Inicio Entrevistas Pedro: el hermano de Iñaki Gabilondo que ama el atletismo

Pedro: el hermano de Iñaki Gabilondo que ama el atletismo

Es un señor ya jubilado de 72 años que ha ido de enviado especial a 9 JJOO y a 7 Mundiales de cross desde un periódico de provincias. Se llama Pedro Gabilondo y de niño iba todos los días al colegio leyendo el MARCA.

A su lado, la envidia es sana

¿Por qué no voy a envidiar a un periodista que ha viajado a nueve JJOO, desde Munich 72?

Es más, me hubiera gustado ser él en el año 68 cuando vino Ron Clarke, el atleta australiano que batió 17 récords del mundo, a San Sebastián y el redactor jefe le mando a él, que era un joven de prácticas, a entrevistarle.

– ¿Te gustaría ir?

– Oh, sí por favor, qué ilusión.

Y de eso vamos a hablar hoy: de la ilusión que nunca se enfría.

Y de Pedro Gabilondo, que ahora es un hombre de 72 años, un jubilado que vive a 150 metros del mar en el barrio de Gros en San Sebastián y, si a él le parece, de aquel chaval que iba todos los días al colegio “leyendo el’Marca'”.

Se dio cuenta entonces de que “el periódico era sagrado” y de que no podía ser otra cosa en la vida: periodista.

El destino le prestó su ayuda sin dolor cuando uno de sus hermanos Iñaki, el gran Iñaki Gabilondo, seis años mayor que él,  les dijo a sus padres:

-Quiero estudiar periodismo.

Sus padres le contestaron entonces:

-¿Cómo Lolita, la mujer que vende los periódicos? ¿Pero eso es estudiar?

Qué recuerdos.

Todo son recuerdos hoy para Pedro Gabilondo que fue ‘Mister Gabilondo’ durante tantos años viajando por el mundo, escribiendo con prisa, pensando más deprisa.

– ¿Cómo es que un periodista de provincias iba a tantos sitios? -se pregunta hoy.

Responde él mismo:

-Tuve la suerte de que mi periódico pertenecía a un gran grupo.

Y fue a esos 9 JJOO y a esos 7 Mundiales de cross y, desde ahí, nos explicaba que era esto qué tanto nos apasiona: el atletismo.

Pedro junto a Mamo Wolde, campeón olímpico de maratón en los Juegos de México 1968.

Y nos apasionamos con él como él ahora se apasiona con Odei Jainaga y su jabalina y sus lanzamientos y sus 23 años, atleta de la tierra Odei.

Pero ayer, uff, ayer era todo tan asfixiante, “escribías en la tribuna y tenías que bajar corriendo a ver que decían los atletas”, con prisas, casi siempre con prisas, hasta cuando no te las esperabas.

A las 2 de la mañana en Seúl, en los JJOO de Seúl 88, una mujer apareció diciendo:

-Ben Johnson, Pedro, Ben Jonhson ha dado positivo.

-Bueno, pues ya lo escribiremos mañana –  contestó él.

– ¿Cómo qué mañana si en España son ahora las 8 de la tarde?

Y hubo de ponerse manos a la obra, a la tecla.

Pero así era el mundo de aquellos años como en aquel Europeo de Atenas del 82 en el que él envío por telex la crónica, y todo ok, qué suerte y qué rápido, hasta que llamó a su periódico, ‘¿ha llegado?’, ‘no, no ha llegado’,  ‘¿y cómo?’

-Al día siguiente llamaron de una fábrica de chocolates de Zaragoza que habían recibido la crónica, que si la necesitaban -recuerda hoy.

-La telefonista se había equivocado al marcar el prefijo.

Qué locura el periodismo.

Pedro Gabilondo recuerda de veranos en los que trabajó los 90 días seguidos, de fines y fines de semana al pie del cañón, de decirle a su mujer: “tú es que eres viuda de periodista”.

Cuando se jubiló al principio Pedro Gabilondo siguió haciendo entrevistas: es tan difícil prescindir de esta pasión, justifica.

Con Ben Jonhson

Hoy, que el tiempo ya pasó; hoy, que es padre de “dos médicos y de una guionista de televisión”; hoy, que cada vez que ve una esquela en el periódico siente que perdemos un lector.

Pedro Gabilondo pertenece a esa época en la que El Diario Vasco vendía “100.000 periódicos y tenía un índice de lectura comparable al de Suecia y Noruega”, qué tiempos, madre mía.

Pedro también se acuerda de aquel viaje al Europeo de Budapest con el equipo español de atletismo.

-Pero en el aeropuerto había una nevada tremenda y no pudimos aterrizar y tuvimos que hacerlo en Frankfurt y hacer 600 km en autobús y me acuerdo en la frontera con Hungria, donde nos paró la policía para registrarnos y lo único que se llevó fueron las revistas de ‘Interviu’ de los atletas.

Ríe o ironiza hoy Pedro Gabilondo, que nunca fue atleta.

-A lo sumo, aspiraba a ser un buen portero suplente en el fútbol.

-Pero sí iba a Anoeta los domingos a ver correr a mi amigos después de misa.

Y luego vino Zatopek a San Sebastián. Y Mamo Wolde. Y Ben Jonshon. Y Carl Lewis. Y hasta Bekele.

Y Pedro Gabilondo, con ese bigote que se dejó, siempre estaba ahí.

Pedro: el cuarto de los nueve hermanos de Iñaki Gabilondo entre los cuáles no le cabe duda de que “el carnicero es el más importante” y mira que en esa familia “hay tres periodistas, dos médicos, una monja, un administrativo y otro que trabaja en una asociación de parálisis cerebral”.

Pero nada como la carne recién hecha: los recuerdos del padre, que era carnicero.

Y cómo pasó el tiempo, madre.

Hoy ya son todos señores mayores: la edad.

“Si te hacen jefe ya no haces lo que te gusta”, decía Pedro Gabilondo en sus últimos años en ‘El Diario Vasco’ cuando le hicieron subdirector.

Pero así es la vida que hoy repasamos como si fuese la letra de una canción, un paraguas que se abre y que se cierra y que nos recuerda que en su primer viaje al extranjero para escribir de atletismo en el año 71 propuso a su periódico:

-Vosotros pagáis la mitad y yo pagó la otra mitad -les dijo.

Desde entonces no puede ocultar lo que quiere a esta profesión que le enseñó a amar, sobre todo, el atletismo y el balonmano y que hoy duerme en sus álbumes de fotografías en blanco y negro, donde los recuerdos, por fin, corren sin prisa.


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