Las 24 horas en casa del atletismo de élite 

Las 24 horas en casa del atletismo de élite 

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Arturo Martín, el entrenador de un grupo donde hay dos atletas clasificados para los JJOO (Fernando Carro y Adrián Ben), que tampoco pueden salir a la calle a correr, defiende que “en estos 15 días no tienen por qué perder la forma” y pide: “He dicho a mis atletas, que no lo tienen, que se compren un rodillo o una elíptica”.

Arturo Martín está en casa.

Arturo Martín se ha lavado las manos no menos de 20 veces hoy. La última vez nada más subir de tirar la basura.

Arturo Martín es el entrenador de un amplio grupo de entrenamiento, entre los que hay dos atletas que ya están clasificados para los JJOO de Tokio 2020: Fernando Carro y Adrián Ben.

Y ése es el Arturo Martín con el que pretendo hablar esta vez. El entrenador de atletas de élite que, desde que se aprobó el Estado de Alarma, ya no pueden salir a la calle a correr.

Ni siquiera a inflar los pulmones a la Casa de Campo, a desahogarse.

Así que no sé al hombre que me voy a encontrar esta vez. Pero encuentro a un hombre que, a lo sumo, está preocupado, “porque a todo el mundo le tiene que preocupar su trabajo”.  Más allá de eso, no va a perder energías quejándose y no le escucharé decir en ningún momento qué mala suerte ha tenido él o su grupo de entrenamiento.

“Hay que poner las cosas en contexto y en esta situación, que estamos viviendo, hay cosas más importantes que el atletismo. No sería justo que nos pusiéramos a dramatizar o a decir ‘qué desgraciados somos’, porque hay gente que lo está pasando peor que nosotros como los sanitarios o los empleados de los supermercados que se están jugando la salud por nosotros…. ”

Luego, matiza:

“No me parece justo que yo venga aquí a contar mis problemas”.

-Le he llamado yo.

-Pero es que hay cosas que están por encima del deporte: tú puedes decir lo que le pasa a mi grupo es una pena, pero es que lo que le pasa a la sociedad es una tragedia. No sabes cuando se va a acabar esto. No sabes como estaremos la próxima semana. Creo que no podemos ser egoístas, que no deberíamos…, pero ni yo ni nadie. Al fin y al cabo, nosotros estamos en casa. Hay otros que están arriesgando la salud.

Arturo Martín es un hombre al que conocí en verano en uno de sus momentos más felices. Entonces puso paz al éxito de Fernando Carro que acababa de batir en la Diamond de Mónaco el récord de España de 3.000 obstáculos.

Hoy, encuentro a un hombre que, acostumbrado a trabajar al aire libre, lleva todo el día metido en casa y que aun así ya ha dado 5.000 pasos, según notifica su GPS. “No te puedes quedar sin hacer nada”, razona.

Ni siquiera en el Estado de Alarma “en el que es más importante si cabe no deteriorarse mentalmente”, razona. “Por eso hay que crear unas rutinas: las he creado hasta con mis hijos, que son pequeños, y, por supuesto, se las he impuesto a mis atletas, sea por teléfono o por Whattsap y al que me ha preguntado, ‘Mister, ¿qué hacemos?’, se lo he dejado claro, ‘no podemos correr pero no nos hemos quedado sin alternativas'”. 

Es lo mejor.

“Sí, es verdad lo que usted dice”, aprueba. “Yo también lo he visto en Twitter: un atleta aficionado que ha entrenado en el garaje de su casa y he pensado que si a él le complace y no molesta a los demás…, ¿por qué va a estar mal?  ¿quién dice que este mal? Uno debe crear sus propias rutinas en una situación así”.

Arturo Martín ya se ha comprado un rodillo que recibirá en unos días y cuando lo tenga subirá “la bicicleta del trastero” y se pondrá manos a la obra. “Lo importante es no abandonarse”.

Mientras tanto, seguimos hablando.

-No te preocupes, mister, que ya verás como lo sacamos adelante -le ha escrito hoy uno de sus atletas: el nombre es lo de menos.

-Tienes razón -le ha contestado él que ahora, en la soledad de una habitación, se explica a tumba abierta:

-Claro que yo necesito su apoyo como ellos necesitan el mío.

Hablamos de la vida.

“Te encuentras de todo: a atletas que desean llorar; a otros que quieren abrazarte y no pueden. Pero yo trato de concienciarles de que esto va a ser tan duro como tú quieras que sea. No hay más historia. Si a la carga física le añades la mental, si piensas que esto lo vas a pagar cuando vuelvas a correr, entonces será duro. Pero si lo interpretas como una situación más que ha pasado en la vida de la que me voy a recuperar no tiene por qué alterarte”.

“Y si sólo fuesen 15 días”, razona después. “Yo lo firmaría ahora mismo, pero ojalá lo viese tan claro…”

-Y no es el caso.

-No, no es el caso. 

-¿ Y esto sería una condena que impediría llegar a los atletas a los JJOO en caso de que se celebren?

-No. No tiene por qué. No hay por qué perder la esperanza. Nosotros seguimos con la misma planificación y sí acepto que no es el mismo caso el de Fernando Carro o Adrián Ben, que ya están clasificados para los JJOO, que el de atletas que tienen que ir puntuando o hacer la mínima… Pero dado lo que ha pasado también podría ser que la IAAF suavizase las normas….

Arturo Martín ha recomendado a todos sus atletas estos días: “Si no tienes un rodillo o una bicicleta elíptica compratela o encuentra el modo de acceder a ella: la necesitamos para perder lo menos posible”.

“Hay que buscar cualquier cosa que nos valga. Tenemos que buscarnos la vida de alguna manera. Quién mas, quién menos de nosotros está acostumbrado a hacerlo. Tenemos que hacerlo”, insiste.

Quizás es la principal virtud que nos deja hoy esta charla con un hombre que hoy también le decía a Fernando Carro:

-Paciencia, imaginación y empatía. No nos queda otra, Fernando.

El resto del día se lo tiró con sus guantes de látex cuando bajó a comprar el pan; viendo una película con sus hijos; haciendo unas tablas de gimnasia con ellos e imaginando que “algún día esto será un mal sueño” y soñando con el día que pueda “volver a ver a correr” a sus atletas, “algo que parecía tan rutinario y, sin embargo… El sábado íbamos a quedar en la Casa de Campo y ya no pudimos”.

Mientras regresa ese día, se trata de aceptar lo que hay, “de no crear más dramas a los que ya tenemos” y de recordar siempre que “hay grandes cosas de la sociedad como anoche cuando salí con toda mi familia al balcón a aplaudir el trabajo de los sanitarios que te emocionan y te invitan a seguir creyendo”.

“Si la sociedad puede los atletas también podemos”, explica Arturo Martín la última vez que se me ocurre preguntarle por los JJOO.

Después, se despidió. Y, aunque solo fuese para desahogarse, se sentó frente a la pantalla del ordenador, donde recordó que la planificación de sus atletas no ha cambiado nada. El futuro aún guarda los mismos deseos y, a diferencia de lo que canta Sabina,  todavía es pronto para pensar qué nos han robado el mes de abril.

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