del viejo... y solo por hoy: Luis Cela.

Pam, pam, orellut.

Fuente: El Periódico de Mediterráneo