“Señores: se compite como se entrena”

“Señores: se compite como se entrena”

Compartir
SERIAL MEMORIAS DE ÁFRICA (I): Antonio Serrano cuenta la experiencia que está viviendo con  Adel Mechaal entrenando en Etiopía, a 2.700 metros de altitud, donde la primera semana no se superan ritmos de 3’15″/km

“Africa, Memorias de África. Son las ocho de la mañana, las seis en España, y aquí estamos, a pie de las colinas, a 2.700 metros de altitud. Me gusta madrugar porque le concede a uno un tiempo que hace falta para pensar. Aún más aquí, en Etiopía, donde perseguimos una sola idea: entrenar y descansar. Cumplir con las leyes que imperan en el atletismo de hoy como hace Mo Farah, alojado a 500 metros de nosotros, en el Yaya Resort, el gran imperio de Gebreselassie. Allí vamos todos los días, al gimnasio y a la pista de atletismo de 400 metros de ceniza, dentro de las propias instalaciones. Un verdadero lujo, sin duda. Pero para el mes entero que Mechaal, su hermano Said y Ouassin, campeón de España de cross sub-20, van a estar aquí ese hotel se nos salía del presupuesto. Así que estamos en uno más humilde, donde el silencio te invita a cerrar los ojos y a pensar que es lo que nos trajo hasta Etiopía. Te das cuenta entonces de que la respuesta es bien fácil: la posibilidad de aprender de los atletas africanos, de su resistencia al esfuerzo y, en definitiva, de descubrir que nosotros también podemos vivir como ellos. No somos tan distintos. Por eso vinimos y por eso ha vuelto Adel Mechaal, que ya estuvo aquí hace un par de años. 


“No hacíamos rodajes por debajo de 3’15″/km porque en la altitud hay que ser aún más prudentes sí cabe”

Quería volver. Necesitaba volver a reencontrarse con este mundo él, que es un defensor de trabajar en altitud. La prueba es que este invierno ha vivido en Navacerrada, a 1.800 metros de altitud lo que, para empezar, les ha concedido a él, a su hermano Said y a Ouassin una rápida adaptación a Etiopía. No recuerdo ni un solo momento en el que protestasen por un dolor de cabeza. Tampoco por nauseas ni por falta de oxígeno. Ni siquiera ayer en el que, ya sí, realizaron un fartlek realmente duro que les dejó a los tres machacados. De hecho, cayeron rendidos a la hora de la siesta, porque hasta entonces nunca habíamos entrenado así. No hacíamos rodajes por debajo de 3’15″/km porque en la altitud hay que ser aún más prudentes sí cabe. La de recordarlo es una de mis funciones como entrenador. El avión nunca se escapa la primera semana. No podemos llegar aquí, a la recepción del Resort de Gebreselassie, y liarnos a preguntar por Mo Farah para salir a entrenar con él. 


“Vinimos con una promesa que no se salta ninguno de nosotros: entrenar y descansar”

 Sabemos que Mo Farah está por aquí preparando el maratón de Londres. Nuestra idea la próxima semana es compartir algún entrenamiento con él, hacer grupo con otros atletas africanos. Sea en la pista del Resort o sea en medio de la nada, donde ya he encontrado un sitio para hacer mañana 12 cuestas de unos 50 metros. Entonces, como en los rodajes, yo siempre me quedo a un lado guardando nuestras cosas. Es una de las características de este sitio, en el que continuamente ves pasar a tanta gente y… Hace dos años, en una de estas, a Mechaal le robaron el móvil. Y no fue eso sino toda la información que tenía dentro del teléfono. Pero esto es África. No todo puede ser perfecto en este altiplano, rodeado de montañas, donde se suceden por cualquier parte atletas, a los que no es tan fácil poner nombres y apellidos, corriendo como balas. Todo eso me invita a volver a recordar lo que yo siempre les digo a mis atletas: “Señores,  se compite como se entrena”. Y no sé por qué pero mientras escribo no hago más que recordar citas del libro de Ed Caesar, ‘Dos horas’, que me he traído en este viaje y que leo en los ratos de silencio. Hay momentos en los que el libro recuerda algo que veo todos los días en mi vida:  “Sólo cuentas con tu cuerpo para conseguirlo; todo lo que has hecho en tu vida hasta el momento que llegas a la meta está conectado con ese esfuerzo”. 

Aquí, efectivamente, tenemos tiempo. Vinimos con una promesa que no se salta ninguno de nosotros: entrenar y descansar. Y como en el hotel casi no tenemos wifi… Y como no hemos localizado ningún canal de televisión en castellano… Todo lo que interrumpe nuestra idea es la lectura o las partidas de parchís que jugamos por las noches, antes de acostarnos  cuando nosotros mismos pasamos lista: un día más o un día menos. Y en la oscuridad volvemos a recordar que no vinimos aquí para hacer una ruta. Ni para fotografiarnos junto a la Lalibela. Ni para ir a las cataratas del Nilo azul. Quizá el día que estemos jubilados ya  tendremos tiempo de hacerlo. Quién sabe. Todo en la vida tiene su momento. Pero ahora Etiopía es un medio para nosotros, una manera  de reconocer un hábitat que, si realmente marca diferencias, volveré con las chicas: Marta, Irene… Pero entonces a ellas les diré lo que les he he dicho a Adel, a su hermano Said o a Ouassim: si logramos ir un día a cenar a Addis Abeba , a la capital, ya tenemos suficiente. Y digo si logramos porque no se crean: no lo veo claro. 


“No vine aquí para radiografiar a nadie. Vine buscando el rendimiento de mis atletas”

 En realidad, no es que haya una gran distancia. Sólo son unos diez kilómetros pero hay carreras de 10.000 metros que se hacen más rápido. Aquí, el tráfico es difícil. Las carreteras están mal asfaltadas. Son tantos baches que no sé ni explicarlo. Hay vacas que se cruzan en la calzada. Hay tiendas de fruta en lugares que no imaginarías nunca. Hay tantas casas sin terminar de construir como la de la foto que le dejan a uno mal cuerpo… Y coches que en España imaginaríamos camino del desguace y que aquí  aún hacen su oficio… Pero eso es otra vida de la que realmente yo poco les puedo contar porque temo fallar a la verdad o faltar el respeto a este país. No vine aquí para radiografiar a nadie. Vine buscando el rendimiento de mis atletas. Vine para explicar que la motivación de esos atletas también es mi motivación. El hecho de ver a  Adel Mechaal, que nunca está dispuesto a escatimar nada en su cruzada por ser el mejor. Y, precisamente, por eso está aquí. Y por eso estamos aquí. Y por eso seguimos aprendiendo. Y, si no pasa nada, el próximo día les seguiré contando. Porque ahora ya es hora de ir a la pista: vamos a  tomar un café y marchar para allí, a empezar un nuevo día en el que el cielo vuelve a estar nublado…”    

@AlfredoVaronaA 

Compartir

Te puede interesar...

Deja un comentario

Con la publicación de un comentario acepto expresamente recibir la newsletter y soy conocedor de que puedo darme de baja en cualquier momento de acuerdo a nuestra política de privacidad