Maldito muro

Maldito muro

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Me acompañan dos corredores. Los tres avanzamos en paralelo. Acabamos de dejar atrás el cartel donde la organización ha señalizado el kilómetro 30. Uno de ellos sujeta una pequeña pancarta en la mano: “5 horas”. Tiempo en que terminará su portador el maratón. Solo quedan poco más de 12 kilómetros.

Y lo que sucedió antes del kilómetro 31 determinó el resultado final de mi participación.

Hasta entonces, hasta llegar al kilómetro 31, creí que toda mi preparación había sido ejemplar. Aparentemente mi salud, alimentación, plan de entrenamiento y nutrición no me dejaban lugar a la duda. Conocía la distancia, la climatología era idónea para disfrutar del evento, el público se había volcado, la organización controlaba la carrera, en definitiva, ninguna causa externa por la que preocuparme. Y por qué no, de vez en cuando, entrar al relevo como portador de la pancarta que me aseguraba que lograría terminar el maratón en 5 horas.

La calle entre sol y sombra nos lleva hacia el kilómetro 31. Un kilómetro más atrás había devuelto la pancarta, me siento bien, fresco, aunque no tanto como en el kilómetro 25. La gorra bien calada. Las gafas ajustadas. Calculo la edad de los dos corredores con los que comparto los aplausos y los apoyos; por encima de los 45, como yo. Encabezamos un grupo de unos 8 corredores. Ahora solo viene una chica, de coleta morena. Mantiene cerrado el grupo un par de metros más atrás. En la distancia, descolgados, el resto de la treintena que pretendía acabar en cinco horas una carrera que iniciamos juntos. No nos conocemos.

Un pensamiento negativo me llegó de forma incontrolada. Sed. Había repuesto líquido en el kilómetro 25. Lo justo. Intento deshacerme de él, ya que para el siguiente avituallamiento quedan 5 kilómetros. Trato de contrarrestarlo con imágenes positivas. “Has trabajado bien, confía, escucha a la gente, llevas más de media carrera y vas a conseguir bajar el tiempo de tu anterior maratón”. Dejamos una calle sombreada y afrontamos una avenida. El sol me da de lleno, parece que quema. Es noviembre. Sudo más de lo normal, noto una respiración más irregular. Mi ritmo decrece y mis dos compañeros se han adelantado. Cierro el grupo por detrás de la chica morena. Primer calambre.

Como si perdiera el control de mis pensamientos, de mis acciones, no era capaz de mantener el ritmo. De repente y tras perder de vista la pancarta de las 5 horas, alguien me adelantaba. Tenía la sensación de ir parado. El leve calambre había desaparecido para volver en forma de dolor de cabeza y fatiga. Más sed. Me temía lo peor, abandonar. Injusto tras el trabajo de tantos meses. Apenas podía correr, cabeceaba extenuado. Había llegado mi muro. Al pasar la señal del kilómetro 31 comencé a caminar.

muro en maraton0

Hice un repaso mental de mi estado físico. Pies calientes, sin molestias. Piernas relajadas, con una leve molestia en la cara interna del muslo izquierdo. Sin rozaduras. Muy fatigado. Articulaciones sin dolor. Trate de recomponerme y comencé a repasar mi situación mental. Entonces una voz femenina, anciana, comenzó a hablar a mi altura:El muro es algo que no se ve. Solo se siente. No creo que sea psicológico, lo que pasa es que se nos acaba la gasolina, bueno eso que llaman glucógeno. Nuestro cuerpo no ha aprendido durante los entrenamientos a padecer este estrés. Es algo que debemos mejorar con tiradas largas, de 30 kilómetros por lo menos, para ir habituándole a consumir grasa a partir de las 3 horas de ejercicio intenso y continuado. A padecer. Además la estrategia de carrera pasa por hidratarse bien y dosificarse adecuadamente con geles para mantener en sangre niveles de glucosa, porque en hígado y músculos ya no queda nada”.

-“Si en meses atrás no entrenaste ejercicios de fuerza en las piernas las vas a pasar canutas para llegar a meta. Los calambres por mucho que quieras pensar que llegarás te van a detener.  Aflójate los cordones un poco. Haz estiramientos, procura relajar las piernas. Cuando puedas intenta correr muy suave. No dejes de pensar en que hay que prepararse mejor porque correr al ritmo que ibas me ha parecido frívolo. Seguro que entrenaste a un ritmo de carrera menor y por querer mejorar la marca anterior has derrochado energía. No hay que correr nunca por encima de los tiempos entrenados. Se estará apoderando de ti un sentimiento de derrota. Pero no todo el trabajo ha sido en vano. Trata de aguantar y de llegar al kilómetro 35; allí no bebas en exceso, enjuágate”. 

-“Nadie está libre de esta batalla mental. No abandones. Este malestar es inevitable. Esta última semana por lo menos ¿habrás reducido la carga de entrenamiento? En realidad tendrías que haberla reducido desde hace tres semanas. ¿Habrás llevado una alimentación rica en hidratos de carbono? Y anoche, ¿qué cenaste? La fibra hay que olvidarla los días previos al maratón. Tienes que hidratarte muy bien. Tienes muy mal aspecto. ¿Habrás desayunado tres horas antes de empezar la carrera?. ¿Prueba de esfuerzo? ¿Qué te dijo el cardiólogo? Aunque a veces hay cosas que no se detectan. Pero da igual, por encima de los 45 hay que ir al cardiólogo una vez al año para correr a estos ritmos. Hay que prevenir. Ya lo dicen los médicos es la mejor medicina…”-

Al llegar al avituallamiento del kilómetro 35 la voz desaparece. Rechazo la ayuda fisioterapéutica. Noto menos fatiga y tras haber caminado 4 kilómetros bebo un vaso de bebida isotónica. Estiro. Me ajusto los cordones y miro el reloj. Aun en tiempo de carrera. Me llevo una botella de agua. Siguen adelantándome corredores. Me he quedado frío. No sudo. Se agradece el sol. Me enjuago y comienzo a correr levemente.

Tardé una hora en hacer los últimos 7 kilómetros. Llegué a la recta de meta cojeando, desencajado. No me creía que los aplausos fuesen para mí. Entre el numeroso público seguro que gritaban los del grupo inicial, los de la pancarta de las 5 horas y la de la coleta morena. La anciana voz de la experiencia ya no volvió. Maldito muro.

AtletismoArjona.com

(Fotos: A.S.O Aurelien Vialatte)
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