Luis Alberto Marco: tres años para terminar una maldita carta

Luis Alberto Marco: tres años para terminar una maldita carta

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El domingo puso fin a la carta que no se atrevía a terminar. Pero tras tres años, desde los 29, peleando con las lesiones, tarde o temprano debía llegar ese día. Y llegó. Y hoy explica lo que sintió.

Y, de repente, un extraño: un domingo por la tarde helado en Zaragoza, la ciudad en la que vive Luis Alberto Marco (1986). Un domingo en el que anunció su despedida del atletismo a través de una red social: Twitter. Un domingo en el que nos cogió desprevenidos como los finales de los buenos escritores. Un domingo en el que terminó de escribir esa carta a la que sólo le faltó ser impresa. Y un domingo, en definitiva, en el que a la noche él no tenía nada que celebrar. Incluso, hasta le dolía la tripa y cenó un caldo con arroz blanco. Mientras tanto, la gente seguía agradeciéndole los servicios prestados a través de esas mismas redes. Se acababa de retirar para siempre Luis Alberto Marco, que fue un muy buen atleta de 800.  Una lesión a la que nadie sabe poner nombre ha impuesto su veredicto. Adiós a un atleta de nos hizo soñar. Quizá por eso nos hubiese gustado despedirle de otra manera. Al fin y al cabo, las redes sociales aún tienen enormes limitaciones. En el último día no pudimos verle ni escucharle: faltó pasar por Registro ese abrazo que hubiese sido tan bonito como el que más: el último abrazo. Pero el mundo ya va tan rápido…..

Yo me hubiese despedido de otra manera, pero, en fin.
No es lo que uno sueña en la vida. Pero cada vez veía más difícil volver a la pista. Al final, necesitaba poner un punto y final y decidí hacerlo así.  Tenía que llegar este momento. Había empezado a escribir esta carta hace meses. Nunca encontraba el momento y, de repente, ayer se lo dije a mi mujer y ella me animó, ‘venga, ponte a ello’, aproveché que el pequeño se había quedado dormido, me fui junto al ordenador y de ese pensamiento salió esa carta. Tenía que salir ya.

¿Entonces fue como un desahogo?
Ha sido duro, pero lo veía venir. Tenía que acabar con esto. Pero sí es verdad que en el momento en el que le di a ‘enviar’, en el momento que sentía que esto ya sí se había acabado y que ya no había vuelta atrás…, en ese momento me vinieron tantos recuerdos a la cabeza… Fueron tantas emociones que se me escaparon las lágrimas. Y no supe como retenerlas…

¿Qué le dijo su mujer?
Ella estaba mas triste que yo. Pero nada más terminar nos dimos un abrazo y nos convencimos de que había hecho lo que tenía que hacer, de que sólo había que buscar el momento idóneo y, qué cosas, fuimos a encontrarlo en una tarde de domingo en la que hacía tanto frío que en ningún sitio se estaba como en casa. Al final, para parar las emociones, nos convencimos los dos de que esto, que había pasado, era una parte más de la vida, que mañana volveríamos a madrugar para llevar al pequeño a la guardería, para ir a trabajar y, en fin, para hacer las cosas que se hacen en la vida. Al final, la vida es así.

Siempre decimos lo mismo: “La vida es así”.
Pero es que mi último campeonato de España había sido en 2016. Desde entonces no hacía más que poner parches y no se puede construir una vida que valga la pena a golpe de parches. Al final, era querer y no poder y no, no puede ser.

Querer y no poder entonces. 
Siempre he tenido una motivación fuerte: yo no sólo era un atleta; yo era un fanático del atletismo al que en el Mundial de Sevilla 99 mis padres me sacaron un abono para todo el campeonato y traté de no perderme nada en la grada. Y no sólo eso, sino que el día de la maratón fui corriendo de una parte a otra y, al final, al estadio para verlo todo, para disfrutarlo todo. Pero a la vez empezaba a cumplir años y me iba dando cuenta de que los atletas que más me gustaban aquí como Redolat, como Roberto Parra… empezaban a lesionarse, de que había elegido un deporte en el que en algún momento las lesiones te podían hacer la vida muy difícil. Y nadie quiere eso, pero…

Las lesiones nos matan.
Pero entiendo que cuando se exprime el cuerpo al máximo puede pasar. Mire, yo le puedo decir que nunca me lesionaba y nunca era nunca. A lo sumo, algún esguince por pisar alguna piedra. Pero esta última época ha sido imposible, desde que en 2016 me perdí el invierno…, ya nada fue como antes.

Nadie es invulnerable.
Al principio, piensas, ‘bueno, esto será una anécdota’ y tal vez mañana. Pero luego cuando se acercó el verano, cuando llegó el momento de correr en Huelva para hacer mínima para el Europeo de Amsterdam, me rompí el isquio y entonces te preguntas ‘¿qué pasa aquí?’ Y luego fue el gemelo. Y luego empezó a pasar el tiempo. Y no había manera de volver como yo quería volver.

¿Siempre queda algo pendiente?
Eso es propio de este deporte. Nos pasa a todos. Nos iguala a todos. Siempre quieres algo más y para eso da igual el nivel que tengas, seas amateur o profesional. Yo no he bajado de 1’45” en 800 y creo que lo valía por estado de forma y por entrenos… Pero a veces uno no tiene suerte o tiene mala suerte y debes aceptarlo.

No nos queda otra posibilidad.
Pero es duro. Se hace duro. Se hizo duro. Para mí, sobre todo, en los Europeos de pista cubierta y mire que conseguí una plata. Pero en Birmingham llegué a la final y, por no querer creermelo, al final fui cuarto con el mismo tiempo que el tercero y hubo que buscar las milésimas. Y en 2011 entonces estaba en una forma para ganar, pero me tocó Lewandowski por detrás y me caí al suelo. Jamás había estado tan bien. Había hecho hasta 3’40” en un 1.500 donde no me prodigaba en exceso… Y luego cuando volví a intentarlo en 2013 yo ya no era el mismo.

Al final, son más importantes los recuerdos que las medallas.
Pero en el momento no lo ves. Incluso, se te viene el mundo encima como me pasó a mí tras la caída en el Europeo de París. Qué mal lo pasé. No sabía que se podía pasar tan mal. La gente te dice ‘no pasa nada, la vida sigue’, pero a ti te cuesta verlo, porque son tus ingresos, son tus patrocinios…

Es su medio de vida.
Sí, claro. Conseguí convertir el atletismo en mi medio de vida. ¿Quién me lo iba a decir? Al fin y al cabo, yo empecé a hacer atletismo por imitar a mi hermano que me saca cinco años. El día que él se apuntó a la escuela de atletismo en Dos Hermanas yo le dije a mi padre, ‘yo también quiero apuntarme’, y él me dijo, ‘no te van a coger porque eres muy pequeño’. Pero al final me cogieron, fijese como empecé yo porque en casa no había mas precedente. Mi padre era administrativo.

No podíamos dejar de hablar de la familia.
También me gustaría recordar a mi madre, que tuvo verdadera influencia en mí. Recuerdo cuando yo tenía 19 años y tuve problemas en el Aquiles y me recomendaron antes del Europeo junior unas zapatillas Mizuno que ya costaban entonces 120€. No era una época muy boyante en casa y ella sacrificó otras cosas para comprarme esas zapatillas. Yo era joven. Pero me di cuenta de que esos son los esfuerzos que tienen que hacer los padres, los que yo haré algún día.  

Se va usted pronto, a los 33 años.
Pero aún más duro es que realmente yo dejé de competir casi a los 29 y eso sí que fue pronto, se vea como se vea. Y eso sí que me cogió por sorpresa. Y por más que me preguntaba, ‘¿pero esto qué es?’ o que me decía, ‘esto no puede pasarme a mí’ no hubo manera de solucionarlo.

Supo reciclarse en la vida real.

Creo que sí. Pero es que siempre tuve claro el día de mañana. Desde muy pronto tuve una persona que me asesoró en los temas fiscales y que me hizo ver que no sólo se trataba de ganar dinero, sino también de cotizar porque las becas son ayudas por rendimiento que están exentas de Seguridad Social. Y, desde que el atletismo me dio para vivir, me hice autónomo. Y pagaba la tarifa. Y hacía mis declaraciones trimestrales de IVA. Y ahora ayuda, todo ayuda cuando llega el final y ves que hiciste lo que debías hacer.

Esto último ya quizá sea lo más valioso de la entrevista.
Pero es que hay un momento en el que los ingresos como atleta desaparecen… A mí me vino casi con 29 años y entonces ¿o te reconviertes o qué haces?

¿Qué hizo?
Moverme, sobre todo moverme. Vi que salía una plaza para dar clase en la asignatura de atletismo en la Universidad San Jorge de Zaragoza, y me apunté y salió y, desde entonces, doy clase en la Universidad. Luego, en una clínica muy importante de aquí de medicina del deporte, surgió la oportunidad de llevar el área de valoración deportiva… Y, entre unas cosas y otras, hoy me he convertido en un trabajador por cuenta ajena. Y, claro, estoy contento de haberme formado que es lo que ha permitido todo esto.

¿Y, a partir de ahora, va a engordar?
No. De hecho, me he prometido a mí mismo que no: que no dejaré que pase. Es más, llevo tiempo sin correr y me mantengo. Hago gimnasio, hago natación y me contengo como nunca a la hora de comer y no, no quiero verme engordar. Pero eso ya será el día de mañana.

@AlfredoVaronaA

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