Luis Ángel Maté, tras 14 años de profesional: “Si no comes no funcionas”

Es un clásico del pelotón. Un ciclista de 37 años que nació en Marbella, que corrió 9 años en Cofidis y que ahora está en Eusksltel. Su experiencia es un tesoro.

A los 37 años, afronta su 14 temporada como profesional en Euskaltel. “Mi motivación no corre peligro”, asegura Luis Ángel Maté (Marbella, 1984). Un ciclista que no sólo utiliza la bicicleta para trabajar sino también como medio de transporte, hasta para hacer los recados. “No tengo ni coche”. Un hombre comprometido con los demás. “Yo sólo voy al pequeño comercio”. Y un padre de familia de dos hijos, de cuatro y dos años, que sueña con que sus hijos le vean competir y le reconozcan. “Mi ilusión tiene un fondo de armario suficiente”, dice.

¿Qué se puede hacer a los 37 años en el ciclismo? 
La motivación,  todo depende de la motivación  y la mía está a punto. Me ilusiona estar donde estoy. Me siento un privilegiado y no sé lo que me quedará.  Pero me gustaría que mis hijos me viesen correr.

Debutó en 2008 como profesional. ¿Qué ha hecho para aguantar?
De nuevo, le respondo lo mismo: la motivación.

Le entiendo. 
Claro que he pasado por momentos malos y muy malos, incluso. Pero he sabido conservar la ilusión y ahora, a los 37 años, mantengo la misma ilusión que el muchacho que pasó a profesionales. No ha cambiado nada.

La vida sí ha cambiado mucho.
Y yo también he cambiado. Soy más mayor. Soy padre. Ahora tengo otras inquietudes.  Antes no frenaba tanto (risas). Me he calmado.  La vida te calma. Antes era más alocado.

¿No hace falta la locura? 
Hay que ser un poco loco para ser ciclista o, más bien, loco de remate. Le diría más.  He comprobado que la locura no tiene vacuna después de 14 años de profesional. De otra forma no aguantarías. Cualquiera que haya estado en el pelotón  sabe de lo que habló.

¿Y la vacuna no es el miedo?
Ahora que lo dice, sí, puede ser. Podría ser. Desde luego, la pregunta es interesante. Si pensamos en el miedo a perder, en el miedo a caerse, que nos persigue a todos los ciclistas, está claro que el miedo es como una vacuna.

¿Y usted ha tenido miedo alguna vez? 
Todos lo tenemos, todos lo hemos tenido.  Es un deporte peligroso en el que, por mucho que tú lo hagas bien, te enfrentas a situaciones que no puedes controlar porque te enfrentas a 200 ciclistas diferentes. Y a veces te tienes que meter en unos ritmos en las bajadas… Y  efectivamente, ahora que lo dice  estamos rodeados de miedos  constantemente.

Mire el accidente de Bernal al chocar con un autobús. 
Ojalá se recupere.

¿No ganar para usted es como una religión? 
Hay ciclistas que por el rol que desempeñan lo tienen más difícil. Pero gracias a mi trabajo hay compañeros  que han tenido victorias que las considero mías. He tenido la suerte de ayudar a compañeros muy agradecidos. Siempre recordaré la victoria de José Antonio López Gil que ganó por casualidad en la Vuelta a Andalucía y que tuvo un detalle precioso con todo el equipo tras un día de perros. Llegó tarde del podio cuando todos ya estábamos duchados, en el hotel, porque se había  ido a comprar un Ipad para cada uno de nosotros.

¿Y de los más, más grandes? 
Le podría hablar de Revellin, de Gilberto Simoni y sobre todo del fallecido Michele Scarponi.  No me olvidaré nunca de él.  Tenía un aura, una energía  especial. Nos marcó a quienes tuvimos la suerte de conocerlo. Conmigo tuvo los detalles más bonitos que se pueden tener en la vida y que no voy a contar ahora por respeto a su vida. Pero me emociona recordarlo.

No es normal un ciclista nacido en Marbella. 
Es tan difícil como que salga un esquiador en Uganda y Kenya

Y sin embargo…
La ilusión mueve montañas. Mi padre trabajaba en el servicio de obras en el Ayuntamiento de Marbella y era aficionado al ciclismo. Y entonces aparecí yo que crecí con el boom de los cinco Tours de Indurain y que me encantaba la bicicleta. Y tuve la suerte de que los fines de semana mi padre sacrificaba su descanso por llevarme a las carreras. Salíamos de noche y volvíamos de noche toda la familia, incluidos mis dos hermanos.

¿Ya se puede retirar usted tranquilo?
No me voy a retirar todavía pero, efectivamente,  así es: lleva usted razón.

¿Los 42 años de Valverde son un estímulo para no retirarse nunca?
Si, pero sobre todo es un estímulo para la sociedad. En todas las profesiones tendría que existir un Alejandro Valverde o un Rafa Nadal. Su pasión  nos hace mejores a los demás. En esta época los necesitamos más que nunca. Necesitamos emocionarnos con sus victorias y  sobre todo, con su ejemplo.

¿Usted pasa hambre?
No, yo no. Pero hay algunos compañeros que sí. Hay mucha obsesión entorno a la alimentación en el ciclismo. Y es una pena porque este deporte ya es demasiado duro para que nosotros mismos crucemos el límite de lo saludable por una obsesión.

¿Nunca estuvo obsesionado por la alimentación?
Sí  lo he estado, sí. Pero la vencí a golpe de ensayo error. Me di cuenta rápido de que, si no comes, no funcionas, da igual lo delgado que estés. Por eso siempre digo que esta lección forma parte de la pedagogía del ciclismo. De hecho,  es lo primero que debería enseñarse.

¿No es entonces un esclavo de la báscula?
No, para nada. Pero sí me peso todos los días. Y le diría  que, más que una obsesión,  es un hábito para saber como estoy. Sobre todo porque yo tengo muchas oscilaciones. Hay días que he llegado a pesar hasta 2,8 kilos más, depende mucho de la retención de líquidos.

¿Y qué le queda por hacer en el ciclismo? 
Me queda mucho. Me queda compartir mi  experiencia. He corrido grandes carreras y quiero transmitir todo lo que me ha dado el ciclismo. Necesito más tiempo para transmitir la pasión que conlleva a diario montar en bicicleta. Hay gente que necesita escucharlo.

¿No es  un ejercicio muy rutinario? 
Sí lo es, sí. Sobre todo por la tecnificación de unos años a esta parte. A veces me parece que somos robots. Vivimos rodeados de números por todas partes y es un exceso. Nosotros mismos deberíamos  reivindicar los orígenes del ciclismo.

¿Y eso cómo se hace?
La pasión. Es lo que le decía antes. Hay que coger la bicicleta por pasión. Ahora presumimos de que hay campeones jovencicisimos como Pogacar pero ¿Y todos esos que se quedan por el camino? ¿Y lo que han sufrido? ¿Acaso ayudarles no es importante?

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Publicado por
Alfredo Varona

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