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Ángel Vicioso, de sprinter a carpintero: “Después del ciclismo, no hay nada duro”

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Se retiró a los 40 años. Duró 19 de profesional en los que ganó 31 carreras. Siempre al sprint, que era su especialidad, hasta que Purito se lo llevó con él al Katusha. Hoy, a los 45 años, Vicioso trabaja de carpintero.

 

El tiempo pasa muy deprisa. Hace 4 años ya desde que se retiró Ángel Vicioso (Alhama de Aragón, 1977), que fue un muy buen sprinter y, sobre todo, una prueba rotunda de longevidad. Se retiró con 40 años ganando su última carrera. Subió entonces al podio con sus dos hijos (que ya tienen 14 y 11 años). “Fue un momento que vale para toda la vida”, recuerda Vicioso, que ahora es carpintero y ha descubierto su afición por la carrera a pie. “Quiero ver hasta donde puedo llegar en el maratón”, dice.

Se retiró usted a los 40 años.
Sí. Mis últimos años ya no me metía en sprints masivos. El estrés del sprint te acaba agobiando. No te deja disfrutar de tu trabajo. Prescindí de ello y alargué mi carrera.

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¿Y cómo se lo permitió?
Cuando gané la etapa en el Giro de Italia 2011, vino Purito y me dijo: ‘quiero que el año que viene seas mi hombre de confianza en el Katusha’, y acepté ese rol. Me vino bien mentalmente. Me permitió vivir mejor y disfrutar como hasta entonces no lo había hecho. El estrés te come por dentro, te envejece.

No ganar nunca también es duro.
Bueno, había algunas carreras en las que luchaba por hacerlo. De hecho, gané mi última carrera, que fue el Gran Premio Miguel Indurain. Pero, sobre todo, me quedé con la parte positiva de ser gregario. Estaba en uno de los mejores equipos del mundo. Llegaba al hotel y estaba más tranquilo. Descansaba mejor.

Al final, todo se acaba.
Aguanté 19 años, que ya son años, pero siempre tuve presente que esto se acabaría algún día, que todo tiene un principio y un final.

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¿Y ahora?
Bueno, pues ahora tengo un amigo que es carpintero, tiene mucho trabajo y le voy a echar una mano 4 horas por las mañanas. Mi padre tenía una carpintería y es lo que he mamado desde niño. Hacemos muebles de cocina, puertas… Él tenía mucho trabajo y me decía, ‘no encuentro a nadie que sepa’ y le dije que, si quería, le echaba una mano y me dijo,  ‘vale, te compro tu tiempo’.

¿Y en qué se parece al ciclismo?
Nada. Pero el ciclismo me ha enseñado un sacrificio que no te lo enseña otra cosa en la vida. Después del ciclismo, no hay nada duro. Esto me lo decía Ángel Arroyo. Me juntaba mucho con él en Huelva donde hacíamos jornadas de ciclismo. Me contaba que tenía un lavadero de coches y que se pasaría el día entero lavando colches y que no se cansaría. Pero es que los ciclistas estamos acostumbrados a pasarlo tan mal a pasar frío, a estar sin comer…, son tantas penalidades…

¿Y cómo se adaptó a la vida civil?
Tenía ganas de disfrutar de mi familia. Dejé el ciclismo con 40 años: ya no podía hacer más. Dejé mi vida encaminada. Tengo unos apartamentos en Alhama de Aragón que los gestiona mi mujer y funcionan bien. Y, aunque tengo que trabajar, nunca he sentido ese estrés de tener que buscar trabajo imperiosamente.

¿Ha estado en paro?
No. Sólo he estado un año sin trabajar, que fue el año que vinimos a vivir a Zaragoza. Pero entre poner la casa en orden, etc, el tiempo se iba rápido cada día. Hasta entonces tenía unas clínicas de podología en Andorra, las vendí y vinimos a vivir a Zaragoza.

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¿Podría volver al ciclismo?
No creo ni quiero. No me veo como director de equipo. Tengo una escuela ciclista en Zaragoza a la que voy martes y jueves y con eso me vale. Pero a nivel profesional no, no me lo imagino.

¿Sufrió mucho?
Sufres pero un día ganas y te compensa todo el sufrimiento. Pero esa vida ya pasó para mí. Ni siquiera me lo he planteado. Me fui y hay que aceptarlo porque tampoco hay tantos puestos de trabajo para ser director.

Fue un buen ciclista en lo suyo.
Gané 31 carreras en profesional y eso es difícil. Pero lo hice. Fui un privilegiado durante 19 años en los que lo pasé mal. El tema de la Operación Puerto me dejó sin equipo. Pero mi mujer me dio un empujón y, gracias a ella, resurgí.

¿Fue usted uno de los culpables de la Operación Puerto?
Fuimos muchos. Se nos culpó por estar en unos papeles. De todos modos, creo que ahora ya es un recuerdo innecesario.

¿Uno deja de ser ciclista?
No, nunca. Me encanta el ciclismo. Cuando gané mi última carrera pude subir con mis hijos al podio y ese momento vale por toda una vida. Pero es que todo lo que soy se lo debo al ciclismo, le debo todo. ¿Qué más puedo decir? Fui profesional, hasta 19 años seguidos.

Cualquiera lo firmaría.
Las personas somos ambiciosas por naturaleza. Pero lo importante es conformarse con lo que haces.

Lleva razón.
Ahora quiero preparar una maratón, que será la de Zaragoza. De momento, ya tengo 1 hora 22 min en media entrenando dos meses, de enero a marzo. Sé que podría bajar de 1h20m sin problema. También sé que el maratón exige más tiempo, pero puedo dárselo, quiero dárselo.

Un ciclista profesional tiene buen motor.
Primero, tengo que reconocer la distancia del maratón, terminarla bien. Una vez que me adapte, iré a por marca, porque todo lleva su tiempo. No tengo prisa. En el ciclismo descubrí mi límite. Ahora quiero ver hasta dónde puedo llegar corriendo.

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Publicado por
Alfredo Varona
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