La piel de gallina

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“Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres…” No se me ocurre mejor manera de agradecer a Javi y a Jesús lo que han hecho en el maratón

El abrazo final. Qué abrazo. La piel de gallina como si fuese una canción de Sabina en la que los años sólo han reforzado nuestro amor hacia ellos: Javi Guerra, cuarto, y Jesús España, sexto. Qué fácil y qué difícil escribir de los dos. Han vuelto a salir vencedores. Vencedores para nosotros en este ring de boxeo que es el maratón. Océano bello pero peligroso. El último dorsal de Jesús España. La bolsa y la vida que no dimos por perdida hasta que Javi Guerra cruzó la meta. Una fantástica metáfora de la vida. Cuánta grandeza y qué poca delicadeza la del maratón con él. Hace cuatro años ya fue cuarto en el Europeo de Zurich. No tenía que ser cuarto esta vez. Pero siempre nos quedará algo más sabio que la protesta: el abrazo. El abrazo entre los dos que en la letra de las canciones de Joaquín Sabina sería una forma de celebrar los tragos amargos entre todos juntos. La perfección solo reivindica un mundo que no existe.

El maratón, sin embargo, representa un mundo real en el que Jesús España nada más llegar a la meta, nada más coger esa botella de agua, exhausto, incapacitado para pedir más a la vida, también pudo recordar a Sabina: “Peleé hasta el último segundo y mi epitafio será: no estoy de acuerdo”. Su pasaporte, su personalidad, su vida que nos deja una manera de correr. Un estilo que vivirá eternamente y que siempre nos lo pondrá de ejemplo. Idealizarlo hoy no es un recurso para continuar escribiendo, sino una necesidad. La culpa de la buena reputación que nos une para siempre a él y a Javi Guerra del que tampoco podemos olvidar la fecha de nacimiento. Tiene 34 años y una regularidad en el maratón que parece un libro de geografía e historia. Berlín solo fue fiel a ella, como las buenas promesas. En la orilla del mar, solo se interpusieron trece segundos entre él y Yassine Raxhik, la medalla de bronce. Trece segundos que resultaron como una mentira piadosa. Parece mentira después de un maratón. Pero esto es lo que nos recuerda que lo contrario de vivir es no arriesgarse. Que vivir sin peligro no vale tanto la pena y que 13 segundos no resumen solo al número de la mala suerte. También al maratón y a no pocos amores de verano.

Hoy, estos dos señores nos tienen a nosotros. A veces necesitamos ejemplos. Aquí los tenemos. Aquí tenemos a dos tipos, Javi y Jesús, que nos recuerdan que correr puede ser tan importante como las palabras. La explicación de tantos años. La necesidad de hacer lágrimas. La piel de gallina. La importancia de los silencios. La admiración que nos enseña el deporte. El problema, a partir de ahora, de hacer planes sin contar con Jesús España, que se va. Que se acaba de ir en las calles de Berlín y esto es lo que más cuesta explicar. Sentíamos que no iba a llegar nunca este momento. Pero ahora que todo ha pasado, podemos presumir de que ha sido en la despedida un tipo de los pies a la cabeza. Podía habernos dejado un cadáver. Pero ha elegido algo más valioso. Nos ha puesto de ejemplo al orgullo, lo más importante que aprendimos de niños antes de conocerle a él o de escuchar a nuestros padres. Nos ha demostrado hasta donde se puede llegar con 39 años sin perder nunca los modales. Nos ha recordado también que Sabina no siempre lleva razón: en asuntos de amor no siempre pierde el mejor. Por eso no tenemos que elegir entre el olvido y la memoria. Ni siquiera en este último día en Berlín donde arrancamos un trozo más de sabiduría al mundo que nos rodea: la incapacidad de Jesús España para darse por vencido, la piel de gallina, la vida en un abrazo.


“Hoy, volvimos a recordar que hay cosas más valiosas que ganar o perder.”

Quizás por eso este maratón ha pasado tan rápido. Cuando despertamos ya habíamos pasado el muro. Koen Naert viajaba en avión por las calles de Berlín. No había manera de detenerle. Mientras tanto, Javi Guerra seguía opositando a la medalla y no había manera de bajar del carro a Jesús España. Descubrimos entonces que lo mejor que le podía pasar a este maratón es que no se acabase nunca. No queríamos dejar de ver de pelear a Jesús ni resignarnos a una fotografía sin Javi en el podio, porque esas son las fotografías que nos dejan marcados de por vida. Las que hacen descendencia. Las que nos bañan en lágrimas y las que también merecen la pena. Pero, sinceramente, una vez pasado todo, creo que esta vez ya no la necesitábamos. Por eso nunca se me ocurrirá reprochar su ausencia. No, esta vez no. La medalla estuvo en el asfalto, en ese golpe de perseverancia como lo está en la letra de las canciones de Sabina, las mismas que hacen tantos homenajes a la vida: “…Y morirme contigo si te matas y matarme contigo si te mueres…., porque amores que matan nunca mueren”

Crear es difícil. Aguantar puede serlo aún más y abrir el corazón de los demás, a los 34 y a los 39 años, ya ni les cuento. No quiero ni imaginarlo ni dejar de imaginarlo. No quiero que el último dorsal de Jesús España se olvide nunca. No quiero que Javi Guerra pueda pasar alguna vez de moda en el maratón y no quiero que la vida vaya tan rápido y no se recree en este momento. Un momento que no nos deja ninguna medalla. Nos deja un cuarto y un sexto puesto que, a los ojos del capitalismo, no son gran cosa. Pero hoy, domingo por la mañana en Berlín, volvimos a recordar que hay cosas más valiosas que ganar o perder. Que las victorias morales refuerzan los lazos de familia. Que el último dorsal de Jesús ha sido un servicio a la patria y que si la medalla de Javi no llega nunca en un gran campeonato no será culpa suya sino del destino. A cambio, nos quedamos con domingos por la mañana como éste y llenamos de poder a las emociones. Justo lo que hace Sabina, Joaquín Sabina, a su manera. El arte de vivir,amigos. El arte de llegar a los demás.

@AlfredoVaronaA 

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