Nacionalizaciones: el eterno debate

Nacionalizaciones: el eterno debate

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Mucho se ha escrito sobre la victoria en el Campeonato de Europa de Cross de Hyères de la escuadra española en categoría senior. La victoria más apabullante en la historia de esta competición. Pronto la alegría de la victoria dio paso al alboroto de un patriotismo obsceno. Los cuatro primeros atletas clasificados del combinado nacional (2º, 3º, 4º y 5º), los cuatro que puntuaban de cara a la clasificación por equipos, eran atletas nacidos fuera de España. Completaba el equipo español el leonés Roberto Alaiz, y el ciudadrealeño Juan Antonio Pérez, 7º y 44º, respectivamente.

En el mismo momento en el que la participación española concluía la carrera, comenzaba la polémica. El eterno debate acerca de las nacionalizaciones.

Pongámonos en situación. Adel Mechaal, bronce, nacido en El Jebha (Marruecos), reside desde los cinco años en Cataluña. Obtuvo la nacionalización con 23 años. Ahora tiene 25. Ayad Lamdassem, cuarto, natural de Sidi Ifni, llegó a España 14 años atrás, recién cumplida la mayoría de edad para competir en un Campeonato Universitario con Marruecos, decidió escaparse por la ventana de un hostal de Santiago de Compostela y quedarse, residiendo y entrenando en Lleida desde entonces. Nacionalizado español 5 años después, en 2007. Ilias Fifa, quinto, también procedente del estado norteafricano, recabó en un centro de menores en Santa Perpetua de Mogoda (Barcelona) hace más de diez años, cuya nacionalidad fue concedida hace pocos meses a pesar que tres años rechazó competir con su país natal. Y Alemayehu Bezabeh, plata, nacido en Adís Abeba (Etiopía), a su llegada a Madrid en 2006 estuvo durmiendo en las calles durante un mes. Mientras corría por el parque para pasar el rato fue reclutado por un grupo de entrenamiento y rápidamente nacionalizado por carta de naturaleza, un Real Decreto del Consejo de Ministros que atribuye la nacionalidad de manera discrecional, por circunstancias excepcionales. Reside en Etiopía la mayor parte del año, y a duras penas se maneja en castellano (no olvidemos mencionar su sanción de dos años por dopaje; eso sí, para el aficionado es recurrente mezclar debates, no siendo realmente lógico). En el equipo femenino, la también etíope Trihas Gebre, plenamente integrada desde hace cinco años en el día a día guipuzcoano. Cinco personas, cinco situaciones con un punto en común, la nacionalización.

Y pese a la polémica generada al efecto, esta situación no deja de ser, al fin y al cabo, un fiel reflejo de la sociedad en la que vivimos, consecuencia de la globalización imperante en un planeta absolutamente plural, cuya multietnicidad fruto de los movimientos migratorios se ha convertido en un factor determinante a la hora de observar una plena abundancia de culturas, razas y pueblos conviviendo bajo las trazas de unas mismas fronteras. La cuestión principal, como hemos visto, es el hecho de que cada caso es diametralmente distinto. Donde cada persona es un mundo se tiende a generalizar, raíz esencial de la polémica, incluyendo en el mismo saco a nacionalizados exprés, a atletas que residen hace años en el país como ciudadanos de pleno derecho, algunos incluso antes de tener uso de razón (con lo que es obvio que se han formado, no sólo como atletas, sino principalmente como personas), o bien a segundas generaciones, hijos de inmigrantes. En los equipos Sub-23 y Junior de la propia Selección Española que acudió a Hyères también encontramos numerosos ejemplos: Houssame Benabbou, Dunia Mahassin, Ayoub Mokhtar, El Madhi Laoufi o Tariku Novales, el ceutí Mohamed Ali Jelloul, Nassim Hassaous, nacido en Las Palmas de Gran Canaria, o el madrileño Amín Houkmi.

Tratándose de un tema tan sumamente complejo, no podemos (ni debemos) obviar el hecho de que igualmente existen países (e igualmente, casos en España) en los que los atletas son prácticamente “comprados” a otras federaciones a fin de ensanchar el medallero. Casos como el de Ali Kaya o Polat Kemboi Arikan, los dos últimos Campeones de Europa de Cross, datan de una nacionalización con marcado carácter institucional o político por parte de Turquía. Ambos, kenianos de nacimiento. Ni residen en la nación otomana, ni prácticamente se manejan con el idioma. Situaciones, por tanto, completamente distintas y cercanas al modus operandi de las naciones de la península arábiga, como Qatar o Bahrein (célebre fue el caso del keniano Stephen Cherono, que pasó a defender la bandera qatarí, renombrado como Saif Saaeed Shaheen, a cambio de una sustancial suma económica; a día de hoy, continúa siendo el plusmarquista mundial de 3.000m obstáculos).

Distintas voces y propuestas para intentar revertir o contener una situación que parece desbordar a algunos aficionados y atletas autóctonos que ven mermadas sus aspiraciones. Para todos los gustos. Desde la limitación en número de nacionalizados por equipo, hasta la eliminación de las competiciones por naciones para muchos desvirtuadas en la actualidad. Otra opción, aunque para muchos no solucionaría el asunto, la equiparación del atletismo con otros deportes, impidiendo que un atleta pueda competir defendiendo a más de un país durante su trayectoria.

Para acudir a un refrendo de dicha postura, hemos ido comprobando, a lo largo del tiempo, cómo países con escasa tradición en este sentido han ido convirtiéndose en estados de carácter tremendamente multiétnico y de una gran variedad racial y cultural (Italia, Alemania, Suecia…), no siendo necesariamente estados poseedores históricamente de colonias a lo largo y ancho del globo, razones preponderantes en Países Bajos, Francia, Bélgica o el Reino Unido.

Pero el hecho, claro y meridiano, es el error causado por la generalización cuando hablamos de personas. No todos los casos son iguales, y por tanto, resulta a todas luces un disparate cuestionar sistemáticamente la representatividad, acotar o no querer entender un desarrollo cultural, racial o étnico que no es posible ni limitar ni frenar. Dicho fenómeno debe ser aceptado, asumido, y por supuesto, respetado. Y no ya con carácter atlético, o deportivo, sino con carácter plenamente humano.

Mi niña me dijo el sábado papá vas a el campeonato con la selección española: vamos vamos papa y que viva España, hoy…

Posted by Ayad Lamdassem on lunes, 14 de diciembre de 2015

Foto Portada: European Athletics -Hyères 2015 SPAR European Cross Country Championships-
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3 Comentarios

  1. Españoles que emigran a trabajar, muchos obtienen la residencia y algunos la nacionalidad del país de destino. Es ley de vida, en Reino Unido pasó en los 60/70 y de ahí nacieron Colin Jackson, Linford Christie. En Francia atletas como Diagana.No entiendo la diferencia entre mirar el lugar de nacimiento (Josue Mena, Australia, Nuria Fernández Suiza) y la nacionalidad que se tenga legalmente. Plantearlo ya me parece xenofobo.

  2. Realmente hay que hacer una distinción entre Bezabeh y el resto. Igual que con las nacionalizaciones exprés de los cubanos.

    De estos casos cada uno es un mundo y habría que estudiarlo conociendo todos los detalles pero fichar sólo para obtener medallas no me gusta.

    En mi opinión Houssame, al que conozco personalmente, y por lo que parece los demás están en el mismo caso, son atletas ESPAÑOLES que se han criado aquí, se han formado aquí, primero como personas y luego como atletas y merecen toda nuestra admiración y respeto.

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