1-3 | El Porto ahoga al Dépor y le tumba con tres derechazos
El gol de Asp-Jensen le abrió el cielo al equipo coruñés, que no pudo aguantar la avalancha portuguesa
Doblete de André Silva y revolución de Gabriel Mec

yeremay / Gus de la Paz
Carlos Miranda
Un Porto con dos velocidades más noqueó a un Deportivo que acabó en la lona (1-3), a pesar de estar por delante en el marcador y aguantar el intercambio. El doblete de André Silva y el gol de Borja Sainz acabaron haciendo justicia en la segunda parte y neutralizando el tempranero tanto de Asp-Jensen. Se envalentonó el equipo coruñés que, por momentos, tuvo la sensación de que le faltaba el aire o que le estaba pasando un camión por encima. Otro ritmo, otro fútbol; ahí también se debe probar.
No estaba en disposición el Dépor y el Porto de alinear sus mejores galas sobre el césped del estadio de Riazor. El virus FIFA había hecho mella, sobre todo en los visitantes. Las lesiones habían sido más crueles con los coruñeses, pero entre unos y otros, había más de una veintena de bajas, entre las que estaban desde Aubameyang o Marc Casadó a Gabri Veiga o Diogo Costa. Aun así, el once titular blanquiazul tenía facha de titular, salvo en la zona de centrales. Pronto la apariencia fue una realidad.
Y es que para cuando el Porto quiso darse cuenta ya perdía 1-0. Una mala salida de pelota, casi en frío, agudizó el colmillo de Asp-Jensen, quien recogió una pelota en el área y no falló frente a Cláudio Ramos. 1-o, minuto 3. La frialdad del inicio de la celebración dio paso a un buen grito del danés. Le hacía falta, necesita librarse y se le sigue resistiendo, más allá de un gol que siempre va a ser terapéutico. El tanto acentuó lo que ya se aguardaba. Escenificó a un Dépor que le costaba conservar la pelota y que sufría una barbaridad con la presión portista. Es el equipo del italiano Farioli una mezcla de un reloj suizo y un grupo de maratonianos con colmillo. Una pesadilla de la que el equipo coruñés se fue librando, aunque sufrió con una pelota al palo de Alan Varela y con la defensa del balón parado, un mal que amenaza con convertirse en endémico.
Aunque le costase respirar, el equipo coruñés también tuvo la oportunidad de asomarse, sobre todo, en transiciones. En una de esas jugadas relámpago, Kevin Sánchez recuperó una pelota imposible y le tiró, con escuadra y cartabón, un pase en diagonal a Yeremay que apestaba a peligro. El canario llegó y recortó, pero, cuando ya se relamía, el disparo cruzado se le fue al limbo. Aún hubo algún susto más de los visitantes antes de que el 10 y Jensen amagasen con el 2-0 en el descuento. Espadas en alto con un Dépor que se defendía y sufría y un Porto siempre amenazante.
La segunda parte
Si ya parecía en el primer acto que el equipo luso tenía una marcha más que el Dépor, esa diferencia se hizo mayor en el arranque del segundo. Farioli cambió gran parte del frente de ataque y metió un activo más en segunda línea para añadirle dinamismo y picante. Ahí emergió la figura de Gabriel Mec, que fue una pesadilla en toda la segunda parte, un buen muestrario de facultades del extremo brasileño. La sensación de ahogo para el Deportivo se incrementó de manera exponencial y la sufrió un recién entrado Álvaro Ferllo. Otra pelota al palo, esta vez de Smalling; y una gran parada a disparo de Pepe. Demasiados uys. Era un milagro que el encuentro siguiese, pronto se iba a igualar.
La pena es que fue cuando el Dépor empezaba a respirar después de ese primer arreón. El equipo coruñés había reclamado la pelota, estaba disfrutando de su primera posesión larga y en nada iba a llegar el refresco y la segunda unidad. Pero, en un abrir y cerrar de ojos, Pepe coló una pelota en profundidad y Borja Sainz la elevó por encima de Ferllo. 1-1, minuto 60. En nada, Gabriel Mec estaba buscando a Souza por la izquierda para que sirviese una pelota al corazón del área que André Silva no desechó. 1-2, minuto 63. Un uno-dos al mentón blanquiazul que mandó al Deportivo a la lona y que requirió que le hiciesen una cuenta de seguridad al levantarse.
Con Yeremay Hernández los 90 minutos en el campo y alternando el centro y la izquierda, el Dépor buscó aguantar el pulso como podía ante un Porto extenuante. El grupo coruñés estaba agotado. Pudieron debutar, al menos, varios canteranos y Riazor tuvo también la oportunidad de ver de nuevo sobre el césped a un Noé Carrillo que no ha perdido ninguna de esas cualidades que encandilaron a la grada y que contribuyeron al ascenso hace unos pocos meses. André Silva puso la rúbrica cuando asomaba el descuento con una volea imparable. Mucho Porto.
Fuente: La Opinión A Coruña
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