“Mi ego convive con el de otros 29 compañeros”

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David de la Cruz, el ciclista tardío, explica su manera de ser como ciclista: “Es un mundo difícil en el que tus sueños no deben solapar con los de los demás”

Hace dos años decidió dejar las expectativas a un lado. Quizá eso hizo mejor ciclista a David de la Cruz (Sabadell, 1989). Un ciclista sin pasado que llegó sin imaginarlo y que ya ha sido tres veces séptimo en la Vuelta a España y que cuando le dices que saca diez años a Pogacar o Evenepoel te contesta: “Y Valverde me saca diez años a mí”. Así que lo más bello, que es el final, aún está por descubrir.

¿Y como será ese final?
Mi sueño es ser podio en la Vuelta a España. En 2017 me sentí muy competitivo. Entonces creí que podía. Pero ha pasado el tiempo y todavía no lo he logrado.

¿Y lo logrará?
Cuando pasas a profesionales esperas ganar más carreras y al ver que no lo logras tienes dudas. Por eso yo decidí trabajar con un psicólogo y gracias a él he descubierto que lo mejor es no obsesionarse con los resultados.

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¿Y eso le hace mejor ciclista?
Comprendí que no todo depende de ti. En el ciclismo existe la mala suerte. Hay que contar con ella como en esta última París Niza en la que me tuve que retirar en la última etapa con una bronquitis y… ¿Qué vas a hacer?

Nada.
O en la última Vuelta a España. Iba con la idea de sacar mejor resultado que el séptimo puesto. Pero jamás había corrido una Vuelta con tanto nivel. Ni siquiera en el Giro o en el Tour. Y si le suma que llegué con solo 30 días de competición… Con esto quiero decir que no todo depende de ti.

Le veo que es un inconformista
Uno tiene que serlo. Siempre lo he sido. Pero a la vez hay que valorarlo todo. Debes saber que el inconformismo es un arma de doble filo que te puede sumar o que te puede restar.

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¿Y cómo se maneja entre esas dos aguas?
Intento sacar el lado bueno de las cosas.

¿Ser inconformista le permitió dejar el supermercado en el que trabajaba? 
Sin duda. Al final fue una decisión importante porque necesitaba el dinero. Si hubiese sido más conformista no hubiese dado el paso. Pero mi vida son decisiones como cuando decidí, teniendo una oferta de Movistar, irme a Alemania porque creí que era lo mejor para mí. Así que creo que no conformarme me ha aportado cosas buenas.

Es un mundo difícil el ciclismo.
Sí, lo es, sí, porque está tu ego que debe convivir con el de los otros 29 compañeros de equipo y, ¿sabe lo que pasa?, que todo el mundo quiere cumplir sus sueños.

Y no todos los cumplen.
Pero tú, como ciclista, debes tratar que tus sueños no se solapen con los de otros, y eso no siempre es fácil. Aún menos para mí, que venía del atletismo, un deporte individual. Se puede imaginar. Ahí sabías que valías en competición lo que hacías en los entrenamientos y no tenías que rendir cuentas a nadie.

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¿Qué atleta hubiera sido?
Le ponía ganas, le ponía dedicación. Pero no era suficiente. En 3.000 obstáculos tenía 10,28 y en 10.000 había hecho 37,30 con 14 años.

Y apareció el ciclismo
Fue una cosa del destino. El ciclismo me descubrió a mí. No estaba satisfecho con mi vida y en un paseo por Sabadell, en el que intentaba encontrar una tienda para comprar una mountain bike, vi una bici de carreras y me la compré. Recuerdo que valía 500 euros, dejé 20 de señal y al día siguiente fui a por ella.

¿Y eso fue todo?
No. Yo trabajaba en el Open Car en Tarrasa, a 20 km de Sabadell y veía que cada vez iba más rápido en bicicleta. Y un día pinché y fui a ‘Ciclos Trujillo’ delante de casa de mis padres a que me lo arreglarán. Y le dije a Antonio que yo cada vez iba más rápido. Me miro de arriba a abajo y me invitó a salir en una marcha con ellos. Yo fui con zapatillas de correr, mallas de atletismo…, y hasta hoy.

De película.
Parece una historia de película, sí. En mi casa no se respiraba nada de ciclismo, cero. Cuando cogí mi primera bici no sabía ni quien era Indurain.

Qué cosas.
Así como lo oye pero con todo el respeto del mundo.

¿No se cansó de sufrir?
Creo que todas las personas sufren de una u otra forma. La dureza o la belleza de la vida está en los ojos del que la mira. Hay vidas que parecen que son de ensueño y no lo son. Y la dureza te la da la actitud. Y yo tengo buena actitud. Sé que trabajo no es igual a resultados muchas veces. Mire en la última Paris Niza, una bronquitis y para casa. Pero yo no tengo miedo a la dureza.

¿En quién se inspira?
Siempre recordaré el Giro que ganó Froome en 2018 y que ganó en esas dos últimas etapas porque fue un momento espectacular. Todo se nos torció y al final, a base de creer, se ganó. Fue algo mágico que me acompañará toda la vida.

 

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Publicado por
Alfredo Varona
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