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La hamburguesa del Burger King

A los 61 años, Sergio Fernández Infestas lo ha batido todo corriendo en categoría de veteranos desde una disciplina que no es de este mundo.

Si hay historias con el corazón partido, ésta siempre será una de ellas. Si hay hombres que se acercaron al paraíso aquí está él, Sergio Fernandez Infestas, a los 61 años, envejecido, canoso e incapaz de mirarse al espejo y no sentirse esquelético. Así es su voluntad que se parece a la de los que amamos esta cosa de correr. Siendo así le comprendemos de veras y no nos molesta que a su edad siga corriendo más rápido que nosotros. El reloj no llorará por ello. Siempre hay excepciones en la vida,  apariencias que engañan y héroes que esperan en la parada del autobús. Vidas  a fuego lento que no explican lo que somos, sino lo que queremos ser.

A su edad, nadie en el mundo corre tan rápido como él, que fue capaz de hacer 32’12” en 10.000 a los 55 años o 16’34” en 5.000 ahora, a los 61. Unas cifras que entusiasman a la leyenda, que disculpan la locura y el derecho a asustarnos ante su disciplina, severa como una nevera vacía. Pero así es Sergio Fernández Infestas, un hombre que fue destinado a vivir así, a no mezclar el pan con la mayonesa ni a pegar tiros por un ascenso en el trabajo. El corredor, que nunca dejará de ser, se responsabilizó de su vida. Hizo bien. No sólo en el cine existe gente tan extraña, corazones sin prejuicios como este suyo que fue capaz de llegar a los 277 kilometros en una sola semana, año 83, vivirlo tuvo que ser la locura.

Hace tiempo que conozco a Sergio, a esa pequeña estrella que nunca se calla. Ni siquiera ahora, a los 61 años, en los que a veces intuye que el dorsal se agota en su vida. En los ratos de debilidad explica que su capacidad de recuperación ya no es la de aquellos años en los que llegó a doblar siete días de la semana. Pero, a cambio, le queda el amor supremo al atletismo que explica que todavía se levante a las seis de la mañana los días que dobla y se acueste muy temprano con un cansancio que no le concede ni el placer de escuchar la radio más allá de diez o doce minutos. Así que no veo claro que en los próximos diez anos no siga bajando de 34.00 o 35.00 en 10.000 ni fusilando a corazones 20 años más jóvenes en las series de los martes. La razón no siempre lleva la razón.

“Un hombre que no probaba ni a tiros una bebida gaseosa, que sólo bebía agua de Solans de Cabras y no se imaginaba ni en sueños en un Burger King”

No es fácil reencarnarse en Sergio. Es más, diría que es prácticamente imposible. Quizás hoy ya se moderó algo pero antes tuvo que ser como meter a un sargento en la cocina. Un hombre que no probaba ni a tiros una bebida gaseosa, que sólo bebía agua de Solans de Cabras y no se imaginaba ni en sueños en un Burger King. Pero últimamente ya parece posible, su muro de Facebook tiene la prueba, y yo nunca dejaré de recordar la última entrevista que tuve con él. El silencio abrió su corazón, alejado de frases hechas o ironías. El hombre entonces dio una lección de humanidad. Prometía que había aprendido a relativizarlo todo y hasta le costaba entender aquellos tiempos en los que se amargaba de veras si en una carrera no le salía la marca que buscaba. “Si lo piensas fríamente, era algo, es algo, que no tenía ningún sentido. Otra cosa es que uno siga teniendo un grado de implicación en lo que hace”.

Casi 40 años corriendo, desde 1978, no sólo dan para escribir un libro. También para no envidiar a nadie. Viajó por medio mundo en competiciones de veteranos en las que lo ganó casi todo. Siempre le digo que su biografía pesa más que él. Si existiese, la academia ya le hubiese dado un Óscar con el alma y con el pecho, con fotografía hasta en la alfombra roja. Pero entonces aparece él, que es ese hombre teatral y ese corredor inolvidable que apareció para matar cuando cumplió los 40 años. Lo batió todo hasta su derecho a la intimidad cuando se trata de contar su historia, terriblemente ambiciosa y egoísta, como la de tantos corredores. Quizá porque no hay forma de que la felicidad completa encuentre domicilio fijo. De hecho, aquel día Sergio se hizo esa pregunta en voz alta: “Qué es la felicidad completa?”

Hoy, podría haberle entregado el micrófono en la mano. También podría fusilarles con su biografía de atleta, con sus marcas y hasta con sus entrenamientos en los que semanas de 130 o 140 kilometros pasan tan campantes por la máquina registradora. Pero me conformo con poner de ejemplo su voluntad para hacer lo que uno quiere o para recordar que no es el valor que le den los demás, sino el valor que uno le da. Y entonces aparece Sergio Fernandez Infestas todavía en pie, a los 61 años, envuelto en pellejoey que sería irrepetible con tres o cuatro kilos de más. Quizá porque hay historias que tienen que ser así. Vidas que deben ser así. Vidas en las que nunca será tarde para probar una hamburguesa en el Burger King. No todo es blanco o negro.

@AlfredoVaronaA


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4 Comentarios

  1. 16 minutes los 5km? Ayer hize 19 minutos con 42 anyos y me deje medios pulmones… Increible… Felicidades… Me das animos para continuar entrenando y corriendo…

  2. Menudo, enjuto, discreto, pasa desapercibido hasta que suena la pistola, y corre como un fantasma por un castillo, visto y no visto, decir que es un crack es demasiado sencillo, es una referencia nacional!

  3. Ni la disciplina para el entrenamiento ni la amargura tras no conseguir algun propósito le ha anulado su sentido del humor. Ha podido ser criticado, pero mucho mas envidiado, yo particularmente le envidio y le admiro

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