“No he visto tomar a mi hijo, a los 18 años, una cerveza en su vida”

Quique Gutiérrez, que fue podio en el Giro y que se va a presentar para presidente a la Comunidad  Valenciana de Ciclismo, tiene un hijo de 18 años que sueña con ser ciclista. “Daría lo que fuese por verle algún día en el Tour de Francia”.

Hijo de un policía nacional, que compitió a nivel amateur, Quique Gutiérrez (Valencia, 1974) fue el ciclista que quiso ser. Un tipo íntegro que siempre dio la cara por los demás. Un ciclista que aguantó 14 años de profesional y que todavía conserva una maravillosa fotografía dedicada de Indurain en el comedor de casa de sus padres en la que Miguel le escribió: “Espero verte pronto en profesionales”.

Fue usted podio en el Giro de Italia 2006
Sí, fue cuando hice podio pero en 2000 ya había sido líder un día. Pero si me habla de mi carrera favorita siempre fue el Tour, que es donde llegaba más en forma. Pero, claro, entonces tuve que trabajar para grandes líderes como Escartín, Tyler Hamilton o Floyd Landis.

Eso es historia del ciclismo.
Tengo el honor de haber compartido esa historia. He coincido con Alex Zulle, con Cavendish, con Óscar Sevilla, con Óscar Freire,  hasta con Alejandro Valverde… Sí, es verdad. He tenido la suerte de trabajar para gente muy, muy buena.

¿Y ése fue su principal límite?
No, yo no era un corredor para un gran palmarés.  Lo sabía desde amateur. Por eso cuando llegué a profesionales lo tenía claro. Es lo que digo ahora a los chavales. Cada uno debe saber para lo que vale. Yo  sabía que valía para trabajar para los demás más para que para ganar y elegí ser gregario.

Entonces el podio del Giro fue una sorpresa. 
Llegué muy bien de forma. No había un líder determinado en el equipo. Aproveché. Nunca había liderado una gran Vuelta y, de pronto, me vi entre  Simoni, Cunego, Savoldelli… la prensa italiana hizo mucha presión. Todo el mundo esperaba que yo fallase un día.

Y no falló. 
Así fue. Ni siquiera en la etapa del Mortirolo,  donde Simoni se me fue con Basso y amenazó mi segundo puesto. Me restó más de un minuto. Pero pude mantener.

Quisimos ver en usted un nuevo Indurain. 
Llamaba la atención. Era un corredor grande. Mido 1,88. No parecía que pudiese ser un escalador pero mis mejores resultados siempre fueron en la montaña. Por eso digo que el ciclismo de mi época rompió mitos: el mismo Basso era un tipo muy grande y subía mucho, mucho.

Fueron 14 años de profesional. 
Desde los 12 hasta los 38 años monté cada día en bicicleta. Estoy satisfecho. Siempre puede ser mejor pero no hay nada de lo que arrepentirse. En todos los equipos siempre estaba en el nueve del Tour de Francia. Eso quiere decir que lo hice bien. Había que ganarse el puesto. Pero casi siempre sabía que iba a ir. Los capos tenían confianza en mí. Creo honestamente  que me gané su confianza.

Son muchos recuerdos.
Óscar Sevilla, en una Vuelta a España, dijo que, si no hubiese sido por mi, se hubiese retirado. Tuvo una caída antes de empezar el puerto de El Escudo. Me quedé con él y le conseguí hacer ver que tenía que salvar el día como fuese. Recuerdo que le devolví al pelotón y ese mismo día yo estuve a punto de ganar la etapa. Son muchos recuerdos, sí.

¿Qué daría por ver a su hijo en el Tour?
Mi hijo es juvenil de segundo año. Sería bonito pero ya no por ego de padre, que también. Pero sobre todo lo daría por él porque esto le encanta. No sé si llegará pero lo va a intentar. Se cuida en cuerpo y alma: yo no he visto a mi hijo, a los 18 años, tomar una cerveza en su vida y tiene las ideas claras. Compagina el ciclismo  con un módulo de administración de empresas.

¿Es todo tan bonito en el ciclismo?
Sí, porque te dedicas a lo que te gusta. Pero hay días en los que no te encuentras bien y estar tantos días fuera de casa…. A veces no es fácil. De hecho, a mí fue lo que me retiró. Los contratos ya no compensaban. Los dos últimos años estuve en un equipo colombiano y llegó un momento en el que no. Al final, la bicicleta es sufrir.

¿Y cómo ha sido su vida después?
Sigo haciendo lo que me gusta. No me falta de nada. No tengo grandes lujos. Pero me he dedicado siempre al ciclismo hasta ayudando a los organizadores de carreras. He hecho de todo. He sido entrenador, seleccionador. He llevado una escuela y eso es lo que me lleva ahora a querer ser presidente de la Federación Valenciana de Ciclismo.

¿Y ése presidente que quiere ser se portará como un jefe de filas? 
Sí. Un jefe de filas tiene mucha confianza en sus gregarios y para ser presidente hay que tener confianza en la gente de la que te rodeas. Rodearte de buena gente es fundamental. Eso lo aprendí en el ciclismo. No vale el egoísmo ni el querer llegar a todo. Por muy líder que seas no puedes ganarlo todo. Coincidí con gente muy buena. Landis, Heras, Hamilton…, y eso no lo olvidaré nunca. Fueron 14 años. Son muchos años.

 

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Publicado por
Alfredo Varona

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