La lección de Victoria Sauleda y su abuelo, un corredorazo de 84...

La lección de Victoria Sauleda y su abuelo, un corredorazo de 84 años

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victoria sauleda
Ella, que ya es médico, volvió el año pasado a la élite tras más de 3 años lesionada y él, a su edad, corrió 100 carreras en 2019 tras superar un cáncer de colón.

Isabel, su madre que fue una de las mujeres pioneras en aquel primer 10.000 que se hizo en 1988 en la pista de Serrahima solo para mujeres, le decía:

-Si no vuelves a competir no pasa nada, Victoria. No tienes que demostrar nada a nadie.

Pero Victoria, que llevaba más de tres años fuera, no se resignaba:

-Es algo que tengo ahí dentro, mamá; quiero volver a pisar el tartán, quiero recuperar esas sensaciones.

Ella, que había llegado a correr el 800 en 2’02”; ella, Victoria Sauleda, que rivalizaba con Esther Guerrero.

-Si quieres recuperarte vente a correr conmigo a la playa de Mataró -le dijo su abuelo Isidre que, a los 84 años, es un ejemplo viviente. El año pasado, tras superar un cáncer de colón, corrió 100 carreras populares en los 52 fines de semana que tiene el año.

Había algunos que doblaba (sábado y domingo) y hasta triplicaba (viernes, sábado y domingo) si se daba el caso.

En la Jean Bouin, incluso, el hombre llegó a hacer de liebre del grupo que pretendía bajar de 1 hora 10 minutos.

Victoria lo cuenta hoy orgullosa. Es más, cuando le digo que su abuelo es su secreto mejor guardado, responde con una exclamación:

– Sííi!!!

Victoria es una mediofondista de élite de 27 años con la carrera de medicina terminada.

Hoy podría estar trabajando y hasta podría haber hecho el MIR pero el verano pasado, después de tres años lesionada, decidió darse una nueva oportunidad en el atletismo.

Había vuelto a correr sin dolor.

Por fin.

Entrenando cinco días a la semana fue tercera en el campeonato de España de La Nucia, donde corrió el 800 en 2’06”.

-Quiero probar, tengo que probar -dijo.

Su familia le dio la razón, entre ellos Isidre, el abuelo, que decidió que tenía que hacerse esa fotografía con la nieta que hoy es como un amuleto: él, con su medalla recién ganada en el Europeo Máster de Venecia, donde fue en autobús desde Barcelona, y ella con la medalla lograda en el Campeonato de España de 800.

-Si mi abuelo puede hacerlo a su edad ¿por qué yo no voy a seguir intentándolo a los 27 años?

Y lo intenta.

De hecho, el 12 de marzo, dos días antes de que se aprobase el Estado de Alarma, Victoria Sauleda se concentró por primera vez en el CAR de Sierra Nevada.

-Jamás me había concentrado en altitud.

Fue para 21 días y ya lleva nueve semanas con esto del confinamiento.

-¿Quién me lo iba a decir?

Al principio no podía salir a correr, “pero teníamos una cinta y un pequeño gimnasio” y juegos de mesa. Sobre todo, juegos de mesa para pasar el rato.

Todo en un apartamento pues el CAR lo cerraron y los atletas, que se concentraron con ella, tuvieron que mudarse a unos apartamentos a 2.300 metros de altitud que sale bien de precio.

En la fotografía, que acompaña este reportaje, Victoria está mirando por la ventana de su apartamento.

Ve montañas que no se dejan ver porque hoy no hace más que llover.

Ella, que vive en Barcelona, a nivel del mar, jamás había visto tanta lluvia seguida como en estas 9 semanas.

Ni tanta nieve.

-Ha habido días en los que casi no podíamos ir ni al supermercado de la plaza a hacer la compra.

No cabe duda.

-Será algo histórico en mi vida -aprueba ella misma, que tampoco es que lo esté pasando mal a pesar de lo muchísimo que echa en falta a su familia.

Por ejemplo, a su madre, la que le acompañó esos tres años a tantos fisios o a esas resonancias magnéticas que imponían tanto respeto. Pero su madre era la misma que la calmaba en los peores momentos: los de la pulbalgia, los de la fractura de estrés, hasta los de la nomonucleosis.

Y su abuelo Isidre. Siempre Isidre con el que habla por teléfono y el hombre, todo ilusionado, le dice a la nieta que ya puede salir a la calle a correr.

Qué cosas: qué importante es correr para un hombre de 84 años.

A Victoria Sauleda, precisamente, el confinamiento le ha pillado en Sierra Nevada porque quiere correr, darse la oportunidad de ir a los JJOO de Tokio, de dejárselo todo en el intento.

Pero eso es lo mejor de la vida. No sospechar de las oportunidades que buscas. No dejar de creer en ellas.

Si no fuese por ello, Victoria Sauleda hubiese hecho el MIR este año.

Y, como muchos de sus compañeros de la Universidad Autónoma de Barcelona, que estudiaron con ella, tal vez estaría luchando frente al COVID-19. Y formaría parte de toda esa comunidad de dolor y de la humanidad de los hospitales.

Y eso es lo que más la duele.

-No poder estar en los dos sitios a la vez: haber estudiado y no poder ayudar. Pero un día cuando empecé a ponerme los clavos y a correr sin dolor decidí que debía darme esta oportunidad.

No hace falta que se justifique.

-¿Quién nos iba a decir entonces que íbamos a vivir una pandemia como la de la gripe española de 1918?

Nadie.

Y por eso mismo ella está en Sierra Nevada, donde sigue lloviendo.

Las gotas de la lluvia son como las páginas de un libro que aún tiene que terminar y que despegó el verano pasado cuando Victoria Sauleda volvió a pensar en el campeonato de España.

Llevaba tres años fuera.

Demostró que no era una misión imposible como le decía siempre el doctor Capape:

-Volverás.

Victoria se sintió tan bien que empezó a buscar pruebas que le permitiesen alcanzar ese valor añadido que sólo se adquiere compitiendo.

Y las encontró fuera de España.

-Y primero fui a la Diamond Popular que se hace en Mónaco el mismo día que se corre la Diamond League y que fue en la que Fernando Carro batió el récord de España en 3.000 obstáculos.

Y Victoria, en la misma pista del estadio Luis II, corrió el 1.000 que le salió en 2’56” horas antes de ver los 8’05” de Carro desde la grada.

-Luego, busqué más carreras y fui a Alemania y a Bélgica, donde llegué a hacer 2’06” en 800.

Desde entonces, hay mucho y hay poco que contar. El COVID-19 también le ha detenido en seco a ella.

Como a tantos.

Incluido a su abuelo que va camino de los 85 años y que está deseando volver a ponerse un dorsal.

Qué motivación.

Por eso creo que esto lo deberían leer tantas gentes de su edad.

La edad limita pero no siempre impide.

Victoria Sauleda pone el ejemplo de su abuelo “que empezó a correr a los 40 años para adelgazar y que con 51 años llegó a hacer 2 horas 46 minutos en maratón”.

El próximo verano a Victoria le gustaría poner su propio ejemplo: contar que después de tres años lesionada también se puede llegar a unos JJOO.

Su abuelo ya le ha dicho que es posible, que casi todo es posible en la vida, palabra de Isidre Ferrer Cantal que así es como se llama el hombre:

La ilusión se escucha al decir su nombre.

Y hasta que se demuestre lo contrario LA ILUSIÓN NO TIENE EDAD.


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