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Orlando Ortega devuelve la magia de la plata olímpica al atletismo español

  • Decimotercera medalla olímpica de la historia del atletismo español

  • Yidiel Contreras, eliminado en semifinales, 16º con 13.54

Cubano para la IAAF, español para el COI, medalla de plata en 110 m vallas, nieto de velocista, hijo de atleta, Orlando Ortega, desde el tartán azul cielo del estadio olímpico de Río de Janeiro, pasó a formar parte de la historia del atletismo mundial. Como su abuela Cristina, oro en relevos en los Juegos Panamericanos de Winnipeg’67, a la que le debe la genética y parte de la vocación, que su padre, Orlando también, se encargó de perpetuar, hasta hoy, para hacer de un joven de 25 años recién cumplidos, el quinto medallista de plata de la historia, 12 años después de la última lograda por el marchador ‘paquillo’ en Atenas, dando la decimotercera medalla de la historia al atletismo español.

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EFE

Clasificado para la final con un tiempo de 13.32, “cuando corre bien, no roza ni una valla” no se cansa nunca de decir su padre y entrenador, que recordó la incertidumbre pasada por su hijo hasta que se recibió la confirmación de su participación. Y es que en la disciplina de las vallas, que miden 107 cm, la técnica de paso de cada una de las 10 vallas (separadas por 9,14 metros), tiene tanto o más peso que las ausencias de rivales, especialmente si faltan los tres últimos campeones del mundo. Shubenkov por el veto colectivo al atletismo ruso y los estadounidenses David Oliver, campeón mundial de Moscú 2013, y Jason Richardson, en Daegu 2011 y plata en Londres 2012, así como Aries Merrit, último campeón olímpico, trasplantado de un riñón a primeros de años que le mermó en los trials de Estados Unidos, relegándole al cuarto puesto y quedándose fuera de los Juegos por una centésima, en beneficio de Ronnie Ash y Jeff Porter. Devon Allen sorprendió con el primer puesto.

Ash, segunda mejor marca del año (12.99), por la calle cinco en la primera serie de semifinales pujaba con Ortega por una de las dos plazas que les daría el paso a la final (se clasificaban los dos primeros de cada una de las tres series y los dos mejores tiempos). Pero Ortega, “mi reto es entrar en la final y luego ya cualquier cosa puede suceder”, no se dejó intimidar y con un paso muy depurado en cada valla, alcanzó en la quinta su máxima progresión, que le hizo compensar su salida relegando a Ash a la segunda plaza (13.36).

En la segunda serie, donde el viento de la noche carioca apenas variaba, Omar McLeod, un atleta que despliega toda su potencia en la velocidad entre vallas, se presentaba como claro candidato al podio al vencer su serie con 13.15. Tras él llegaba pegado el francés Pascal Martinot-Lagarde, número uno mundial de 2014, y plata en los 60 m vallas del mundial de pista cubierta de Portland 2016 (7.46). Los dos únicos atletas que pasaban por tiempos fueron de esta serie fueron Allen, receptor de los Ducks de Oregón, que llegaba a Río con la segunda mejor marca mundial del año, y lo hacía con 13.36 tras un conseguir el mejor tiempo de reacción de los 24 semifinalistas (0.120 milésimas) y el canadiense Johnathan Cabral con 13.41. El cuarto clasificado en Londres 2012, el británico Lawrence Clarke, quedó eliminado al quedar sexto de la serie. El mismo puesto que el español Yidiel Contreras en la tercera semifinal, pero con peor tiempo (13.54), lo que le dejó fuera de la final. Una tercera serie dominada por el francés Dimitri Bascou (13.23), campeón de Europa en Amsterdam 2016, que tuvo que emplearse a fondo para que Milan Trajkovic, que batió el récord de Chipre con 13.31, no le arrebatase la primera plaza. Porter se quedó a las puertas de la final con 13.45.

Una final, la última de la jornada, que algo menos de dos horas después, tenía a ocho hombres preparados para entrar en la historia, donde Ortega, quinto mejor tiempo de las semifinales, correría por la calle siete. El secreto de hacerlo mejor, para Ortega, pasaba por “no cometer el más mínimo error, que puede hacer que te caigas, que alteres el ritmo o que simplemente gane otro que este mejor” por eso los 110 m vallas es la prueba más igualada del mundo, donde en una final cualquiera tiene opción a medalla por la igualdad de tiempos. Tras una salida potente, “queríamos asegurar la arrancada para no cometer nulo” declaraba Orlando padre finalizada la prueba, su pupilo evolucionó por los 13,72 metros que hay hasta alcanzar la primera valla, con pasos firmes, aguantando la posición de sus rivales, especialmente la de los dos franceses, Bascou (calle 6) y Martinot-Lagarde (calle 4) a los que rebasó a partir de la quinta valla, donde Ortega volvió a repetir la progresión de su serie semifinal. No pudo con el jamaicano McLeod, oro con 13.05, pero sí con el campeón de Europa, Bascou, que fue bronce con 13.24.

Las emociones tras la prueba invadieron las imágenes que llegaban desde la pista, donde el vallista español, lloraba dando gracias por la oportunidad que le habían dado. Una medalla de plata, que sabe a oro, después de dos juegos olímpicos de sequía.

@FerminCBIoI


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