Herminio Díaz Zabala, el pionero del pinganillo: “Un día en el Tour lo mandé a tomar por saco”

Fue uno de los inolvidables soldados de la ONCE de Manolo Saiz. Un ciclista fiel que hoy se dedica en Santillana del Mar al mundo de la hostelería.

Fue un ciclista que hizo mejores a los demás. Hoy, es padre de tres hijos (23, 20 y 16 años) y trabaja en su propio hotel. El 12 de diciembre Herminio Díaz Zabala ya cumplirá 57 años. Quién lo diría. Pero para nosotros siempre será uno de los ciclistas de la ONCE de Manolo Saiz que revolucionó el ciclismo. “Cambiamos la mentalidad de los equipos españoles. Sobre todo en las contrarrelojs por equipos. La mentalidad era que ibas a pasar un mal día y nosotros demostramos que se podían ganar”. Hoy, Herminio echa muchísimo de menos el ciclismo. Le gustaría volver y recordar desde el volante al ciclista que fue. Un hombre que siempre daba la cara y que incluso llegó a ganar la la Tirreno Adriático, la carrera entre dos mares.

Fue un currante del ciclismo.
Hice lo que pude. Cada uno debe encontrar su sitio y lo encontré. Fueron 13 años de profesional en los que la mayoría de las veces estaba pendiente de los demás.

¿Y eso le realizó?
Siempre. Todo el mundo tiene sus objetivos personales. Pero siempre me sentí valorado y me permitió ganarme la vida. A todos nos hubiese gustado ganar un Tour. Pero eso son excepciones.

¿Qué le dejó el ciclismo cuando se retiró en 1998?
Sobre todo la satisfacción de haber vivido de este deporte. Eso no me lo puede quitar nadie y ya tenía 34 años y, a esa edad, uno entonces ya parecía muy mayor para el ciclismo. Debía tomar una decisión. Había montado un hotel en Santillana del Mar. Mi tío, que trabajaba en el Ayuntamiento y que es un hombre con mucha visión, encendió la mecha. Nos dijo a mi hermano y a mí ésa que podía ser una buena salida.

¿Y lo ha sido? 
Ahora mismo estoy aquí. No es mi mundo el de la hostelería. Pero me da estabilidad y,  como ahora ya no tengo la posibilidad de estar en el ciclismo, debo estar aquí. Ojalá puediese volver algún día, porque es lo que me apasiona. Pero mientras tanto debo vivir la realidad.

¿Qué hace?
Hago de todo en el día a día. Estoy en todos los sitios y en ninguno. Pero, sobre todo, procuro estorbar lo menos posible porque tenemos al mejor equipo que se puede tener.

¿Quién toma las decisiones? 
Nunca he tenido ningún problema y, de momento, el negocio va y nos deja para vivir y para salir algún día por ahí a tomar un vino con los amigos. Mi aspiración, sobre todo, es una vida tranquila.

¿Fue tranquila su vida de ciclista? 
En mi recuerdo es la mejor época de mi vida. Tenía la rutina hecha. Era lo que más me gustaba en el mundo. Si volviese atrás haría lo mismo y encima con mi hermano Pedro al lado. No podía tener mejor compañero y el caso es que era una tortura entrenar con él, pero a la vez era un estímulo. En 20 años le habre escuchado, a lo máximo, cinco veces decir, “hoy estoy mal”. Siempre estaba bien, deseando salir a entrenar.

Siempre lo asociaré a usted y a su hermano a la ONCE de Manolo Saiz.
Fue el período más largo de mi carrera, sí.

¿Y cómo fue? 
Ese equipo cambió la forma de hacer las cosas.  Hacía falta evolucionar y la ONCE demostró cómo hacerlo. Hasta entonces entrenabas por sensaciones. Pero en la ONCE se planificaba de otra forma porque Manolo Saiz venía de la universidad y aplicó todo eso al ciclismo: yo no conocía ningún equipo que entrenase con pulsometro y él nos puso el pulsometro. Hasta entonces, si estabas cansado retrasabas el entreno para el día siguiente. Pero con él eso se acabó. Sin ir más lejos, recuerdo que yo fui el primer ciclista en llevar el pinganillo.

¿Y eso no es una tortura para el ciclista? 
Había momentos que sí, hay que reconocerlo. Recuerdo una etapa en el Tour. Yo era la cadena de transmisión entre los compañeros y el coche. Aquel día había mucha tensión. Los compañeros decían una cosa y Manolo Saiz decía otra. Me volvieron loco y entonces lo mandé a tomar por saco.

¿Y no se enfadó Manolo? 
Se enfadaría, sí, pero empezamos otra vez y no pasó nada. Es lo que decía antes. Nunca he tenido problemas a la hora de tomar decisiones. Si se puede ayudar se ayuda. Pero si no estás en disposición de hacerlo debes asumirlo. Al final, todos tenemos nuestro genio y la gente, que está a nuestro alrededor, debe entenderlo.

Fue la ONCE de Jalabert y de Zulle. 
Pero estaba Lejarreta, Mauri, que ganó una Vuelta… Hasta le podría hablar de Johan Bruynel, de Laurent Dufont, de Oliverio Rincón…, pasó tanta gente pero uno de los mayores valores siempre fue el grupo. Al final, las figuras pueden venir de cualquier sitio. Pero la fidelidad que te daba gente como mi hermano Pedro, como Leanizbarrutia, como Neil Stephens, como Díaz de Otazu, Aldanondo o como yo mismo…, eso no es tan fácil de encontrar.

¿Quién fue el líder más agradecido? 
Creo que todos. El que es líder es consciente de la necesidad que tiene de apoyo. El que no sabe valorarlo siempre lo tendrá más difícil.

¿Quién fue el lider que necesitó más apoyo? 
La gente siempre hablaba de Álex Zulle pero no se crea. Decían que tenía la limitación de las gafas cuando llovía porque perdió una Vuelta bajando la Cobertoria. Pero es que en aquella bajada cayeron 20 ciclistas porque la carretera era una pista de patinaje. Zulle no era tan torpe cuando llovía como le ponían. Qué va. Pero tuvo momentos puntuales de mala suerte y se le puso ese sanbenito.

Zulle, Jalabert, Lejarreta…, uno rejuvenece al escuchar esos nombres. 
Sí, ya lo creo.  Pero, sobre todo, yo echo de menos la carretera porque es mi pasión. Quiza equivocadamente no me he movido para volver. Pero no he desconectado nunca. No me he aislado. Sigo muy activo. Siempre estoy buscando información y en cuanto hay una retransmisión por televisión…. Pero desde 2006, desde la Vuelta que ganó Vinoukurov, ya no he vuelto. He cometido el error de no moverme, de no insistir quizás. Me relajé y es verdad que los años han pasado.

¿Y no vive más tranquilo? 
No vivo mal. Ahora estoy mucho tiempo en casa. Pero el volante, como en su día el manillar, me hacía feliz. La tranquilidad te la da la felicidad de hacer lo que te gusta. Es difícil arrancar a alguien de su auténtica vocación y admito que es frustrante cuando no puedes llevarla a cabo. No lo oculto.

Nadie le puede quitar lo que hizo
El pasado siempre está ahí. Pero, aunque no hagas nada por saltar al ruedo, uno nunca dejará de amar el ciclismo. Las cosas son como son. No tengo problemas económicos. Tengo donde echar el tiempo y sacar un sueldo. Tengo el trabajo al lado de casa. Me crié aquí y aquí he pasado mi vida, pero el ciclismo…..

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Publicado por
Alfredo Varona

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