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Phondy: y te juro que mañana volveré

Fernando García, el gran Phondy, es un entrenador que hasta 2012 acudió a 3 JJOO, 5 Mundiales y 3 Europeos con Elíseo Martín. Ahora, con Pol Oriach, es el momento de preguntarle si algún día volverá. “No es fácil creer pero me resulta mas difícil rendirme”

– Cada día el tiempo corre más. Parece que fue ayer cuando conocí a un chaval de 11 años que quería empezar en esto del atletismo -explica Phondy, a los 53 años.

– Acababa de sacarme el titulo de monitor nacional -añade.

Y ese chaval, que se llama Elíseo Martín, llegó a tres JJOO, cinco Mundiales y tres Europeos en los 3.000 obstáculos.

– ¿Quién me lo iba a decir?

Y, a su lado, Phondy fue tan feliz.

– Crecí junto a él. Me dedicaba más a Elíseo que a mí. Siempre pensé que si él no terminaba de despuntar es porque hacía algo mal.

– ¿Y descubrió que hacía mal?

– Sí. Metía mucho volumen en invierno y no metía pinceladas de calidad. No separaba la paja del grano. En aquellos inviernos hacían seis o siete grados bajo cero y me daba miedo. Dejaba la calidad para muy tarde. Pero a partir del 96 ó 97 cambiamos y todo empezó con el 8’13” del mitin de Huelva. Y allí nos posicionamos hasta que se retiró en 2012 después de ser medallista en Pamplona en un campeonato de España.

– Cogió la varicela ese verano -añade-. Si no hubiese ido a Londres 2012, a sus cuartos Juegos.

Han pasado nueve años y Phondy no ha vuelto a tener a un atleta de esa categoría.

– No lo busco pero algo haremos bien porque apareció Javier Mariño y ahora Pol Oriach.

– Pero, claro, llegar al nivel de Elíseo es tan difícil -le digo.

– Pero quién sabe en el futuro -contesta.

Phondy habla entonces de Pol Oriach, que parece un diamante en bruto.  

– Pol no es el segundo Elíseo -dice-. Elíseo solo hay uno. Su historia fue única. En 1999 fue campeón de España de 3.000 obstáculos y el día antes se lesionó en un isquio. Tuve que vendarle la pierna toda la noche para aguantar.

– Pero es que Elíseo era como el Guadiana -insiste-. Aparecía y desaparecía. En 2002 le cayó una maceta en el pie en un accidente en casa. Le dijeron que nunca más volvería a correr. Sin embargo, tres meses después, fue quinto de Europa en Múnich atacando en la última vuelta”.

– Se me llena la boca recordando -acepta Phondy-. Pero es que esta historia da para un libro.

– También te podría contar que en 2009 hizo 8’16” con una pubalgia -añade ahora.

Es más, hay días en los que Phondy cuenta estas historias a los más jóvenes.

– Sí, porque les enseña, les endurece. Siempre les recuerdo que cada atleta tiene su mecanismo de defensa y yo, como entrenador, debo tirar del carro para que salga el entreno. Pero también es verdad que tomando decisiones aprendes mucho.

–  ¿Que le puede enseñar a usted Pol Oriach a los 18 años?

– A volver a soñar, a fabricar un atleta único, a recordarle que el atletismo pasa y la persona queda.

– El día después

– Efectivamente. Llega un día en el que hay que echar el cerrojazo.

– Pero el entrenador se queda.

Eliseo Martin, Pol Oriach y Fernando García (Phondy)

– Y  añoras esos veranos y te das cuenta que sin los grandes campeonatos tus veranos ya no son los mismos. Yo me iba con Elíseo a todos lados.  Pedía parte de mis vacaciones en la empresa. En Sidney estuve un mes el año de los JJOO pero esos momentos en la grada, esa última vuelta viéndole pelear con los mejores del mundo, eso queda en la retina para siempre.

– Pol Oriach debe volver a llevarle hasta ahí.

– No lo sé. Pero a Pol nunca lo verás fuera de sitio. Si le explicas tácticas te mira fijamente, te motiva a seguir explicándole y como yo siempre digo donde pone el ojo pone la bala. 

– ¿Y todavía ganan o pierden carreras las tácticas de los entrenadores?

– Sí. Creo que sí.

– ¿Pero cómo se hace una táctica en una carrera que no se ha corrido nunca?

– Estudiando a los rivales y teniendo claro como están tus atletas. Yo siempre les digo a los míos: “Con nosotros en forma el problema es del resto”. Todavía recuerdo con Pol cuando fue subcampeón de Europa y tuve una conversación con él, “entrenamos para que la semifinal sea un trámite y estar mejor en la final”.

Y añade:

– Yo se lo vendo al atleta y él me lo tiene que comprar.

– Te aseguro que las pulsaciones incluso yo las llevo más altas en la grada que el atleta -insiste.

– ¿Y cómo es que sabe tanto de atletismo?

– Todo lo busco dentro de mí. Desde los 14 años, cuando empecé a trabajar cogiendo fruta, he sido así. En el 92 me cogí un billete de avión para ir a Boston para ir al Mundial de cross para ver a Elíseo. Me costó 55.000 pesetas y lo hice porque sentía que debía hacerlo. Y así ha sido siempre.

En los dias siguientes, Phondy regresa a la realidad.

Y así ha sido durante sus últimos 35 años.

Y a las siete de la mañana ya está en la fábrica de metales de Monzón, donde  trabaja de director industrial.

– Tomo un café y me pongo con toda la actividad desde que llega el pedido por la puerta hasta que se carga el camión.

Es un hombre con dos vidas y a las dos se dedica en cuerpo y alma, promete.

Recuerda que cogió el avión para el Mundial de Osaka 2007 dos dias después de morir su padre, “aquí ya no hacía nada”.

Son mil historias, efectivamente, en las que siempre recuerda en voz alta que “lo más importante es creer”.  

– ¿Y es tan fácil creer?

– No es tan fácil. Pero en mi caso es más dificil rendirse. Y si el año que viene haces una centésima menos o te mantienes yo ya he ganado, les digo a los atletas.

Pone su propio ejemplo:

–  Tengo 53 años y aún pienso que tengo veintitantos.

E insiste:

– La vida pasa pero todo depende de lo que uno lleve dentro.

Y eso que él es un hombre con prótesis de cadera que ha pasado por cinco quirófanos en seis años.

– Llegué a hacer 2 horas 28 minutos en maratón. Fui atleta desde los 11 hasta los 44 años cuando se me descubrió la artrosis que en mi caso fue hereditaria. Mi madre la tiene. La gente me decía, “claro, todo el día corrriendo”, pero  yo estoy convencido de que el deporte consiguió que esta artrosis mía se retrasase.

Phondy, el mediano de 5 hermanos, pertenece “a una generación que aprendió  a buscarse la vida en la calle”.

Allí también aprendió a correr “tras una apuesta con un amigo”.

Hoy, a los 53, es como si siguiese corriendo.

Su mujer y sus hijas han aprendido a aceptar sus ausencias, a convivir con ellas.

Pero es que separar a un hombre de su vocación puede ser un peligro.

Y quién sabe.

Quién sabe si Phondy se jubilará algún día.


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