“Prefiero ser buena persona a hacer marca personal”

“Prefiero ser buena persona a hacer marca personal”

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Dice que tiene “mucho que agradecer a los atletas populares”. “Si las marcas me apoyan a mí es gracias a las zapatillas que ellos se compran”, explica Toni Abadía, a los 29 años, quizá en la mejor época de su vida. “El éxito es volver a atarse las zapatillas cada día”.

Representa a las ideas claras. También da gusto escuchar cómo se expresa, la facilidad con la que Toni Abadía dice lo que quiere decir. Ha empezado imparable 2020, pero eso no impide que su idea se domicilie a  largo plazo. “Si no me clasifico para ir a los JJOO de Tokio será un fracaso”, admite Abadía en el viaje de ida y vuelta que representa esta conversación. Hablamos de cómo ha cambiado su idea de la vida desde los 23 años cuando empezó a trabajar en ‘El Corte Inglés’, cuando no sabía si algún día sería atleta profesional. Hoy, que lo es, habla de la humildad como el espejo de su vida. Recuerda que llegará ese día en el que los atletas jóvenes le pasarán a él como él pasó un día a su gran referente: Eliseo Martín.

Pregunta. Podría hacer usted un tratado del éxito. 
Respuesta. Bueno, para mí, el éxito es muy relativo. Siempre tuve claro que el éxito  no solo es estar entre los mejores, sino que el éxito no te impida seguir siendo el mismo o no te impida aprender…

P. ¿Y qué ha aprendido?
R. He aprendido que entre el éxito y el fracaso hay menos distancia de la que uno imaginaba: nunca pude imaginar que fuese tan corta o que un segundo fuese tan largo. Pero, sobre todo, no me podía imaginar que a veces el éxito no fuese volver a ganar, sino volver a atarse unas zapatillas o a disfrutar de la rutina de un calentamiento. Pero ahora que he visto a compañeros como Mayo o Escriche pasar por lesiones tan largas…, ahora, que  he convivido con todo eso, me resulta difícil decirme a mí mismo: ‘Toni, has fracasado’.

P. La vida nos cambia.
R. Por eso le decía. Por eso cuando yo mismo no consigo lo que he planeado ya no estoy tan convencido de que haya fracasado. Al contrario. Valoro lo que he aprendido como me ha pasado con la preparación del maratón. No sé si fue el miedo o la responsabilidad lo que me impidió llegar hasta el final. Pero aprender eso, saber valorar lo que me ha pasado, reconocer esa relacion respeto/miedo que no he sabido neutralizar, será importante para la próxima vez.

P.¿Es difícil ser atleta?
R. Si no se te va la cabeza, no. No tiene por qué. A los atletas no se nos puede ir la cabeza: los atletas nunca vamos a morir de fama…

P. A todo el mundo le gusta ser reconocido.
R. Pero tienes que saber que aquí la fama es pasajera, que estás aquí de paso, que hoy estás tú y mañana estarán otros, porque esto es así. La vida es así. Por eso para mí la fama no es ser superior a nadie, sino el espejo de mi vida.

P. El espejo de su vida.
R. Tengo la posibilidad de demostrar a la gente más joven que es posible llegar hasta donde he llegado yo y que las cosas se pueden hacer con honradez. Sobre todo en una época como ésta en la que a veces estamos esperando que alguien dé positivo para sentenciarle. Pues bien, ahí estás tú para dar ejemplo, para demostrar que las cosas se pueden hacer bien, que no hay por qué llegar a esos extremos.

P. ¿Qué necesidad tiene usted de dar ejemplo?
R. Mire, yo creo que tengo muchísimo feed back con los atletas populares. Si ellos me miran a mí, porque corro un poco más rápido que ellos, yo también les miro a ellos porque tengo mucho que agradecerles. Sé que, si las marcas me apoyan a mí, es gracias a ellos, gracias a las zapatillas que ellos se compran. Y, para mí, tener presente eso ya es dar ejemplo. Me ayuda a no separar los pies del suelo.

P. Eso es importante.
R. Es importante saber dar las gracias a toda esa gente que saca tiempo para correr después de trabajar ocho horas al dia, a toda esa gente que no tiene el tiempo que tienes tú y que, sin embargo, está en una línea de salida.

P. Usted también trabajó en ‘El Corte Ingles’.
R. Sí, y en Decathlon. Tenía 23 años y aprendí a no dar cabida a la pereza. Tenía el tiempo justo para entrenar, para trabajar, para vivir. Volvía corriendo a casa y tenía la suerte de que llegaba a mesa puesta, de que la ducha estaba libre….

P. ¿Qué hizo con su primer sueldo?
R. Hice un viaje de ocio con los amigos. Pero, sobre todo, invertí ese dinero en comprarme zapatillas porque entonces yo no tenía una marca que me patrocinase y las zapatillas valen un dinero… Y quería que me quedase algo material de aquel dinero, que había ganado, pues al final el viaje se acababa y….

P. Es el problema de los viajes. Al final, sólo quedan los recuerdos.
R. Pero también le puedo decir que creo que ése ha sido mi último viaje de ocio. Desde que soy profesional del atletismo le podría decir que no he vuelto a repetir.

P.  ¿Y eso es un problema?
R. No, qué va. Es más, le voy a contar. Cuando Mario Mola se debatía entre el atletismo y el triatlón, cuando coincidí con él en la Blume, me dejó marcado para siempre. Me decía que a los 18 años tenía tan interiorizada esta vida que no echaba de menos no haber ido a las fiestas que habían ido otros chavales de su edad. Me puse a pensarlo y me dije: ‘este tío lleva razón’. Todavía lo pienso.

P. ¿No ir a los JJOO sería un fracaso para usted?
R. Sí, si lo sería, sí. No puedo engañarme. De hecho, esta mañana lo hablaba con Carlos Mayo porque todo en nuestro grupo está orientado este año para ir a Tokio y si no vas…  Pero, claro, si pones toda la carne en el asador, si lo das todo y al final hay gente mejor que tú…, qué vas a hacer. Al menos, te queda el orgullo de intentarlo, la conciencia tranquila.

P. ¿Se acostó alguna vez sin la conciencia tranquila?
R. Sí, cuando me he retirado de una competición.  Sin ir más lejos, el año pasado en Hengelo y en Huelva. No me gustó lo que hice. Descubrí entonces que me retiré no porque no pudiera dar más, sino porque tenía otras previsiones para esas carreras que vi que ya no iban a cumplirse. Y no supe gestionarlo. Y el atletismo no es eso. El atletismo es otra cosa. Me di cuenta entonces de que algo había que cambiar y de que yo iba a cambiarlo.

P.  ¿Qué cambió?
R. La mentalidad. No quiero volver a olvidar que en los días malos uno también es atleta. No quiero olvidar que no sólo se trata de ser el mejor. Que la humildad es otra cosa y que no se puede subestimar a nadie. Por eso a veces viene bien que la competición te pegue una cura de humildad. Te ayuda a recordar que algún día vendrán otros que te superarán a ti porque esto esto es ley de vida.

P. Como le pasó a Perico Delgado con Indurain.
R. Exacto.

P. Y como le pasará a usted.
R. Siempre recordaré la primera vez que gané a mi gran referente: Eliseo Martín. No creía que iba a llegar nunca ese momento. Pero llegó y, a partir de ese día, descubrí lo mas importante: que no fue ganarle esa vez, sino volver a ganarle, porque él ponía todos los medios para que yo no le ganase. Allí entendí la humildad del atleta que lo había sido todo.

P. Esta anécdota debería leerla todo el mundo.
R. Pero también podría hablarle de Jesús España. Cuando estuve en la Blume me dejaba cada día con la boca abierta entrenando. Me parecía invulnerable hasta el día que llegó ese Campeonato de España en 2014 en el que le gané y él fue tercero. Y vino hacia mí y me felicitó como un señor. Y no lo olvidaré nunca.

P. El tiempo vuela.
R. Sí, ya lo creo. En 2020 me voy a plantar en los 30 años y a veces me parece que fue ayer… Pero entonces me doy cuenta de que mi ilusión no ha envejecido, de que soy el mismo que llegué al atletismo por afición. Nunca pensé en el reconocimiento social o en el dinero. Solo pensaba en hacer lo que me gusta y aún lo pienso. Por eso creo que lo mejor está por llegar.

P.  ¿Aún puede mejorar? 
R. Creo que sí. Es verdad que soy un atleta trabajado, que he sido muy machacón y muy exigente consigo mismo. Pero creo que todavía no estoy gastado, que aún puedo, que aún me sobra motivación.

P. Y la motivación lo es todo.
R. Sí, yo lo noto cuando Pepe, nuestro entrenador, nos pone esos entrenamientos que te hacen temblar. Y nosotros decimos: ‘se ha pasado, esta vez se ha pasado’. Pero entonces al momento nos recordamos que es lo que necesitamos para estar donde queremos estar. Sin ir más lejos, mire el último entreno que fueron 10 km a una media de 3’20”,  luego 10 cuestas para trabajar la fuerza y terminamos con 4×1.000 a una media de 2’48”. De entrada dices, ‘¿pero esto qué es?’ Luego, te convences de que es lo que hay que hacer, de que esta es tu vida.

P. Algún día se echará de menos.
R. Lo sé, pero entonces buscaré otra cosa y, sobre todo, seguiré pensando lo que siempre decimos en nuestro grupo de entrenamiento: la actitud puede ser más importante que las cualidades. Es más, le diría que si no hubiese sido por la actitud nunca hubiésemos sido campeones de España. Creemos, sobre todo, en la actitud.

P.  ¿Podía haber sido usted un atleta mediocre?
R. Le diría más. No hubiese sido ni atleta. A los 16 años yo quería dejar de correr. Pero mi madre insistió en que me lo pensase dos veces y conocimos a José Luis Mareca, a mi entrenador, que creo que ha sido el gran descubrimiento de mi vida. Siempre lo digo y no me cansaré de decirlo. Si no es por él hoy yo no estaría aquí. Eso no se puede olvidar nunca

P.  ¿Sabe tanto de atletismo ese hombre?
R. Cuando yo conocí a Pepe, él sólo era monitor. Luego, se hizo entrenador nacional pensando en nosotros. Pero, sabe lo que pasa?, de ese hombre yo, sobre todo, he aprendido de la vida. He aprendido la importancia de ser buena persona y de que eso no cambie nunca. Mareca nos ha pagado inscripciones a carreras. Nos ha regalado zapatillas, nos ha regalado guantes… Ha hecho tantas cosas por nosotros y, sobre todo, se ha preocupado tanto… Sufre por nosotros cuando estamos lesionados más que nosotros mismos y tú, por verle feliz a él, haces lo que sea….

P. Ése es el mejor regalo.
R. Sí, porque Pepe no quiere nunca nada. Mire que hemos tratado de pagarle un viaje por todos los medios, pero él siempre dice que no, que nada, que no hace falta y ves su vida y ves lo que ha trabajado y, aún así, siempre lo ves a tu lado… Y ése ha sido el éxito: conocerle. Yo jugaba de extremo izquierdo en el fútbol y estaba desilusionado porque jugaba poco. Y fue lo mejor que me pudo pasar, que mi hermana me dijese un día, ‘haz atletismo’. Es más, le diría que si mañana volviese a nacer, y me ofreciesen esta misma vida, diría un ‘si’ rotundo.

P. Eso es lo mejor de todo.
R. Es verdad pero, sobre todo, creo que todos coincidimos en que el atletismo es una forma de vida, lo hagas al nivel que lo hagas. A mi madre le enorgullece muchísimo decir que sus tres hijos corren, yo y mis dos hermanas, la pequeña incluso también hace taekwondo.

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